octubre 11 de 2017

Tumaco, el gran desafío del posconflicto

Por: Yesid Lancheros

Si hay un municipio en Colombia que pondrá a prueba la capacidad del Estado en el posconflicto, luego del desarme de las Farc, es Tumaco.

En las últimas horas, la tensión en esa población nariñense ha venido aumentando tras la muerte de seis campesinos, en hechos que podrían comprometer directamente a la Policía, según la Defensoría del Pueblo. Los labriegos protestaban por la erradicación de los cultivos de coca y, en medio de un choque con uniformados, se desató un tiroteo.

Este domingo, además, se denunció un ataque de la Policía a defensores de derechos humanos y periodistas que se dirigían a la vereda El Tandil, de Tumaco, el lugar donde murieron los seis campesinos.

Ambos hechos han puesto de nuevo los reflectores de los medios sobre Tumaco. Y la verdad es que allí confluyen, como en ningún otro lugar del país y desde hace años, todos los problemas posibles que una sociedad pueda enfrentar y que, con urgencia, el Gobierno debe entrar resolver. Y está en mora.

El combustible que lo mueve todo es la coca. Con unas 23.000 hectáreas sembradas, Tumaco tiene hoy la mayor concentración de cultivos ilícitos en todo el país. La mata llegó a la región a finales de los años 80 y los líderes del pueblo, con quienes conversé durante un viaje periodístico en el 2013, cuentan que se propagó por tres razones fundamentales: la tierra es fértil, hay una crisis del agro y se ha visto el dinero fácil y en abundancia.

Aparte de esas tres variables, Tumaco está en una posición geográfica muy estratégica, en la costa Pacífica, desde donde parten lanchas rápidas con cargamentos de droga rumbo a las costas de México, donde los alijos son comercializados con carteles como el de Sinaloa. En medio de ese contexto, centenares de jóvenes del municipio, ante la falta de oportunidades, terminaron trabajando al servicio de toda clase de organizaciones criminales.

En la larga lucha contra el narcotráfico en Tumaco, la frontera con Ecuador dificulta aún más cualquier  tarea. Por ejemplo, en su momento las avionetas – por respeto al vecino país- no podían fumigar con glifosato dicho territorio, pese a la notoria presencia de cultivos ilícitos.

En Tumaco, hasta antes del acuerdo de paz, las Farc controlaban buena parte de este millonario negocio de la droga, a través de la columna móvil Daniel Aldana, que asesinó, secuestró y extorsionó por años. Ahora, con su desarme, bandas de narcotraficantes y criminales se disputan la coca, y hay que recordar que en la región también ha hecho presencia el Eln y los paramilitares.

Pero ni las fumigaciones con glifosato ni los planes de sustitución voluntaria, que vienen promoviendo las organizaciones campesinas, han dado los resultados esperados en años recientes. “La coca no tiene competencia”, advierten líderes de la región, que saben las enormes diferencias entre las utilidades que deja sembrar una hectárea de coca y una de cacao.

Ahora, en medio del posconflicto y fruto del acuerdo de La Habana, el Gobierno apuesta principalmente por la sustitución forzosa, aunque se ha señalado que algunos campesinos mantendrán la voluntaria.

Sin embargo, el reto no es la coca en sí misma, sino el olvido al que el Estado ha sometido a Tumaco. El Gobierno no se ve y es ahí donde está el verdadero desafío del posconflicto. Que el Gobierno llegue a todas aquellas regiones que jamás atendió y que terminaron sometidas a los vaivenes de la guerra. Pero que dicha atención no obedezca a una coyuntura, sino que perdure en el tiempo.

Cuando uno recorre Tumaco siente la pobreza en cada esquina. Hay una falta generalizada de redes de acueducto y alcantarillado, la desnutrición es crónica en los niños y, durante años, los habitantes sufrieron el control territorial de guerrilleros y paramilitares, quienes se repartieron barrios enteros e impusieron leyes de terror.

La palabra de moda en el país, con el desarme de las Farc, es el posconflicto. Y esa expresión debemos entenderla como la gran oportunidad del Estado para llegar a municipios como Tumaco, y recuperarlos con inversión social. Que se note que hay Gobierno. Que hay recursos para salud, educación, vías, infraestructura y empleo. 

Esa será la única forma de poder pasar la triste página del conflicto armado en muchas regiones olvidadas de Colombia.
 

YESID LANCHEROS | @YesidLancheros
Director informativo Canal Capital

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