Los ríos de Bogotá y su lucha para sobrevivir

agosto 26 de 2017

De nada le sirve a la capital contar con abundantes fuentes de agua cuando la mayor parte está contaminada..

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| El caso de contaminación del río Tunjuelo es emblemático y característico de lo que sucede con los grandes afluentes de la ciudad. | Por: Santiago Londoño / SEMANA RURAL


Por: Santiago Londoño
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La riqueza hídrica de Bogotá no es algo que sobresalga en el imaginario de las personas cuando piensan en la capital colombiana. Sin embargo, en medio de lo que pareciera un interminable conjunto de edificios y carreteras se encuentra una enorme red de cuerpos de agua compuesta por ríos, quebradas y canales de gran valor para la ciudad y el país. A pesar de esto, un gran número de ellos están contaminados.

En total son 198 cuerpos de agua que se alimentan de dos de los páramos más importantes del mundo: el de Sumapaz y el de Chingaza. De estos, tan solo 10 cuentan con medidas de protección completas; 104 son protegidos parcialmente y 84 no cuentan con ninguna medida de protección oficial,
según el inventario de cuerpos de agua realizado por la Secretaría de
Ambiente.
 

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El afluente del Tunjuelito, en este mismo estado, recorre 73 kilómetros, pasa por 5 localidades y cuenta con una zona de influencia que abarca millones de personas. | Foto: Santiago Londoño / SEMANA RURAL


En su plan de Gobierno, la Alcaldía de Enrique Peñalosa señaló como prioridades la descontaminación del río Bogotá y la construcción de parques lineales sobre los ríos Fucha y Tunjuelo, como soluciones a la problemática fluvial de la ciudad. En medio de este panorama hay comunidades que luchan por recuperar los ríos que las rodean, una tarea nada fácil.


Aquí se hacen jornadas de aseo, pero al otro día ya todo está igual, vuelto nada. Uno ve desfilando la gente botando basuras, pero vaya y dígales algo y verá el problema en el que se mete, aquí nadie controla eso.
 

Así describe Faber Astasia, habitante del sector de la Independencia (localidad de Bosa), la relación de la comunidad con el río Tunjuelo. Este afluente recorre 73 kilómetros, pasa por 5 localidades y cuenta con una zona de influencia que abarca millones de personas. Nace en la laguna de Chizacá, ubicada en Sumapaz, desde donde desciende hacia la localidad Usme y el resto de Bogotá.
 

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En sólo 68 kilómetros le descarga el 80 % de los contaminantes que recibe en todo su tránsito hasta el Magdalena.  | Foto: Santiago Londoño / SEMANA RURAL


El caso del río Tunjuelo es emblemático y característico de lo que sucede con los grandes afluentes de la ciudad. Nace en la ruralidad, donde en manos de los campesinos y rodeado de naturaleza se mantiene relativamente limpio y bien cuidado. A medida que empieza a adentrarse en la ciudad la
contaminación es cada vez más fuerte.
 
“Nosotros hemos venido protegiendo el agua, con programas de reciclaje, de cercas vivas, recolección de envases químicos, reforestación. Si nosotros mismos no cuidamos el agua ¿hacia dónde vamos? Pero lo que nosotros cuidamos, vienen otros y lo destruyen”
, dice Nury Salazar, líder campesina de Usme que ha visto cómo los malos manejos urbanos amenazan cada vez más la salud del río Tunjuelo.
 
 

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 la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Salitre, encargada de eliminar los desechos que se producen entre la calle 26 y la 220. Sin embargo, su labor es insuficiente. De los 15 metros cúbicos de aguas residuales que la ciudad le arroja a su río a cada segundo, esa planta solo alcanza a tratar cuatro. Además, el proceso que allí se aplica es primario: remueve el 40 % de la materia orgánica y el 60 % de los sólidos suspendidos en el agua, según datos del Acueducto de Bogotá.  | Foto: Santiago Londoño / SEMANA RURAL


Es así como de estar rodeado por frailejones y extensiva vegetación, el caudal pasa a llevar consigo plásticos, desechos orgánicos, aguas negras y hasta artículos de hogar, como sofás y tinas. Sumado a esto, los alrededores del río están llenos de viviendas y negocios ilegales que invaden la ronda, así como el pésimo aporte de empresas que vierten sus desechos directamente al agua, sin ningún tipo de control.

De esta forma, tener un río cerca en la zona  urbana de Bogotá pasa de ser un privilegio a un dolor de cabeza. El alcalde Enrique Peñalosa dice que sueña con cambiar esa realidad. “La idea es que la gente disfrute estos espacios, el sonido del agua, que haya animales. El agua es mágica, es la felicidad.  Estos ríos son ejes de vida. Ahí vamos trabajando”.

 

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Los ríos irrigan Bogotá se nutren de la pureza de los páramos de Chingaza y Sumapaz | Foto: Santiago Londoño / SEMANA RURAL


La condición actual de un gran número de los afluentes de Bogotá, además de ser un problema ambiental, es un problema social y cultural para la ciudad. Es una expresión de indiferencia de la ciudadanía con los recursos naturales que la rodean. “Desde que la gente abra la llave y le salga agua limpia no se preocupa de lo demás”, le dijo a SEMANA RURAL Néstor Fernández, habitante de Bosa.

Los parques y plantas de tratamiento para la descontaminación que propone la Alcaldía pueden ayudar a mitigar una situación que a plena vista de todos se encuentra en estado crítico. Pero difícilmente solucionan el problema si continúan los abusos hacia los cuerpos de agua. La red fluvial de Bogotá es precisamente eso, una red, y lo que afecta a un punto afecta a todos; es por eso que está en la ciudadanía, de la mano con las autoridades, cambiarles la cara a los afluentes de Bogotá. Hay que mirar más allá del agua que sale de la llave de la casa.
 

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Los residuos de la ciudad terminan expandiéndose por media Colombia. La mancha negra del Bogotá se expande por el gran río que atraviesa el país desde su nacimiento en el Macizo caucano hasta su puerto final en Atlántico. Así es como la contaminación de los bogotanos llega hasta el mar Caribe. | Foto: Santiago Londoño / SEMANA RURAL

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.