Sacrificio, soledad y riesgo: así es ser líder comunal en tiempos de paz

septiembre 05 de 2017

El acuerdo de La Habana hace que las Juntas de Acción Comunal vuelvan al papel protagónico que tuvieron en la década de los cincuenta. ¿Qué tan preparadas están? .

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| Las juntas comunales están asumiendo tareas que las dejan expuestas, como el liderazgo en la sustitución de cultivos ilícitos en zonas donde están muy solos. | Por: Diana Rey Melo


Por: Bibiana Mercado
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Si hay una organización que ha impulsado el precario desarrollo rural del país es la acción comunal.

Sus juntas históricamente han liderado la construcción de escuelas, vías, acueductos, escenarios deportivos y centros de salud. Y aunque esto no es un asunto menor porque da cuenta de su relevante gestión comunitaria, sus orígenes revelan la dimensión del papel que pueden llegar a cumplir en esta coyuntura.

Para 1958, año formal de su creación, las JAC venían siendo punto de encuentro entre campesinos liberales y conservadores enfrentados por las élites políticas durante la llamada época de La Violencia. Así lo documentó en su momento el profesor John Jairo Llano en un estudio para la ESAP.

Ese papel protagónico de trámite por la vía pacífica de los conflictos es el que nuevamente le ha dado el acuerdo final de La Habana a los comunales del país, sobre todo en las zonas rurales a donde el Estado todavía hoy -60 años después- no ha podido llegar. Pero una cosa es la gran vocación social que, sin lugar a dudas, tienen sus afiliados y otra la cruda realidad que viven día a día.

El Estado apenas está organizando una caracterización de estas organizaciones en un Sistema de Información y Registro, que se pensó en el 2003, pero que todavía hoy no está consolidado. Así que la información sobre este primer escalón de la pirámide de la organización social en el territorio -quiénes son sus afiliados, qué vocación y fortalezas tienen, cuántos son y dónde están- son las propias JAC.

Para realizar este artículo, por ejemplo, fue de los territorios de donde se obtuvo la información de que la mayoría de los comunales de la Colombia dispersa no supera la formación básica primaria e incluso hay dignatarios veredales en condición de analfabetismo.

También que la cultura machista permea a buena parte de estas estructuras de base que relegan a la mujer a tomar simple nota de las reuniones, tal cual como secretarias; dejarlas asumir el liderazgo les cuesta. Y aunque un joven de 14 años queda habilitado para entrar a las JAC como afiliado, en la práctica no se está dando un relevo generacional por la apatía de los adolescentes en estas formas de participación. En cambio, los adultos con experiencia comunal sí expresan su fatiga ante una labor que consideran “desagradecida” y frustrante, pues cómo les cuesta materializar gestiones que no dependen de ellos.


Las JAC no tienen presupuesto asignado, tienen que salir a buscarlo.
 

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Las JAC aclimataron la paz entre liberales y conservadores tras la época de la violencia. | Foto: Diana Rey Melo.


Por eso es que es común verlos con carpetas bajo el brazo, tocando las puertas de las administraciones municipales, y animando actividades comunitarias que generen ingresos que van desde la venta de tamales, pasan por bazares, peajes veredales, campeonatos deportivos y pueden llegar hasta proyectos productivos comunitarios. También actúan como contratistas, guardadas las proporciones.

Por ejemplo, doña Alicia Cometa , de la Junta de Acción Comunal de Punterales, (Chaparral, Tolima), expresa su orgullo por la reciente construcción de tres polideportivos –el de su vereda, el de Jazmina y el de La Holanda- con aportes de Usaid, del sector público, privado y la comunidad. Manejé una cuenta de 117 millones y nos alcanzó para los tres. Y por acá con 500 millones han hecho uno solo y, si acaso, logran terminarlo, se sonríe.


Sobre esta base comunitaria es que Gobierno y Farc quieren aterrizar los acuerdos logrados en La Habana. Las juntas alcanzan la cifra nada despreciable de 62.553 (65 por ciento de estas son rurales) y sus afiliados ascienden a 6 millones 883 mil, según datos de la Dirección para la Democracia y la Participación Ciudadana del Ministerio del Interior.

 Como parte de la implementación de paz, las juntas de acción comunal participan de: 
 

1. La planeación de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET).

2. El fortalecimiento de los medios comunitarios.

3. La restauración de los derechos de las víctimas.

4. El trabajo con reintegrados. 

5. La pedagogía para la paz.

6. La sustitución de cultivos ilícitos.

7. La Circunscripción Transitoria Especial de Paz, entre los principales aspectos.


En medio de la gran precariedad de sus condiciones ellos son los que están asumiendo el liderazgo de la paz territorial y eso los expone. El Programa Somos Defensores da cuenta de que en el primer semestre de este año los comunales encabezan la lista en el número de asesinatos (12 de 51 asesinatos de líderes local). Y la Confederación Nacional de Juntas de Acción Comunales reporta más de 10.875 homicidios en su historial. Los asesinatos e intimidaciones son tan sobresalientes que la Confederación –que reúne a 31 federaciones y 1.247 asociaciones de juntas- es caso nacional de reparación colectiva para la Unidad de Víctimas.

 

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La mayoría de los comunales de la Colombia dispersa no superan la formación básica primaria. | Foto: Diana Rey Melo.


La acción comunal ha sido objeto de la violencia ejercida por actores legales e ilegales. En el caso particular de las zonas donde hubo alta influencia de las Farc esta guerrilla conformó núcleos veredales para supervisar y mantener el control en el territorio. Por esta razón, los comunales se vieron obligados a tejer un relacionamiento con la guerrilla y generar acuerdos para convivir en un territorio rico en recursos naturales, pero con limitaciones de conectividad y accesibilidad.  Mientras que los políticos locales y las administraciones de turno las cooptaron con favores, dádivas, puestos y auxilios y han sumado sus votos a tradicionales delfines políticos de las regiones.

En la actual coyuntura su fortalecimiento va más allá de los aspectos administrativos, de gestión territorial y de modernización y abarcan la forma como se les garantizará que logren incidir verdaderamente en las instancias de participación ciudadana, en los instrumentos de planificación de su territorio y en la manera expedida de resolver conflictos en zonas rurales donde aún hoy el Estado no ha llegado. La expectativa es alta, por lo que está en juego la confianza y credibilidad del Gobierno y de quienes desde Bogotá están llegando al territorio.

 


 

En SEMANA RURAL hablamos con este líder que impulsó el retorno de su comunidad a sus tierras y la creación de una asociación para comercializar el café orgánico que producían. Hoy preside la JAC de su vereda, La Secreta, y la Asociación de Juntas de Acción Comunal de Ciénaga, Magdalena.

¿Cómo fue que asumió el liderazgo?

Nunca quise ser presidente de junta porque yo sabía que era la persona a la que se dirigían los grupos al margen de la ley. Mi papá fue presidente y yo siempre rechacé esa posibilidad. Hasta que la comunidad me convenció.

¿Qué fue lo primero que hizo?

Empecé a tocar las puertas de las instituciones y la administración de turno. Articulamos la JAC con la Asociación que habíamos creado para comercializar el café (Agrosec). A donde me convocaran, ahí estaba. Y así no me convocaban, ahí estaba también. Cuando la gente empezó a ver que las cosas estaban cambiando, comenzaron a solicitar sus tierras. Hoy somos 148 familias, después de no haber más de 13.

¿Qué fue lo más difícil al comienzo?

El desierto, porque todos los cafetales estaban perdidos. Y la incredulidad de la gente. Al comienzo me decían que eso era pura política. A veces hacía convocatorias y no llegaban sino 10 personas.  Pero yo a esas personas les decía “arranquemos, que cuando los demás vean resultados se van a ir sumando”.

¿Por qué estaba tan seguro?

Veía la voluntad de querer hacer las cosas en las relaciones que iba adquiriendo. Y yo les creí, porque nunca había visto interés de ninguna institución. El solo hecho que se interesaran, para nosotros era ganancia. Cuando comenzaron los procesos de restitución de tierras, entraron las autoridades, y ahí tuve que ir a hablar con las personas que habían quedado a cargo de los cultivos ilícitos que quedaban en la zona.

¿Cómo fue esa relación?

Horrible. Primero traté de hablar con ellos amigablemente para decirles que este era un proceso que iba a favorecer a la comunidad. Ellos no lo vieron así. Me amenazaron a mí y a mi familia. Eso llevó a que tuvieran que asignarme un esquema de seguridad porque el riesgo era grande.

¿Cómo se siente hoy?

Contento porque sacamos adelante un proceso en el que vienen proyectos productivos y vivienda rural. Ya el negocio del café no lo manejan unos terceros. Eso para mí es un éxito. Cambió mi vida, pero también cambió la historia de mi vereda.

 


 EN BÚSQUEDA DE LA JUSTICIA LOCAL 
 


En veredas y barrios, las juntas de acción comunal han cumplido un papel relevante en el trámite por vía pacífica de sus conflictos en zonas rurales donde el Estado no había llegado. Para fortalecer la participación de los líderes comunales, instituciones públicas, cooperación y sociedad civil se unieron en torno al proyecto Justicia Local para la Paz que trabaja con 400 organizaciones comunales, afro e indígenas de 50 municipios en 5 departamentos fuertemente afectados por el conflicto y, a la par, construye 34 Sistemas Locales de Justicia que mejoren el acceso a la justicia. Para llegar a los territorios se apoya en los Programas de Desarrollo y Paz agrupados en la Redprodepaz, que cuenta con procesos regionales de más de 20 años de experiencia entre los que están los de Antioquia, Bolívar, Cauca, Caquetá y Nariño. Esta iniciativa es liderada por MinJusticia y la Consejería del Posconflicto y recibe la financiación de la Unión Europea desde 2016.


- Con el apoyo periodístico de Carolina Arteta, editora en el Caribe, y con la colaboración de RedCaquetáPaz -
 


 Este reportaje fue publicado en la edición 1844 de la Revista Semana


 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.