octubre 28 de 2017

Gente de Bien

Por: Iván Andrade

No quiero pensar que está bien que en los edificios haya una entrada y un ascensor diferente para las empleadas del servicio y los domiciliarios. No quiero considerar a los demás inferiores a mí porque tienen menos plata o menos educación. No quiero ser tan ingenuo como para creer que todos los que están arriba están ahí porque lo merecen, ni decir que los pobres lo son porque quieren. No quiero afirmar que todos tenemos las mismas oportunidades y estamos en las mismas condiciones a la hora de competir en la sociedad.

No quiero ser condescendiente con quienes me atienden y me ayudan. No quiero adorar a los fuertes y ser cruel con los débiles. No quiero ver la plata como lo más importante del mundo. No quiero creer que mi vida y mi voluntad valen más por el tamaño de mi cuenta bancaria. No quiero decir "¿usted no sabe quién soy yo?".

No quiero pensar que los derechos solo son para quien puede pagar por ellos. No quiero menospreciar la vida de los demás porque vienen de otro lugar o piensan diferente a mí. No me interesa simpatizar en voz baja con los paramilitares y creer que son un mal necesario. No quiero llamar "emprendimiento" al despojo. No quiero confundir la justicia con la venganza, ni la legítima defensa con el linchamiento. No quiero apoyar el asesinato llamándolo "limpieza social". No quiero decir "Dios es amor" con los dientes apretados. No me interesa usar frases como "yo no soy homofóbico, pero..." o "yo no soy racista, pero...", ni usar las palabras adecuadas para esconder mis prejuicios.

No quiero condenar a los demás por lo escrito en un libro humano que se le atribuye a un Dios ausente. No quiero burlarme de quienes deben luchar para que no les nieguen su humanidad. No quiero responder al llamado de los tambores de guerra. No quiero culpar a las víctimas de su desgracia. No quiero creer que "si los mataron por algo sería" o que "no estarían recogiendo café". No quiero pensar que todo el que es de izquierda es guerrillero y por eso merece morir. No quiero ver la realidad a través de mi teléfono, ni basar mi visión del mundo en las mentiras “virales” que esparcen los apóstoles del desangramiento. No quiero salir a votar verraco. No quiero ensimismarme mientras otros tienen la vida en juego.

No quiero justificar los balazos por la espalda ni las mentiras de quienes deberían protegernos. No quiero estar del lado de quienes hunden a mazazos la dignidad y la esperanza. No quiero hacer del abolengo una carta de presentación y una patente de corso. No quiero ser indulgente con mis propios desafueros mientras condeno con vehemencia los de los demás. No quiero unirme a la comparsa de quienes aprovechan la tragedia para obtener ventajas y congraciarse y abrirse camino. No quiero que el desespero me lleve a creer en caudillos salvadores y a abrazar la causa de la opresión.

No quiero ser gente de bien. Ser gente de bien tiene muy poco que ver con ser una buena persona.

 

***


 

IVÁN ANDRADE
@ivanlecter

 Bogotá, 1986. Historiador de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en Escrituras Creativas de la misma institución. Se ha desempeñado como editor de contenidos digitales y redactor publicitario, corrector de estilo y editor. Además, ha colaborado con las revistas Razón Pública, Sombralarga y Cartel Urbano, y con el blog De ti habla la historia en El Espectador.
 


Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL. 


 

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