Neorrurales, los citadinos que ahora viven en el campo

octubre 14 de 2017

Algunos habitantes de las principales ciudades del país están migrando hacia las zonas rurales. ¿Qué los motiva a cambiar de estilo de vida? Cinco historias para entender esta tendencia.

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| La academia define a los neorrurales como personas que rechazan el modelo de sociedad actual. | Por: Cortesía El bodeguero del campo


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

 

Colombia se acostumbró a ver partir a sus campesinos hacia las ciudades en busca de una mejor calidad de vida. Ya sea para ingresar a la universidad, conseguir un empleo, adquirir una vivienda o simplemente escapar del conflicto armado. Sin embargo, en años recientes surgió una dinámica que impulsa lo contrario. 

Es así como nacen los neorrurales o ‘neocampesinos’, citadinos que abandonan el estilo de vida urbano para residir y trabajar en el campo. El geógrafo español Joan Nogué definió en la revista ‘Agricultura y sociedad’ a estos nuevos habitantes de las zonas rurales: son personas que rechazan el modelo de sociedad actual.

 

Clemencia Perafán trabajaba como abogada en Cali. Hoy protege una reserva a la afueras de la ciudad. | Foto: Finca El Manantial.

Michel Molina dejó su empleo en una agencia de publicidad y ahora vive en un corregimiento de Santa Marta. | Foto: Hugo Vega

 

Según Edelmira Pérez Correa, profesora del Instituto de Estudios Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, es poco lo investigado sobre los neorrurales en el país. No hay datos demográficos para analizar este fenómeno migratorio. Solo se tienen casos particulares que permiten ver cuáles son las motivaciones, que van desde lo económico hasta lo ideológico. 

En SEMANA RURAL nos dimos a la tarea de conocer las historias de aquellos que cambiaron las avenidas por las trochas, los grandes edificios por bosques y montañas. Hablamos con cinco neorrurales de distintas regiones. Así son sus nuevas vidas.


 

 

Desde la vereda Peñas Blancas, a dos horas de Cali, Clemencia Clerafán divisa a lo lejos la ciudad que dejó atrás. Ahora vive en la finca El Manantial, un paraíso natural que construyó casi desde cero.

Ella tuvo que contenerse para no llorar cuando llegó al terreno, ubicado en las faldas del Parque Nacional Los Farallones. Estaba deforestado, habían saqueado todos sus recursos naturales y solo quedaba roca que se extraía para hacer el mantenimiento de las carreteras veredales.

“En el 2002 comenzamos un proceso de recuperación de suelos, aplicando técnicas ancestrales. Hicimos barreras vivas, sembramos en terrazas y dejamos que la naturaleza volviera a nacer”, comenta Perafán, quien antes trabajaba como abogada. Hoy su finca ha visto nacer vertientes de agua y especies de fauna que incluso se creían extintas en la zona.


 

 

Cuando Michel Molina tenía 27 años llegó a Bogotá para trabajar en una agencia de publicidad. Entre sus clientes estaban grandes empresas, lo que implicaba mucha responsabilidad. En 2014 decidió cambiar su estilo de vida y hoy, a sus 60, reside en el corregimiento de Minca, cerca de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Una enfermedad coronaria que lo tuvo en cuidados intensivos fue el campanazo que lo llevó a replantearse su vida. Ya era tiempo de dejar la ciudad. “Me di cuenta de que mi salud estaba deteriorada y que sufría de estrés en niveles muy grandes”, cuenta.

Poco a poco empezó a modificar sus costumbres. Aprovechó sus frecuentes viajes de trabajo hacia Barranquilla para pasar más tiempo en una casa de Minca que le había comprado a un diplomático estadounidense. Luego se inclinó por la agricultura y aprendió a cultivar yuca, maíz, ahuyama y frijoles, de la mano de los campesinos de la zona.


 

 

“Estaba cansado de la ciudad, del estrés. Deseaba una vida más tranquila con menos preocupaciones”. Así resume el bogotano Camilo Gómez las razones que lo llevaron a dejar su empleo en un banco para trabajar y residir en el campo.

Junto a su esposa —quien es bióloga marina— levantaron Nigayala, un proyecto ecoturístico y agrícola en La Calera, a las afueras de Bogotá. Las cabañas y huertas que construyeron conforman un complejo hotelero ideal para los visitantes interesados en conocer la zona rural cercana a la ciudad.

También es un espacio en el cual los niños pueden aprender a relacionarse de una manera más positiva con el medioambiente. En Nigayala adelantan un proyecto para proteger al tucán de alta montaña (Andigena nigrirostris), una especie amenazada que vive en los bosques andinos.


 

 

Mientras laboraba con una empresa del sector salud en Antioquia, Wveimar Mamian se dio cuenta de los problemas médicos de los campesinos de la región. Ahí comenzó a preocuparse por las formas de producción agrícola, pues una mala dieta podría estar provocando enfermedades.

Desde entonces, cultiva varios alimentos en la finca de su padre, en Marinilla. Al principio solo trabajaba en el campo los fines de semana, pero la siembra fue creciendo y ahora le dedica todo su tiempo.

Wveimar logró que la finca familiar fuese certificada en producción de hortalizas, frutas y cereales. En conjunto con otros agricultores de la zona integra Asocampo, una organización dedicada al cultivo sin químicos de una gran variedad de alimentos que vende directamente al consumidor, sin intermediarios.


 

 

La ruralidad ha marcado a la familia de Adolfo Botero. La finca de sus padres, en Socorro (Santander), jalona parte la economía de la comunidad. Es de Bucaramanga, pero estudió economía en Bogotá. Mientras terminaba su carrera, empezó a volcar su mirada hacia el campo.

Interesado en la seguridad y la soberanía alimentaria, Adolfo creó el proyecto El Bodeguero del campo, con el cual busca llevar a Bucaramanga los productos que se cultivan, no solo en su finca, sino en las de productores aledaños. 

El proyecto hasta ahora comienza, al igual que su vida en el campo. Espera a futuro poder establecer una sistema con el que cada campesino pueda garantizarse ingresos constantes y un pago más justo por su cosecha.


 

 

 SER NEORRURAL  EN LA CIUDAD 

Mariana Matija es el ejemplo de otro tipo de neorrurales, aquellos que adoptan costumbres o ideas del campo al estilo de vida de las ciudades. Su madre trabajaba con campesinos y le enseñó a tener conciencia ambiental desde pequeña. Cuando decidió vivir sola, Mariana empezó a cuestionar las formas de consumo de los citadinos y cómo sus comportamientos impactan negativamente al medioambiente. De ahí nace el blog ‘Cualquier cosa es cariño’, un espacio sobre sostenibilidad en las urbes, basura cero y consejos para aprovechar los recursos naturales. Lo dirige desde Medellín.La gente cree que vivir equilibrado con su entorno es sufrir y negarse cosas. Es simplemente valorar lo que nos rodea, es el resultado natural de cuidar el espacio que uno habita, comenta.
 

Foto: Mariana Matija.

 

¿Cuáles son las motivaciones de los citadinos para migrar hacia el campo?

R: Son varias. En lo económico, por ejemplo, están los precios bajos de los terrenos para construir grandes casas o menor tributación. Sin embargo, no es la motivación más importante. A nivel mundial crece la tendencia de adoptar un estilo de vida saludable. La gente considera que viviendo en el campo tiene aire más puro, más tranquilidad y más espacio libre.

La otra motivación es romper el estrés que implican los grandes complejos urbanos. Es decir, el tiempo, las distancias y la presión.

¿Cómo es la relación entre los campesinos y los neorrurales?

R: No hay mucha contacto. Es como la relación entre un barrio estrato cinco y las casas de al lado. En la mayoría de zonas adonde llegan los neorrurales se conforman pequeños conglomerados, incluso cerrados y con porterías. Sin  embargo, sí son generadores de empleo.

¿Los neorrurales solo trabajan en agricultura y ecología?

R: No necesariamente, porque eso depende de la formación que cada uno tenga. Pero es contradictorio un neorrural que tumba árboles y no cuide el medioambiente. Si no tiene una formacion ecológica, lo mismo que hacía en la ciudad lo hará en el campo.

¿En cuáles oficios se emplean los neorrurales?

R: Las actividades son diversas. Algunos de ellos viven de la renta. Tienen una casa, una parcela con un jardín y si acaso una vaca, pero su objetivo no es necesariamente la producción agrícola. Otros han decidido llevar a cabo pequeños negocios con productos específicos. También existen emprendedores que se dedican de alguna manera a la agricultura.


Con reportería de: Santiago Londoño, Carolina Arteta, José Puentes Ramos y María José Pajares.

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.