¿Cómo saldar la deuda de Colombia con los estudiantes del campo?

octubre 14 de 2017

Dentro de lo pactado sobre desarrollo rural en el Acuerdo de Paz de La Habana, se habla de mejorar la educación en las regiones más apartadas. ¿Cuál es el avance del Gobierno? ¿Qué iniciativas académicas ya se aplican?.

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| El 52 por ciento de los jóvenes campesinos que terminan la primaria no cursan la secundaria. | Por: César García Garzón / SEMANA RURAL


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

En Buenaventura existen problemas de cobertura educativa. La alcaldía de la ciudad portuaria del Valle del Cauca detectó que casas en pésimas condiciones funcionaban como escuelas. Ni siquiera contaban con baños adecuados para los niños y jóvenes que tomaban las clases.

La situación en el sur del Tolima no es distinta. Los estudiantes del colegio rural Antonio Molina de Chaparral, que está en el corregimiento San José de las Hermosas, tardan cinco horas en llegar a la institución. Los alumnos deben tomar una chiva destartalada que pasa frente a sus casas y que transita por una carretera maltrecha. Es el único vehículo público que los recoge, pues no tienen transporte escolar.

Esos son apenas dos casos que reflejan la carente situación de la educación en las regiones más apartadas. Por eso no es extraño que las nuevas generaciones de campesinos quieran salir de sus pueblos en busca de mejores oportunidades académicas. Para muchos de ellos, es paradójico que hoy se hable de desarrollo rural.

 

“Los jóvenes que salen de sus territorios caen en un círculo vicioso: muchos no ingresan a la universidad y vuelven a sus fincas o entran al mercado laboral de las ciudades. Mientras que los pocos que lo logran y pueden ser el ejemplo a seguir, no retornan”.

- Pablo Vera Salazar, rector de la Universidad del Magdalena.-


La poca presencia de estudiantes rurales en la educación superior y la escasa oferta de programas académicos presenciales en los municipios son apenas la punta del iceberg del problema, según explica el viceministerio de Educación Superior. Aunque en todo el país está garantizada la primaria y la secundaria, hay una fuga del 52 por ciento, una vez los jóvenes obtienen el cartón de quinto de primaria.

A pesar del panorama tan difícil que enfrenta la educación rural, en los últimos años se han dado algunos empujones para mejorarla. Por ejemplo, hay una ruta trazada por la Misión para la Transformación del Campo, una iniciativa del Departamento de Planeación Nacional que pretende impulsar políticas públicas a favor de las zonas rurales.


  PARA COMPARAR  ÚLTIMO GRADO ESCOLAR ALCANZADO POR HOMBRES Y  MUJERES ENTRE 18 Y 24 AÑOS, SEGÚN LA ZONA 
 


Fuente: Informe ‘La situación de la educación rural en Colombia’ (marzo 2016) – Fundación Compartir y Fedesarrollo.


Óscar Sánchez, coordinador del Programa Nacional de Educación para la Paz (Educapaz), le dijo a SEMANA RURAL que hay al menos 18 resoluciones dedicadas a la educación y juventud en el Acuerdo de Paz de La Habana. Por su parte, el presidente Juan Manuel Santos firmó este año el decreto 882, que promueve el nombramiento de 1.840 profesores en las zonas más afectadas por el conflicto. Esto beneficiará a unos 50.000 estudiantes de primaria y secundaria.

Pero también algunos expertos en educación proponen recuperar el concepto de Escuela Nueva que nació en Colombia en 1976, un modelo flexible y basado en la vida cotidiana de los niños. Lo cierto es que falta mucho camino por recorrer y es necesario afinar las iniciativas que permitan mejorar la educación y las opciones de formación superior, un desafío que necesita respuestas y, ante todo, hechos en el futuro inmediato.


 

 
 

 

SEMANA RURAL encontró cuatro experiencias de docentes que desde sus comunidades adelantan proyectos en beneficio de los niños y jóvenes campesinos.


La profe que cree en los campesinos del futuro
 (Uramita, Antioquia) 

César García / SEMANA RURAL



Para Miriam Jiménez Pérez, la educación es la principal ruta para alcanzar el desarrollo del campo. Esta profesora de Uramita, en el occidente de Antioquia, creó hace 23 años la Corporación para la investigación y Ecodesarrollo Regional (CIER), donde al menos 1.200 estudiantes entre los 17 y 25 años aprenden a conservar las costumbres agrícolas de la región.

“A través de la educación rural podemos dignificar la condición de ser campesinos. Somos tratados como ciudadanos de segunda categoría. Pero si podemos plantear alternativas para lo rural desde lo rural, si podemos prepararnos académicamente, tendremos esperanzas de un desarrollo más justo, más equitativo, recalca Jiménez, quien estudió en la Universidad Nacional y regresó a su pueblo.


Él llevó lo aprendido a su pueblo
 (Purificación, Tolima) 

 

Eduardo Aldana lleva más de seis décadas en la docencia universitaria. Es de Purificación, Tolima, y estudió Ingeniería Civil en la Universidad de Los Andes. Cuenta que en su pueblo era difícil estudiar porque no contaban con suficientes profesores. En esa época había que salir hacia las ciudades para terminar la secundaria o ingresar a la educación superior”, rememora este académico de 82 años.

Durante su paso por la Comisión de Sabios, un grupo de intelectuales, docentes y artistas que en la década de los noventa del siglo pasado discutieron cómo mejorar la educación en Colombia, Aldana promovió la creación de los Institutos de Innovación Regional (Innovar), donde las comunidades se formarían técnicamente en oficios propios del campo. Abrió un de los institutos en Purificación, como una manera de contribuir al desarrollo de su pueblo.
 

Porque el campo sí es buen negocio
 (Chaparral, Tolima) 

Una pregunta recurrente entre los jóvenes de Chaparral, en el sur del Tolima, es qué hacer luego de terminar la escuela. ¿Irse hacia Bogotá o Ibagué para buscar un trabajo? ¿Prestar el servicio militar? ¿Olvidar la idea de ingresar a la universidad porque no hay dinero? Arlis Montilla, profesor de la Institución Educativa Camacho Angarita de la vereda El Limón, entendió que la nueva generación de campesinos necesita oportunidades en la región y que en los negocios agrícolas está la solución para que no abandonen sus tierras.

Este profesor buscó recursos de organizaciones internacionales y respaldo de agencias del Gobierno para ayudar a financiar empresas rurales creadas por los estudiantes. Los jóvenes, con el apoyo de los docentes de la institución, aprenden a gestar proyectos productivos (siembra de café, ganadería, piscicultura, entre otros). “El año pasado terminamos un proyecto de ganadería y a cada muchacho le tocó libres 950.000 pesos. Uno de ellos utilizó ese dinero para costear parte del primer semestre de la universidad, comenta Montilla.
 

Los profesores que le dieron clase a las Farc*
 (26 zonas veredales) 

Unos 118 profesores de distintas regiones del país estuvieron en las 26 zonas veredales para formar a 4.800 excombatientes que se acogieron al proceso de normalización hacia la vida civil. A pesar de que varios exguerrilleros no terminaron el bachillerato o nunca asistieron a una escuela, algunos de ellos se desempeñaban en tareas de enfermería y similares, más otros oficios destinados a prestar servicios a los combatientes.  

Normalistas y licenciados que se acogieron a este programa de enseñanza fueron seleccionados por convocatoria interna entre algunas universidades y las Secretarías de Educación de cada región para integrarlos al proyecto ‘Arando la Educación’, organizado por la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), el Consejo Noruego para Refugiados y el Ministerio de Educación. Estos docentes alfabetizaron a los exmiembros de las Farc durante cuatro meses.
 

*Nota de Leidy Tatiana Rojas, periodista de SEMANA EDUCACIÓN

La ruta educativa de la Misión para la Transformación del Campo

1.
Escalón 1: Una apuesta nacional por una educación flexible (integración entre básica primaria, secundaria, media y superior)

2. Escalón 2: Un currículo que fomente las capacidades asociativas y la creación de negocios ligados a las actividades propias de cada territorio.

3. Escalón 3: Formación técnica y tecnológica desde la educación básica, secundaria y media.

 
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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.