Ángel María, el líder del Ariari que no aparece

junio 11 de 2019

La desaparición de un líder comunal no ha dejado que la tranquilidad plena llegue a esta región del Meta. Los grupos armados y las amenazas a líderes sociales en la zona son el pan del día a día..

Ángel María, el líder del Ariari que no aparece

| El 1 de julio de 2016 fue la última vez que vieron al líder por el pueblo | Por: Archivo particular


Por: Santiago Ramírez Baquero


Seis meses antes de desaparecer Ángel María Muñoz se bautizó en la iglesia evangélica. “Buscó su espiritualidad”, confiesa la testigo del sacramento. El último día que lo vieron fue cuando se reportó ante un paisano al que le supuestamente dijo que también tomaba bus para Granada, pero con otra empresa de transporte porque había comprado el tiquete con anterioridad. Dicen, entre las calles destapadas de Vistahermosa, Meta, que nadie más volvió a saber de él.

Se esfumó de ese municipio del Ariari, por ahora, sin dejar ninguna pista de su paradero.

Hay dos versiones según los habitantes del municipio. La primera es que el presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Alto Guapaya salió de su casa a una reunión rumbo a Granada, al norte. La segunda, que ese día el destino final era Bogotá, por lo que Granada sería un paso obligado para tomar el bus hacia Villavicencio, rumbo por la vía al llano hasta llegar a la capital.

El presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Alto Guapaya salió de su casa a una reunión, es uno de los líderes sociales más reconocidos de la zona. Desde ese 1 de julio de 2016 nadie más volvió a saber de él.

La defensora de derechos humanos que cuenta la historia de Muñoz mira hacia todas las direcciones, mueve los ojos rápido y no se le escapa ningún movimiento de su escolta, que charla con un hombre a escasos 10 metros de la entrevista, como si no conociera a su protegido, y hace paneos por las esquinas.

– En Vistahermosa hay aproximadamente 70 líderes, muchos están corriendo peligro – dice antes de comenzar a narrar los cambios recientes que ha tenido que vivir la población: de una tranquilidad corta e inconsistente al nerviosismo de que regrese el ambiente de años pasados que se creía solo estaba allá, en el pasado.


 

La región del Ariari no ha respirado una tranquilidad plena, ni siquiera durante el proceso de paz, pues estructuras paramilitares y disidencias se han tomado las zonas que dejaron las Farc © Santiago Ramírez Baquero 


 

La región del Ariari, una basta zona que cubre buena parte del Meta, está viendo cómo la violencia sube de temperatura. La zona sur era un territorio en constante disputa entre paramilitares y guerrilleros de las Farc. Una vez se hizo el proceso de dejación de armas y comenzó el de reincorporación, los terrenos abandonados por la extinta guerrilla se han ido ocupando con hombres del ELN y paramilitares.

Pero la tranquilidad no es incesante.

“Mi mamá, cuando esto estaba super caliente, andaba con un hombre armado. Yo sí sentía que ese señor andaba en algo raro, pero nunca lo supimos del todo bien. Lo mejor que nos pudo pasar fue que a ese señor lo mataron, así volví a estar tranquila de que mi mamá y yo no pertenecíamos a ningún bando”, narra una mujer que afirma que los asesinatos están regresando.

Hasta hace tres meses la Fiscalía volvió a llamar a líder social que denunció la desaparición de Ángel María Muñoz. Han pasado casi tres años, y llamaron al denunciante para pedir más información del caso. Pero no hay nada más. Las cámaras registraron que Muñoz estuvo en el parqueadero de donde salen las flotas de la empresa La Macarena, nadie sabe si se subió o no. Ese es el último registro. Se dirigía a Granada, hacia el norte.

— Fue como si se lo hubiera tragado la tierra – desvela Nilsa*, una líder social, que conoció a Muñoz.
 


 

Por el puente Alcaraván, la entrada al municipio de Granada ya se puede cruzar en la noche. Pero en algunas zonas todavía imponen horario por limpieza social   © Santiago Ramírez Baquero 


 

De las 39 hectáreas de café que promovió sembrar como sustituto a la coca todavía queda la suya propia. Su familia —sus dos hijos varones y su esposa— regresó al Cauca, de donde eran, por miedo a otra pérdida traumática.

Muñoz es delgado, de corta estatura, trabajador que se mueve de un lado a otro, iba a reuniones, luchó por el medio ambiente e hizo parte de la mesa hídrica, donde abogó para que la extracción de hidrocarburos no llegara al municipio.

Tres meses antes de su desaparición logró convocar una marcha para ese fin.

“No pensaba en el yo sino en la comunidad y por eso era líder”, recuerda una mujer que confiesa su deseo por luchar por los derechos humanos y el miedo que le impide hacerlo por temor a la muerte. “Ángel María pasaba necesidades”, alega. Opina que a veces la comunidad abusó de él y se sacrificó incluso por cosas que no tenía que hacer, era por su don de líder.

 


 

En Vistahermosa muchos conocen a Ángel María Muñoz, estas son unas de las pocas fotografías que fueron expuestas durante la marcha que exigía su pronto regreso, 20 días después de saber que había desaparecido © archivo particular


 

Las nuevas amenazas han vuelto. Por los barrios de El Bosque y Villas de Granada —que quedan a pocos metros de la base militar de Granada— no se puede salir después de cierta hora, según lo que diga el panfleto más reciente. Volvieron las llamadas extorsivas a los comerciantes. En las calles se dice que los taxistas volvieron a pagar vacuna y uno de ellos, que se negó, terminó incinerado en su propio vehículo.

Hay líderes sociales que se sienten amenazados por la fuerza pública por sus cuestionamientos a la alcaldía y sus contratistas, y desconfían cuando ven rondando a militares por el casco urbano. En San Martín dicen que otra vez se está volviendo un centro de operaciones paramilitares donde están las cabecillas, sin rostro y sin nombre.

 

La busqueda espantosa
 

Un número importante de líderes sociales que le han apostado a promover los acuerdos de paz se sienten amenazados © Santiago Ramírez Baquero


 

Llevaba 15 días sin aparecer. Una amiga suya fue a la policía, luego la mandaron a la alcaldía para que finalmente dijeran que eso lo tenía que poner en la inspección. “Me cogieron como tonta de aquí pa allá y de allá pa acá, hablé con un concejal y se puso serio y me ayudó”, cuenta. En la Sijin le recibieron la denuncia.

En el comando de Policía le exigieron que tenía que tener el documento de Ángel María, había un documento en la alcaldía y buscando entre papeles dieron con una copia del documento. “Me recibieron la denuncia y ya, hace 4 meses me llamó una fiscal a indagar a ver qué más sabía, pero no sé nada más”

– La tierra se lo comió. Me gustaría que me mantuvieran informada a ver qué ha pasado, queremos saber qué ha pasado – dijo la mujer, inundada por el desespero.

Las fotos de Ángel María existen gracias a que entre las gestiones que hizo logró conseguir equipos para hacer contenidos de comunicación de la vereda Alto Guapaya. No soltaba su cámara digital, y las tomas que hizo dan cuenta de su compromiso como líder. Hay pancartas, marchas, retratos y reuniones.

La cámara se fue con él. La cámara también desapareció.

“Llevaba la cámara en su bolsillo. Nos estaban aprobando un proyecto con Usaid de café y cacao. Eso se perdió, porque él era el gestor y las entidades no nos creyeron. Pensamos que nos iban a quitar varios proyectos. Pero afortunadamente no nos dejamos, tenemos el legado de nuestro líder”, recordó la profesora Melina, quien le ayudaba con su trabajo como presidente de junta.

 


 

«La tierra se lo comió. Me gustaría que me mantuvieran informada a ver qué ha pasado, queremos saber qué ha pasado»


 

En los archivos que tiene solo existe una foto impresa porque lo estaba buscando en Bogotá. Le llegó el rumor de que estaba en hospitales, en la morgue, en los anfiteatros.

Melina visitó cada uno de los hospitales de la ciudad, con un oficio en mano de la fiscalía que le daba autorización para entrar a los cuartos fríos donde yacen los cuerpos. Siempre con papel y foto en la mano pudo acceder a ver si el cuerpo de Ángel María estaba.

“Había un Ángel N.N., había demasiados N.N.” Estaba en el hospital La Misericordia, pero él no era. Ángel María tenía dos tatuajes en su pecho: una rosa y un corazón.

A Muñoz lo habían robado en 2011 cuando estuvo en Bogotá, lo escopolaminaron y apareció en un hospital. Tenía un sobrino en Bogotá, publicaron fotos y recogió.

“Supusimos que le iba a pasar la misma historia. Esa vez apareció en el Hospital Simón Bolívar. Yo me fui todo el día buscando en ese hospital, buscando en todos los pisos. En el tunal, también”, trae al presente la mujer.

No siguió buscando más. “Llegó un hijo y si los hijos no hacen ese deber pues se hace muy difícil, hicimos una marcha nos colaboró con la comida, nos dieron para hacer banderas y ni por eso, ni por eso apareció”.

 

El ambiente en Vistahermosa no se ha calmado desde la desaparición, otros defensores de derechos humanos temen. Hace unas semanas llamaron al hospital de Vistahermosa cerca de la media noche pidiendo una ambulancia para la vía que conduce a la vereda Piñalito. Una vez en camino por la trocha, el teléfono volvió a sonar, la voz intimidante al otro lado de la llamada dijo que se trataba de un secuestro y pedían plata por el rescate. Uniformados del Ejército pudieron controlar la situación. Varios líderes aseguran que el nuevo director del hospital, alejado del círculo político del alcalde, está sufriendo los golpes de enemigos políticos.

 

La situación política tampoco está estable. Nilsa* dice que ha tenido que soportar amenazas e insultos cuando camina por las calle o las veredas, incluso recibió por redes sociales la amenaza de un cuñado de uno de los grandes contratistas de la alcaldía en el que pedía que quería “oír esa motosierra”.

 

— Nosotros sabemos lo que significa la motosierra en Colombia — dice con el esfuerzo suficiente para que la voz no se le quiebre en pedazos. “De inmediato puse la denuncia”.

 


 

«Había un Ángel N.N., había demasiados N.N.»


 

Estas son de las últimas fotografías del líder social © Archivo partiular


 

***
 

A los pocos días de que Ángel María Muñoz desapareció, una marcha salió a las calles para exigir su regreso, su aparición. Nunca dijo que lo habían amenazado, pero sí mantenía con mucho miedo. En los últimos días que se le vió por el pueblo se aseguraba de dormir en un lugar diferente cada noche. “Imaginamos que tenía algún tipo de amenaza”, aseguró una profesora cercana a él. Nunca explicó por qué no se quedaba en un mismo lugar.

Pronto se cumplirán tres años de su desaparición, y el avance es casi nulo. Muñoz está desaparecido. Cuando se le llama a su celular, registrado en una base de datos públicos de líderes de Vistahermosa, el teléfono suena.

Pero nadie contesta.

 


 

20 días después de su desaparición quienes conocen a Ángel salieron a las calles de Vistahermosa para exigir el regreso del importante líder social © archivo particular


 

¡Suscríbete!

Y recibe primero una selección de los mejores contenidos y novedades de SEMANA RURAL. Nada de spam, promociones comerciales ni cosas aburridas.

Ingresa el correo que más utilices, gracias por ayudarnos




¡Comparte!



Foto de perfil del autor del comentario






Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.