Retratos: Diez charlas con ancianos antioqueños en un asilo de Sonsón

septiembre 22 de 2017

Dos estudiantes de la UdeA se fueron a conversar con los ancianos de un asilo de Sonsón, en Antioquia. El resultado, estas fotos y pequeñas conversaciones sobre la cotidianidad y la vida.

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| Dos estudiantes fueron hasta Sonsón fotografiarlos y lograr de ellos un recuerdo menos efímero que sus sonrisas. | Por: Estiven Posada


Por: Estiven Posada


Sonsón, Antioquia, está ubicado en el suroriente del departamento a 112 kilómetros de Medellín. Allí, en medio del frío por la cercanía del páramo, es común encontrar historias de personas cálidas y amables, que reciben al que llega con una sonrisa y la tradicional aguapanela paliar el frío.

En este pueblo silencioso y tradicionalmente católico todavía se ven las huellas que dejó la famosa colonización antioqueña, de paso hacia otros departamentos en la región andina. Pese a los embates de la violencia, este pueblo conserva intacto gran parte del patrimonio arquitectónico e histórico del municipio, además conserva como un tesoro la sabiduría que se forjaron sus viejos. Algunos de ellos viven en el Asilo San Antonio.

 


Dos estudiantes de periodismo de la Universidad de Antioquia, Estiven Posada y Norvey Echeverry, fueron hasta allí a fotografiarlos y lograr de ellos un recuerdo menos efímero que sus sonrisas. De este encuentro quedaron algunos fragmentos de diálogos y estas fotografías en su memoria. No son otra cosa que un retrato de la misma, fría y a la vez cálida, Sonsón.
 


HUMBERTO VALENCIA CARDONA

– Don Humberto, ¿ustedes acá qué hacen normalmente?
– ¿Cómo?
– ¿Qué hacen acá normalmente?
– Nada, acá sentaditos como unos bobitos.

 


RAMÓN PÉREZ

– Don Ramón, si usted tuviera a sus hijos acá, ¿qué les diría?
– No les diría nada, porque el tiempo nos lo dice a todos.

 


NÉSTOR DE JESÚS CARMONA

– ¿Qué hay que perseguir en la vida, don Néstor?
– ¡La vida buena!... Ja, ja, ja.
– ¿Hay que pasar bueno?
– ¡Claro!, hasta que Dios mande por uno, ¿dígame si no?

 


MERCEDES RENDÓN VALENCIA

– ¿La soledad duele mucho en este punto de la vida doña Mercedes?
– En esta edad uno ya no tiene padre, no tiene madre, no tiene hermanos…
¡No tiene a nadie!

 


MARÍA ANGÉLICA LÓPEZ

– Doña Angélica, ¿a usted le tocó la violencia?
– ¡Avemaría mijo!
– ¿Se le entraron a la finca?
– Sí, a la finquita se metieron. Había unos sembrados ya comenzando a dar, de lulo, tomate
de árbol y mora, llegaba la guerrilla y eso hasta verde se los comían.

 


MARÍA LUISA QUINTERO

– Doña María Luisa, ¿qué no le gusta de este lugar?
– ¿Puedo decir lo que quiera?
– Sí, tranquila.
– A mí me duele mucho porque uno acá se muere y no le rezan, ni nada, no hacen novenas.
¡Eso sí me está dando a mí duro, como si fuera uno un animal!

 


MARÍA CELINA SERNA

– ¿Usted qué opina de los hijos que son ingratos con los papás?
– ¡Horrible, horrible!
– Doña María, ¿sus hijos la visitan?
– Los de él no volvieron aquí, la mía sí viene, pero le toca muy incómodo para venir, vive
muy lejos. Toca en carro, no hay pasajes pa’ venir a cada rato, pero ella sí viene a visitarme.

 


ANGÉLICA OTÁLVARO

– Estoy buscando novio, usted está muy querido, ¿nos casamos?
– ¡Ay, tan linda! Doña Angélica hay un problema…
– ¿Cuál?
– Yo tengo novia.
– ¡Ay, qué dolor! ¿Y cómo se llama?
– Ana Milena.
– Deje a Milena y nos casamos, ¿sí?

 


GREGORIO BENAVIDES

–Don Gregorio, ¿usted tiene nietos?
– Yo creo que María Antonia debe de tener una niña o un niño.
– ¿Usted los conoce?
– No, pero están por venir.
– ¿Cuántas veces han venido a visitarlo?
– solamente han venido una vez, fue el mismo día que me trajeron acá, desde ese día los he estado esperando.

 


ROSA HELENA BENJUMEA

– Doña Rosa, ¿usted tuvo hijos?

– No, nada, por solita, yo vivía solita en una casita, una casa que era prestadita.

 


Doña Rosa murió poco tiempo después...<

 



Por: ESTIVEN POSADA | Estudiante de Comunicación de la Universidad de Antioquia
 

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Milena Zuluaga octubre 24 de 2017

Que lindo gesto hacer un rato ameno a quién en su soledad acompañada de sus semejantes, se consumen en la espera de una visita, ya sea del quien les ama o de la parca

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