Nos sentamos a hablar con Roncagliolo de libros, violencia, periodismo y fútbol

octubre 03 de 2017

Escritor, periodista, narrador de cuentos para niños, futbolero y buen conversador, el maestro latinoamericano del suspenso se sentó a hablar con SEMANA RURAL..

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| El escritor peruano estuvo recientemente en Cali, durante el Festival Internacional de Literatura Oiga Mire Lea. | Por: Cortesía El País /SR


Por: Gerardo Quintero
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Santiago Roncagliolo sabe lo que es vivir en medio de la violencia. El escritor peruano, autor de libros como Abril Rojo, La Cuarta Espada, Pena Máxima y La Noche de los Alfileres, entre otros, quedó marcado en su adolescencia por los bombazos del grupo guerrillero Sendero Luminoso, que golpeó con dureza a Perú en las décadas de los ochenta y noventa.

En aquella época vivía en Lima, en el Distrito de Miraflores, y espantaba los temores de un adolescente que no podía salir a la calle leyendo las novelas de suspenso de Agatha Christie. Luego, su madre lo introdujo a los grandes autores del Boom Latinoamericano y comenzó a beber de las páginas de García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Borges. Al tiempo conocía los secretos de la cultura popular y se fascinaba con Peter Benchley, el autor de Tiburón, o las historias de suspenso de Alfred Hitchcock en Dimensión Desconocida.

Desde esa época comenzó a desarrollar una especial atracción por la narración de historias con una alta dosis de tensión. Unos años antes, más chico, también había conocido el exilio, porque su padre Rafael había tenido que irse a México por la persecución del gobierno de Juan Velasco Alvarado.
 

«Colombia y Perú se parecen tanto...»


Cuando volvió a Perú, en 1985, con diez años, ya Sendero Luminoso había comenzado una larga travesía de violencia que dejó en Perú más de 70.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos. Los atentados, la voladura de torres de energía, los encierros en casa, los noticieros llenos de sangre eran pan de cada día. Por eso y otras semejanzas, Santiago dice que “Colombia y Perú se parecen tanto”. Recientemente estuvo en Cali, durante el Festival Internacional de Literatura Oiga Mire Lea. Roncagliolo, el único escritor peruano ganador del Premio Alfaguara de Novela (2006), habló con SEMANA RURAL sobre cómo el conflicto de su país marcó su obra. También de las cercanías históricas de Colombia y Perú y hasta de periodismo, la otra pasión que enciende ese lado que lo conecta con la realidad.

Usted ha conversado con grandes referentes del periodismo latinoamericano como Alma Guillermoprieto, sobre cómo narrar a América latina, cuál es su percepción sobre esta América nuestra tan diversa, rica y conflictiva…

Yo creo que América Latina está en el momento de empezar a contarse su historia porque es la primera vez que ha pasado algo muy simple, casi todo el mundo ha ido al colegio. En el Perú la cobertura es total y en muchos países se ha extendido la educación en este siglo y eso significa que cada año empiezan a haber cientos de miles de jóvenes que van a permitir que la lectura sea algo que llegue a todas partes. Antes había sido mayoritariamente de gente blanca y de personas de clase media para arriba, en cambio ahora que estuve en la Feria del Libro de Perú puedo contarte que el libro de ficción más vendido era uno sobre la identidad chola, que nunca había formado parte de nuestros libros, porque los libros eran considerados cosas de gente blanca y la gente que lo convirtió en el libro más vendido, de Marco Avilés, eran chicos de 18, 15 y 20 años que son cholos, y que por primera vez forman parte de la clase media. Estos jóvenes han ido al colegio y empiezan a decidir qué historia se va a contar de su país. No me atrevo a generalizar que esto ocurra en toda América Latina, pero viajo mucho y tengo la sensación de que en general estamos entrando al momento en que la gente de distintos colores es de clase media, la gente de distintos barrios es de clase media y por lo tanto empieza a contar una versión de nuestras historias para todos.
 


Ya que menciona aquello de contar esas nuevas historias, Colombia está viviendo un proceso muy importante después de un largo, tedioso y duro proceso de paz con las Farc. Durante muchos años el periodismo contó el conflicto casi siempre desde una perspectiva oficial, ahora hay un debate sobre cómo se debe narrar esa nueva realidad. ¿Solo se debe dar voz a las victimas? 

No es que no pase nada después de una guerra. De hecho, el conflicto dura generaciones después de que dejan de dispararse porque las disputas sobreviven posteriormente con los excombatientes que tienen que integrarse en la memoria de los hijos de los muertos. Países como España tuvieron una guerra civil en 1936 y todavía les cuesta mucho tener una visión de su historia que todos puedan compartir porque muchos siguen enclavados en los bandos que combatían hace ochenta años. El gran reto en ese sentido, y lo que yo he tratado de hacer cuando he escrito sobre la violencia en el Perú, es construir una versión que todos podamos considerar cierta. Es decir, que sin importar que seas de un lado o del otro, puedas considerar que ciertos hechos ocurrieron, que compartas una narrativa con los que estuvieron del otro lado, porque al final los países tienen que tener un relato, una idea de dónde vienen, hacia dónde van, qué es lo que hacen juntos y esos relatos van a estar por mucho tiempo bombardeados por el recuerdo de la guerra. Va a haber mucha gente que siga manteniendo el relato de los paramilitares o de los guerrilleros, el gran reto es construir un relato que todos puedan compartir para poder plantear objetivos políticos y metas comunes en el futuro.

 

«Es la primera vez que pasa algo muy simple: casi todo el mundo ha ido al colegio»


Entiendo, entonces, que usted no cree en ese discurso que dice que no se le debería dar espacios a los victimarios para que cuenten sus historias o su verdad. Cre que hay que mirar desde todos los ángulos...

Los victimarios son víctimas también. Alma decía que conoció guerrilleros de 25 años que llevan diez en la guerra y nunca han vivido bajo un techo. Ellos también son víctimas y seguramente paramilitares pobres que fueron enrolados por esa tropa igualmente son víctimas de lo que pasó. El gran reto para los narradores es ir más allá de las opiniones y contar las historias para que conozcamos a quienes han participado y comprendamos mejor la complejidad de las cosas. Los cronistas a lo mejor para eso servimos, para ir a buscar las pequeñas historias, contárselas a los demás y que tengan una visión más matizada de sus enemigos que ahora van a ser parte del mismo proyecto común que es Colombia.
 

LIBRERÍA SUR, Lima. | Foto: Andrés G. Borges



Al revisar su obra literaria es indudable que el grupo guerrillero Sendero Luminoso y su líder Abimael Guzmán están muy presentes, tuvieron una gran marca en su vida…


Claro, es mi guerra, es la razón por la que mis novelas hablan del miedo. Yo crecí con miedo, crecí en un sitio donde te podían poner una bomba, pegar un tiro, o secuestrar o reclutar forzosamente. Toda la guerra en la que yo crecí inspiró una pregunta que atraviesa todo mi trabajo creativo, que es por qué la gente hace cosas brutales, por qué gente que alguna vez fue un niño bueno decide matar en masa, por qué inspirados por ideales nobles nos convertimos en monstruos. Muchos de mis libros no tienen que ver con esto, de hecho yo deliberadamente he decido apartarme de ese tema, pero lo que no he dejado de narrar nunca en mis novelas es la ternura de los monstruos. Personajes de mis novelas hacen cosas terribles, pero están inspirados por ideales y buenos sentimientos, como ocurre en la vida real, nadie cree que es malo. En mis novelas me interesa preguntarme qué es lo que hace mala a una persona, para que también el lector se lo pregunte al vivir esa historia y entendamos mejor las zonas más oscuras del libro y de nuestros países.

 

«Victimarios son víctimas también»

 

Es inevitable la comparación entre lo que vivió Perú y Colombia con la explosión de grupos guerrilleros y las décadas de temor por el terrorismo vivido. ¿Ha pensado acercarse a la nuestra realidad a través de una producción literaria basada en el conflicto colombiano?


Tendría que investigar mucho, la verdad es que me gustaría porque los colombianos y los peruanos prácticamente somos la misma cosa. Ustedes son un poquito más caribeños, más tropicales, nosotros más andinos, pero fuera de esos matices nos parecemos muchísimo. En algún momento incluso hemos sido un solo país. Pero para escribir ficción es importante aferrarte a lo que conoces muy bien y no conozco lo suficiente a Colombia. Incluso, cuando he escrito cosas en otros países, en realidad no han sido sobre otros países, esas novelas han sido sobre las relaciones entre sus personajes, sobre la ficción en de Oscar y las mujeres, que ocurre en Miami, o sobre la soledad y la deshumanización en el caso de Tan cerca de la vida, que ocurre en Tokio o sobre el arte y la cultura en el caso del Amante uruguayo. Pero lo que siempre busco es la posibilidad de hacer reportajes que salgan en medios y si hay suficiente material, en libros. Y claro, viniendo de mis investigaciones sobre la guerra y la posguerra en Perú, si tuviera una oportunidad de hacer una investigación sobre una historia de violencia en Colombia no la dejaría pasar, sería una gran ocasión. Lo que pasa es que también hay suficientes colombianos haciéndolo muy bien, entonces no creo que nadie me vaya a proponer, justo a mí, hacer una historia cuando hay excelentes escritores y periodistas aquí que pueden hacerlo.

 

Sin embargo, como lo han advertido escritores como Martín Caparrós o Alma Guillermoprieto, a veces es bueno y necesario tener una mirada desde afuera…

Pues sí, ojalá, a mí me encantaría. El problema con las crónicas y reportajes es que requieren dinero, tiempo, investigación, a diferencia de una novela que tú te sientas cuando puedes producir. La crónica, en cambio, requiere viajar, moverse, entrevistar, tener mucha paciencia. Pero sería genial, sería algo muy bonito de lograr, conocer los dos procesos y cómo son paralelos y diferentes porque al final Perú aplastó a Sendero, fue una paliza, no hubo ningún paliativo. A esa gente la han cogido presa, condenas justas pero nunca benignas, les han prohibido hacer licitaciones públicas, política, enseñar en colegios o universidades, esa gente ha estado derrotada y aplastada. En cambio aquí ha habido un acuerdo y la guerrilla va a ser un partido político y eso va a plantear retos mucho más difíciles y conflictos que todavía están por verse y que no van a ser fáciles.

 

«La cultura popular y la alta cultura literaria para mí nunca fueron distintas»


Precisamente en sus libros Abril Rojo, Pena Máxima, La Cuarta Espada, siempre el tema de la violencia estuvo presente. Pero además de eso el suspenso en sus obras es marca registrada. Va a seguir en esa intencionalidad literaria o pretende cambiar el que que ha sido su sello

Me interesa explorar el miedo, que es nuestra emoción más primitiva, más esencial, tanto en la vida cotidiana como en la historia de los países. Siempre digo que se escriben historias de terror, pero los monstruos y los fantasmas no están en el mundo paranormal sino en la historia de los países, en el corazón de las personas, y eso es lo que me interesa explorar. Por lo tanto el thriller, la novela negra, son géneros con los que juego mucho, convienen mucho a lo que me interesa. Luego, en general, todo lo que hago tiene que ver con la cultura popular: Thriller, novela negra, periodismo, los libros para niños… Yo crecí en una casa donde solo había libros y televisión porque no se podía salir mucho a la calle por la violencia, entonces la cultura popular y la alta cultura literaria para mí nunca fueron distintas, siempre se mezclaron y fueron parte de lo mismo. Siempre me molestó la idea de que la literatura debería ser para una especie de ungidos, que tienen un doctorado en literatura o saben de metaliteratura. Al contrario, necesitamos que más gente lea y le interese hacer historias que cualquiera pueda leer, que lo atrape, que no la suelte, que te pongan en contacto con tus zonas oscuras, aunque no hayas ido a la universidad, aunque seas de un país muy distinto del mío, entonces de manera natural eso es lo que me sale. Lo que pasa es que hay miedos diferentes y maneras muy distintas de abordarlos. Hay cosas que se parecen más a la comedia negra, otras a la novela negra, otras al thriller, entonces trato de no repetirme y que cada novela sea una exploración diferente.
 

En Colombia hay una gran discusión, y de seguro en Perú también, y es esa evidencia de que existen dos países que conviven en una misma nación. Acá tenemos esa Colombia rural y esa Colombia citadina que la mayoría de veces no logra entender a la primera. Hechos como la violencia y la pobreza se ven de distinta manera en cada lugar y es evidente que hay una tendencia a subvalorar lo rural. ¿Cuál es su percepción?

Lo que pasa es que necesitamos narradores que vengan de esa realidad, no que vayamos nosotros a contarles qué es lo que deberían ellos leer. La razón por la que las guerrillas son fuertes en el campo más que en la ciudad es porque en el campo no hay Estado, es donde la guerrilla siempre asume ese vacío de poder.
 

«Vivimos en países que no son un país, sino muchos países a menudo enfrentados»
 

Cuando habla de ese vacío de poder y de la ausencia del Estado en la ruralidad de nuestros países pienso en el fiscal Felix Chacaltana, figura clave en su obra, que padece unas realidades kafkianas, de excesos burocráticos, que tiene que enfrentarse muchas veces al descreimiento e incomprensión de sus superiores en la gran ciudad…

Vivimos en países que no son un país, sino muchos países a menudo enfrentados. Por supuesto está la herencia colonial, los indígenas, los blancos y los indígenas. Está la geografía que es muy complicada y separa mucho a la gente, diferencias económicas que hacen que los ricos sean muy ricos y los pobres muy pobres y por lo tanto no tenemos un tejido social claro, más bien no vivimos con los otros sino contra los otros, tratando de imponer nuestra versión al otro, a veces violentamente. Por eso es importante lo que te decía, crear una versión de nuestra historia que sea común y compartamos ese primer paso para crear proyectos conjuntos, hacia dónde vamos, pero hasta este momento, salvo Uruguay, que es un país bastante igualitario… todos los demás no son países son comunidades en conflicto.
 

Como periodista y analista de la realidad latinoamericana, ¿qué cree que va a pasar con el continente a la vuelta de diez o veinte años, con todos estos movimientos en la política que se están dando, la corrupción que roba los recursos y los movimientos sociales que cada vez ejercen más presión…Yo creo que América Latina, a diferencia de Europa, está mejor que antes. En Europa la gente siente que vive peor que sus padres, tiene problemas que no poseía como el yihadismo y los está resolviendo con extremismos fascistas o populismos que crecen cada vez más. Tiene una población cada vez más vieja y una economía a la que cada vez le cuesta competir con las demás. En cambio, América Latina tiene nuevas clases medias, los jóvenes cuentan con más acceso a la cultura, es más pacífica que antes, aunque el narco y la delincuencia sean muy graves. Muchas veces tendemos a ver las cosas con los ojos del pasado. Es decir, el hecho de que investiguen y eventualmente metan preso a Lula si ha sido corrupto, me parece excelente, y a Temer también. Un país no es bueno cuando metes a la cárcel a los de un lado, eso es Venezuela. Un país como Perú, donde todos los expresidentes están siendo investigados o presos, es un país donde el poder judicial hace bien su trabajo y es una señal de que estás mejor que antes. Pretender que cuando se meten con los tuyos están comprados y cuando se meten con los otros sí son honestos, es seguir viendo las cosas con los ojos de la guerra fría y eso se acabó hace mucho tiempo.
 

SANTIAGO RONCAGLIOLO | Foto: Nelson Parra Yate


¿Tenemos futuro como el Continente de la esperanza?

Yo crecí en el Perú de los ochenta, si sobreviste a eso todo puede mejorar. Es imposible que no sea optimista. Lo que pasa es que el pesimismo tiene mucho prestigio y se espera que seamos críticos con pensar que todo se hunde y quedamos muy bien cuando decimos lo mal que va a quedar todo, pero en realidad yo soy mucho más optimista sobre América Latina que sobre Europa. Europa está cerrándose y está dando muchas señales de agotamiento y de decadencia. América Latina está en un momento de expansión muy interesante, con todos sus problemas, pero al menos desde donde yo veo el mundo, América Latina es lo más prometedor que hay.
 

«A lo mejor los periodistas fracasemos en todo, pero si no hacemos nada es seguro que fracasaremos»


En un diálogo reciente que tuvo con la maestra mexicana Alma Guillermoprieto le preguntó sobre el futuro del periodismo y ella dio un concepto lapidario que: ‘Estamos fritos’. ¿Está de acuerdo con esa visión apocalíptica?

Son tiempos de cambio y siempre parecen terribles porque se está derrumbando el anterior. Pero igualmente son tiempos en los que se construyen otras cosas, en español en principio tenemos mucha suerte porque hay 400 millones de personas que pueden comunicarse en este idioma, es mucha gente. Con internet ya no tienes que limitarte a tu periódico local, sino que en principio se puede llegar a todos y luego la tecnología también te está permitiendo nuevas posibilidades como crear productos sonoros, que no son como el programa de radio de siempre sino que se guardan y son contenidos que puedes descargar cuando quieras. Por lo tanto son contenidos que aspiran a perdurar como una biblioteca. Yo estoy experimentando algunas cosas con ese tipo de contenidos y haciendo reportajes con el apoyo de Unicef, Médicos sin Fronteras, Fundación del Barcelona y que podemos hacer llegar a varios medios. Y ahora también estoy esperando la oportunidad de hacerlo sonoro. Entonces hay que experimentar, moverse, a lo mejor fracasaremos todos en todo, pero sino hacemos nada es seguro que fracasaremos. Es un tiempo para estar buscando nuevas maneras de contar las historias, nuevas maneras de llegar al público y quien encuentre esas maneras marcará la pauta para todos los demás.

 

Qué fue lo que encontró en el fútbol que lo ha utilizado tanto para ligar sus historias de suspenso...

El fútbol es el gran espectáculo global, lo dicen los 220 millones de euros que cuesta Neymar, ni siquiera un estadio cuesta eso. Cuando vas a Kazajistán o Níger la gente sabe quiénes son los jugadores del Barcelona y del Madrid, probablemente es lo único que saben de Europa y en ese sentido como gran espectáculo el fútbol encarna lo que somos o lo que creemos que somos. Es un espectáculo donde el público es parte y puede decidir resultados apoyando a unos y desmoralizando a otros y a mí me interesan toda la cultura en general y todo lo que nos sirve para contar historias y el fútbol es más grande.
 

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