Bocas de Ceniza, la última aldea entre el río y el mar

septiembre 29 de 2017

¿Cómo contar el olvido, el abandono, pero también la vida tranquila que se respira en la desembocadura más famosa de Colombia? El fotógrafo Luis Fernando Jaimes lo logró con estas inolvidables postales.

imagen

| Por la ventana, con vista al río Magdalena, un hombre sale a la luz para mirar al horizonte. Una sonrisa antes de salir a pescar. | Por: Luis F. Jaimes / Especial para Semana Rural


Por: Luis Fernando Jaimes


Si desde el interior uno viajara hacia el mar, Bocas de Ceniza sería el último resto de civilización antes de enfrentarse al Océano Atlántico. Si desde altamar uno buscara el fresco del río Magdalena, en 'Bocas' se serviría el último sorbo de agua salada. El mismo río que encontró Rodrigo de Bastidas el primero de abril de 1501. 

Esa mezcla entre el río y el mar causa sedimento, crea un "pocito" de varios kilómetros que atasca los barcos y oscurece el agua. Por eso en Bocas de Ceniza se extendió artificialmente la ribera del río, una obra de ingeniería sin antecedentes en el litoral.

Los tajamares estrechan las bocas del río y los barcos pueden navegar, pero el dragado se come irremediablemente las finanzas de los gobiernos locales y nacionales. Decía Juan P. Llinás en Introducción a la historia general de Barranquilla que "con parte del mucho dinero destinado a mantener Bocas de Ceniza se podría construir un Puerto Colombia más técnico y así evitar el inútil despilfarro"...

Pero algunos hicieron de ese problema su hogar. El último rincón para los pescadores de chivo y lebranche, pero también para los olvidados del mar, para los abandonados del río...
 




Amanecer en Bocas de Ceniza, desde la casa piloto o virgencita se divisa la silueta de la sierra Nevada de Santa Marta.
 


Con la penumbra de Barranquilla al fondo, un hombre retorna a la ciudad por el camino empedrado de acceso al tajamar.
 


Luego de una mañana de pesca en alta mar, desembarcan a la orilla del rio Magdalena el producido del día
 

Pescado lebranche organizado y listo para su distribución en Puerto Mocho.
 


Pesca deportiva artesanal en el tajamar oriental, bajo el inclemente sol. Muchas veces no logran agarrar nada en el día, pero les toca estar cargados de paciencia.
 



Un policía del cuerpo especial GOES observa la llegada de un barco mercantil de gran escala sobre el río Magdalena. La fuerza pública retorno a la zona como grupo especial para el control del microtráfico de droga, el principal delito que afecta al sector.

 


Por la ventana, con vista al río Magdalena, un hombre sale a la luz para mirar al horizonte.  Una sonrisa antes de salir a pescar.
 


En el interior de una de las viviendas improvisadas se ve la cama de Daniel, conocido como el mocho. Perdió uno de sus dedos en una jornada de pesca en alta mar. Se cortó y duró varias horas sin pisar tierra para poder asistir a un puesto de salud.
 


Daniel. Pulgar arriba.
 


Una vista general de las casetas en la virgencita, o "la punta" como le llaman los moradores de Las Flores. Este es el tramo final hasta donde llega el tren artesanal que lleva a los turistas al sector del tajamar.


 


A don Jaime García le dicen el alcatraz. En caza nocturna de cucuchas, o cangrejos de piedra: le servirán de carnada para la pesca de la mañana.
 


Alfredo Palacio y Virginia Cueto, 14 años de pareja viviendo en el tajamar
 



El acceso a la punta del tajamar se ha convertido en una travesía inclusive para quienes viven en ella. La ausencia de mantenimiento a lo que queda de la línea férrea, y la proliferación de culebras de varios colores, hacen de una caminata una aventura.
 


David y Goliat sobre el Magdalena. 
 


Un ancla abandonada.
 


Una casa en el aire, o lo que queda de la casa piloto, llamada así cuando cumplía su función como faro de control del tajamar.

 


La vivienda de Jaime García, testigo de los cambios en Bocas desde hace 38 años
 

Un grupo de amigos del tajamar esperan a que el turismo se marche para poder trabajar. Pescan desde la noche hasta las primeras horas del día.

Rodrigo se baña sobre el río Magdalena. La profundidaden las orillas supera los 3 metros.



Es tiempo muerto. Don Rodrigo hace una sopa de letras mientras espera su hora de pescar.
 


Fotorreportaje seleccionado y curado por el fotógrafo Charlie Cordero, en el marco de su Taller de Fotografía Documental en la Alliance Française / Prólogo y diseño: Andrés G. Borges


 


  ZOOM   EN LA VOZ DEL FOTÓGRAFO 
 

- Ya viste las fotos, ahora  escucha la historia  de este reportaje gráfico en la voz del fotógrafo Luis Fernando Jaimes -


 

POR: LUIS FERNANDO JAIMES
@luisfers76

Barranquilla, 1976. Es fotógrafo, administrador de empresas, fue capitán de la Policía Nacional de Colombia y en el 2015 participó en el programa Master Chef. Inició como fotógrafo forense y se apasionó por la fotografía. Ha sido ganador del concurso Mira al Río del Museo de Arte Moderno de Barranquilla, del Metro Photo Challenge de Publimetro y del concurso Ruta de la Tradición del Carnaval del Atlántico 2017. Ha sido preseleccionado en convocatorias internacionales como el NIKON CONTEST. Ha publicado en el medios como el diario El Heraldo, de Barranquilla, Publimetro y Lens Culture.
 


 

¡Suscríbete!

Y recibe primero una selección de los mejores contenidos y novedades de SEMANA RURAL. Nada de spam, promociones comerciales ni cosas aburridas.





¡Comparte!



Foto de perfil del autor del comentario






Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.