El viaje de quince cocodrilos llaneros hacia la libertad

diciembre 07 de 2017

Dos días selva adentro separan a estos hermosos reptiles de vivir por primera vez en su hábitat. El fotógrafo Ovidio González acompañó con su lente una liberación que casi parece redimir a cada uno de los ocho hombres que participó en ella..

El viaje de quince cocodrilos llaneros hacia la libertad

| | Por: Ovidio Gonzalez / Especial para SEMANA RURAL


Por: Ovidio González
mishistoriascortas

En las piletas de la Estación Biológica Roberto Franco quince cocodrilos llaneros esperan impacientes su primer paseo por las playas del río Manacacias (Meta), por primera vez usarán su instinto reptil y vivirán en libertad. Un coordinador biológico, dos coordinadores logísticos, tres biólogos y dos veterinarios lo entregaron todo durante tres días para hacer realidad el destino natural de estos quince animales en cautiverio.

 

 


 


-JUEVES -
 

La mitad del equipo humano viajó desde Bogotá hasta la unidad biológica en Villavicencio, el plan era reunirse con el personal local y enguacalar a los animales no antes del viernes.

Liberar cocodrilos tiene su ciencia, lo primero es asegurarse de que están previamente escogidos. No se vale llevar ejemplares que guarden algún grado de consanguinidad entre ellos y es obligatoria una ambientación previa a la liberación, por ello no todos eran candidatos.

Para someter a cada macho son necesarios mínimo ocho hombres y cuatro para las hembras, que son más pequeñas.

 


Luego viene un atado especial con lazos, medidas de seguridad con una cinta y guacales especiales que deben aguantar el trajín de una tarea tan larga como complicada.

 


- VIERNES -
 

Con la salida del sol comenzó una aventura compartida entre los cocodrilos y el equipo de trabajo. Había tensión en el agua de las piletas de la unidad, como si los reptiles se anticiparan a lo que estaba por empezar.


 

El primero en ser sometido fue uno de los machos más grandes porque había que probar finura y tantear el terreno, esa primera embestida sirvió para medir la dificultad de amarrar y enguacalar a otros dos machos y trece hembras durante el transcurso del día, una carrera contra reloj que no daba tiempo para el agotamiento.
 

 


 

 

Por seguridad, los cocodrilos debían estar en movimiento durante la noche, sin embargo el enfrentamiento disparejo de ocho hombres para quince cocodrilos pronto se convirtió en chapoteos, coletazos, caídas, jalones y varios machucones. Solo hasta las seis de la tarde terminó el combate y dos camiones de la Policía acomodaron a los machos, abajo, en cajas más grandes, y a las hembras, pequeñas y más delicadas encima. La noche del viernes acompañó el viaje de seis horas hasta Puerto Gaitán.
 


 



Es un viaje largo. Fueron necesarias tres paradas para monitorear el estado de los reptiles pues cualquier cambio brusco en la temperatura podía matarlos, el margen de vida estaba entre los 20°C y los 27°C, sin contar la incomodidad que representa el encierro y quietud absoluta. La primera parada se hizo en la vereda Pachaquiaro, el lugar para hacer la inspección e hidratar también a los humanos.

 

 



Los veterinarios revisaron a los animales y otros miembros del equipo
llenaron la maleta de galguerías para el camino, pues las siguientes paradas
serían en medio de la nada por la carretera hacia Puerto Gaitán.


 

 

***
 

-SÁBADO-
 

A la una de la mañana terminó el viaje. Entre el calor, la humedad y la bulla
de quienes amanecían enfiestados en el malecón se realizó la última inspección a los cocodrilos.
El dolor de cuello por el incómodo viaje en bus no se alcanzó a aliviar cuando
llegó la hora de embarcar a los quince guacales en tres lanchas que ya estaban esperando en el puerto.

 

No hubo tiempo para recargar energías ni para pensar en las picaduras de las hormigas arrieras,
los ocho hombres emprendieron su camino a lo largo del Río Manacacias en tres lanchas.
A bordo, el brillo de las estrellas hizo olvidar la arrulladora cadencia de las embarcaciones
a 30 kms/h y los fuertes golpes producto del estrés de los cocodrilos.

Un hermoso amanecer naranja y rosa fue el marco que se dibujó a 160 kms río adentro,
donde los quince cocodrilos esperaban su libertad.


 



El plan contempló ocho horas de navegación y tres puntos de liberación, eso se tradujo en un intenso dolor de espalda, de nalgas y sueño desesperante. El clima los había tratado bien hasta ese punto, luego vino un aguacero que a la larga no interrumpió la tarea, la hora límite era las cinco de la tarde.
 



Los cocodrilos fueron liberados de a cinco, primero los machos más grandes para dejar fuerzas con los últimos.

 


 



 

Fue emocionante ver cómo se arrastraban en la arena para después
correr hacia el agua, notar cómo sentían la tibieza 
de la superficie orilla y el frío del fondo…


 



El cansancio dio su recompensa con esta foto, un cocodrilo gigante se pasea a la orilla del río y como si hubiese vivido siempre en ese lugar, se sumerge y deja una estela en el agua, la firma de su libertad.

 

 


48 horas después culminó con éxito la misión de estos ocho hombres:

 

Rafael, Willington, Robinson, Felipe, Alvaro, Thomas, Carlos y Gonzalo, y de los tres lancheros: Melquisedec y su hijo y Luis. Este reportaje gráfico es un homenaje para ellos, seres convencidos de la importancia de salvar y conservar esta especie, movidos por una fuerza más grande que la de quince cocodrilos llaneros.

Mi más sincero respeto a todos...

 

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Carlos Fernando Arias Mejia diciembre 11 de 2017

héroes de poco reconocimiento, que gran obra; son unos duros!

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