Análisis: ¿cómo superar la crisis de educación en el campo colombiano?

julio 17 de 2017

Los jóvenes campesinos apenas si terminan primaria, y casi ninguno llega a la universidad. La calidad es de las peores del país. Un panorama en el que urgen acciones..

Análisis: ¿cómo superar la crisis de educación en el campo colombiano?

| La cobertura neta de quienes llegan a educación media es del 27 por ciento, según datos de 2016 del Ministerio de Educación Nacional. | Por: Semana


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Junto al acceso de la tierra, la educación es posiblemente una de las apuestas más importantes que tendrá que hacer el país en los próximos años si quiere cerrar las brechas de desigualdad en el sector rural. Lo paradójico es que mientras Colombia está volviendo a mirar al campo, los jóvenes buscan salir de allí. “Es un círculo vicioso: muchos no pueden llegar a cursar estudios superiores, los pocos que llegan y pueden ser el ejemplo a seguir no vuelven. Entonces, dejan de ser un buen ejemplo porque lo que hacen es generar desarraigo”, dice Pablo Vera Salazar, rector de la Universidad del Magdalena, al revisar el caso de los estudiantes rurales de esta parte del Caribe colombiano. 

Según las cifras de la institución, de aproximadamente 18.000 estudiantes apenas 152 provienen de las áreas rurales, quienes antes de escoger una ingeniería agronómica, pesquera o ambiental prefieren irse por la medicina, las ingenierías, la administración de empresas y el derecho. El problema es que no regresan a sus lugares de origen a ejercer su profesión.

La escasa participación de estudiantes provenientes del campo en las universidades, así como la ínfima oferta de programas académicos presenciales en municipios rurales (apenas el 1 por ciento de la oferta total) es la punta del iceberg de la realidad de la educación rural colombiana.

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Aunque el acceso y la cobertura están garantizados en básica primaria, una vez obtienen el cartón de quinto grado hay una fuga del 52 por ciento de los alumnos. La cobertura neta de quienes llegan a educación media es del 27 por ciento, según datos de 2016 del Ministerio de Educación Nacional. La línea de deserción va aumentando a medida que se acerca la terminación del bachillerato. Esa desbandada se debe entre otras razones a: 1) La falta de docentes, pues una vacante en las zonas rurales puede alcanzar los seis meses. 2) Que los presupuestos no llegan a las escuelas veredales. 3) La conectividad solo existe en las cabeceras municipales. 4) La distancia y los costos de transporte y manutención para que los estudiantes terminen la secundaria en las cabeceras municipales. 5) Muchos jóvenes tienen que combinar el estudio con el trabajo en el campo. 6) Algunos consideran que con la lectoescritura y las matemáticas básicas es suficiente y que un título de bachillerato no les resuelve nada.

El empujón

Tanto la Misión para la Transformación del Campo (octubre de 2014) como el acuerdo de paz (noviembre de 2016) han señalado una ruta para cerrar la brecha educativa en el sector rural. Óscar Sánchez, coordinador del Programa Nacional de Educación para la Paz —Educapaz—, señala que hay al menos 18 disposiciones del acuerdo de La Habana que tocan a la juventud y la educación, y que se encuentran en el punto uno sobre reforma rural integral en el punto dos sobre participación política y en el de lucha contra el narcotráfico.

De hecho, en la lluvia de decretos que firmó el presidente Santos en uso de sus facultades extraordinarias, hay dos relacionados directamente con el tema. El primero, busca beneficiar al menos a 50.000 niños, promoviendo el nombramiento de unos 1.840 docentes en las zonas más afectadas por el conflicto, ya que entre 2009 y 2015 la planta solo creció el 10 por ciento y se estancó en 2.436 maestros.

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