‘Anunciando la ausencia’: una obra de teatro para narrar la desaparición forzada

marzo 29 de 2021

Mujeres de Meta y Guaviare cuyos familiares fueron víctimas de desaparición forzada crearon el grupo de teatro ‘El Tente’ como una propuesta para sanar a través del arte..

‘Anunciando la ausencia’: una obra de teatro para narrar la desaparición forzada

| | Por: Alejandra González | Grupo de Teatro El Tente


Por: Ángela María Agudelo Urrego
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¿Cuántas vidas han de desaparecer para que estas tierras dejen de bañarse en sangre? —pregunta un personaje vestido de negro, con un velo sobre su cara— ¿Una? ¿Dos? ¿Mil? ¿Dos mil? ¿Cinco mil? Muchas, todas, ¿o cuántas más muertes indiscriminadas, muertos con dolientes, con nombres y apellidos?”. Se arrodilla, clama por justicia. Es alguien que siempre está cerca de la guerra y del dolor. Pregunta por qué debe seguir merodeando para recoger las huellas de las víctimas y el dolor de las madres. La obra apenas comienza y ya hay zozobra en el lugar. Para algunos, la mujer de luto representa a ‘La Muerte’. Detrás del velo está Alicia León, una mujer de Villavicencio (Meta), que desde el 2014 se unió con otras mujeres para hacer arte y memoria.

 

Alicia sale del escenario dejando sobre él las fotografías, algunas prendas de vestir y plantas que decoran el suelo. Permanece tras bastidores para acompañar a sus compañeras y escuchar, una vez más, sus historias. Nidia Mancera habla de Deiber Castaño, su hijo, que desapareció en el 2003 y de quien aún no tiene razón; Carmen Mora recuerda a su esposo, Silvio Tulio Romo,  llevado en contra de su voluntad por integrantes del Grupo de Inteligencia B2; Paulina Mahecha, expresa su anhelo de encontrar los restos de su hija Maria Cristina, asesinada por los paramilitares, y Gladys Montilla, conversa sobre su hijo Fabián Agustín Rozo, que desapareció a sus 18 años, en 1998. Cuentan quién era esa persona, qué hacía y qué le apasionaba. También sobre el día que desaparecieron, ese último momento en el que los vieron con vida y se rehúsan a olvidar. Exigen respuestas a esos interrogantes que, a pesar de los años, siguen sin resolver. ¿Dónde están? ¿Por qué se los llevaron?

 

Las cuatro son integrantes del Grupo de Teatro de El Tente, conformado por mujeres de Meta y Guaviare, víctimas indirectas de la desaparición forzada. Su nombre le hace honor al ave homónima, caracterizada por alertar ante cualquier perturbación y por proteger a los niños de cualquier mal. También fue una respuesta ante la cobertura e impunidad de la Ley de Justicia y Paz. Nidia, Carmen y Paulina se encontraron en el 2011, en las escuelas de formación a familiares de desaparición forzada que crearon el proyecto Nunca Más y el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, Movice, en el Meta.


Gladys y Alicia ingresaron después. Alicia entró en el 2014, cuando fue partícipe de una convocatoria  del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) para fortalecer algunas iniciativas comunitarias. Entró como el reemplazo de una compañera y encarna a 'La Muerte'. Con el paso de los años y de las exposiciones, cambió la connotación del personaje. Con ayuda de profesores de teatro, las integrantes del grupo decidieron que 'La Muerte' sería alguien reflexivo, que no arrebata la vida sino se pregunta hasta cuándo será testigo de la violencia, la barbarie y el sufrimiento. Alicia cuenta que la muerte no fue quien se los llevó; los asesinos, en sus palabras, “son las personas, los gobiernos…”.

 

Antes de ser una de las integrantes, Alicia admiraba el trabajo de 'El Tente'. Era seguidora del grupo y sentía familiaridad en los relatos de Nidia, Paulina y Carmen, pues también es víctima indirecta de la violencia. En julio de 1987, su primo Alberto desapareció. 
 

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Alicia interpreta a 'La Muerte' y es quien inicia la obra 'Anunciando la ausiencia'. En su monólogo, se pregunta por el cese de la guerra.

© Alejandra González


Entrar al interior de uno mismo es doloroso”, dice. A veces se le corta la voz, repite las palabras e incluso pide perdón si deja de hablar. Alicia tenía nueve años cuando Alberto desapareció. Era el mayor de dos hermanos y trabajaba como técnico electricista de motocicletas. Vivía en la casa familiar, en Villavicencio, con su pareja y su hijo de cuatro años. La falta de dinero parecía un problema difícil de resolver hasta que le ofrecieron un trabajo en Bogotá. Alberto le comentó a su familia, le compró un helado a su hijo y, junto a un amigo, tomaron un taxi. Se suponía que llamaría para contar cómo les había ido y para avisar que habían llegado bien, pero el teléfono de la casa nunca sonó.

 

De acuerdo con el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del CNMH, entre 1958 y el 2020 ambos departamentos suman 7.303 desapariciones forzadas entre 1985 y 2019 (Meta con 5.280 personas y Guaviare con 1.793). A nivel nacional, Meta es el segundo departamento más afectado, después de Antioquia que registra 17.229 víctimas. En cuanto a las víctimas indirectas, según cifras de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, hay 171.908 registros. Por su parte, Ricardo Villamarín, coordinador Macro Territorial de la Orinoquía de la Comisión de la Verdad, afirma que la región "tiene el 4,5% de la población nacional, pero tenemos el 9,5% de las víctimas del conflicto".

 

No estoy aquí (en el grupo) solo por mi primo sino por todas las personas que represento y que pasaron por lo mismo”, dice Alicia. Como ella, sus compañeras crearon y trabajan en 'El Tente' como abanderadas de una lucha colectiva. Por ejemplo, Paulina, Nidia y Gladys están por sus hijos y por las otras madres que siguen buscando; Carmen, por su esposo y por las mujeres que anhelan encontrar a sus parejas con vida. Alicia también recuerda a los amigos o conocidos que la guerra le quitó. Su familia abandonó su casa en Viotá (Cundinamarca) y huyeron al Meta. Unos se asentaron en Villavicencio y otros en Granada, pero la violencia los alcanzó. Algunos de los primos de Alicia fueron asesinados.

 

Otro problema ha sido la impunidad. El caso  de Alberto está en la Fiscalía y hasta ahora, con ayuda de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, iniciarán con las pruebas de ADN. Según datos del OMC y del Sistema Penal Oral Acusatorio de la Fiscalía General de la Nación, el porcentaje de impunidad en Meta alcanza el 99,82%, y en Guaviare el 99,74%. Además, también fueron víctimas de la estigmatización. Cuando la familia de Alberto denunció ante la Fiscalía o pidió ayuda a sus vecinos, les decían que no se preocuparan, que podía estar “de guerrillero, ‘para’ o traqueto”. Ante los comentarios, la tía de Alicia prefirió callar y conservar la esperanza. “Uno siente que se desprendió de la tierra y que anda por el aire, uno no sabe a dónde ir —cuenta Alicia—. A medida que va pasando el tiempo, uno siente el vacío. Preguntamos, pero llegamos a un momento en el que nos estancamos”.
 

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Las mujeres de 'El Tente' se han unido a los espacios de memoria y ciudananía. Cuando puieden salir a caminar, asisten a marchas a favor de la paz o del día del trabajo.

 

© Grupo de teatro El Tente


Al ser un grupo comunitario, El Tente no cuenta con apoyo gubernamental ni estatal. Si necesitan desplazarse, sacan el dinero de su bolsillo para costear los pasajes y los gastos del viaje. Cuando se presentan en algún lugar de la ciudad, deben caminar porque a veces no alcanza para el bus. Sin embargo, han contado con el apoyo de colaboradores, familiares y otras víctimas que reconocen su lucha y esfuerzos. Gracias a ello han logrado viajar y llevar a cabo asesorías psicosociales. ‘Anunciado la ausencia’ ha visitado colegios, universidades y teatros de la Orinoquía y otras regiones.

 

Cada presentación es una manera de hacer catarsis y de conectarse con el público. Más allá de escucharlas, Alicia y sus compañeras quieren que la audiencia entienda qué hay detrás de cada testimonio, quién eran aquellos que desaparecieron y por qué es importante hacer memoria. Esta obra nos permite unir nuestros corazones, transmitir lo que hemos vivido para que todos hagamos parte de la construcción de una nueva sociedad sin violencia —dice Alicia—. Sobre todo, para la no repetición para que esto no se vuelva paisaje”.

 

Cuando el telón baja y las mujeres hacen la venia, el público se convierte en una ovación. Algunos porque por primera vez se acercaron a sus historias, otros porque los relatos son conmovedores y reflejan el sentimiento de todo un país. En algunas ocasiones, un "gracias" se combina con lágrimas y abrazos. Los aplausos y las felicitaciones las impulsan a unirse aun más y seguir luchando. 


Esa fuerza colectiva inspira a Alicia a agradecerle a los colaboradores y a sus compañeras. También a Marta Castro Rojas y Amparo Buzato, dos de las fundadoras de la iniciativa que, luego de años de trabajo, decidieron crear otro grupo aparte. “El trabajo con el Grupo me ha enseñado que tener a nuestros familiares en la memoria es muy importante, no solo como una cifra sino que también se conozca su historia”, dice Alicia. Si describe a Alberto, deja el miedo a un lado y empieza a reír. Lo recuerda como ese primo gracioso, el que siempre tenía un chiste flojo para contar. También menciona los paseos de olla cuando era Navidad o querían celebrar una fecha especial; los ataques de asma que sufrían en el río y los mensajes de tranquilidad que le daba Alberto. “Tranquila, Alcirita —le decía, aunque a Alicia no le gustara tanto ese apodo—. No se preocupe que todo va a estar bien”.
 

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(En la imagen de la izquierda: de izquierda a derecha) Paulina, Nidia, Carmen y Alicia creen que el teatro y el arte son dos buenas maneras de hacer memoria y dignificar el recuerdo de sus familiares.
(En la imagen de la derecha) Años después de la fundación del grupo, Gladys se unió para dignificar la memoria de su hijo Fabián.
© Grupo de teatro El Tente


La pandemia detuvo las actividades del grupo y algunos eventos que ya tenían planeados. La mayoría de integrantes son mujeres de avanzada edad que debían guardar cuarentena, o que no podían acceder a Internet o manejar los equipos electrónicos con facilidad. Luego de muchos meses, en diciembre del año pasado se encontraron y conversaron sobre otros de sus proyectos artísticos: una línea de tiempo, para narrar las consecuencias de la violencia en la región; diálogos de memoria, para conversar en universidades e instituciones educativas; repuntadas de memoria, en el que realizan bordados y muñecos, y los encuentros de memoria, espacios de sanación y respeto en los que también tratan diversos temas como el cuidado del medio ambiente.


Esas conexiones con el recuerdo y el arte que hacemos nos ayudan a sanar y liberar, a sentirnos fuertes —cuenta Alicia—. El arte es una forma de llegar a otras personas, de compartir, de expresar nuestros sentimientos. Por eso, también le apostaron a la escritura. Cada mujer tiene su propio diario o cuaderno de apuntes para escribir los nombres o las fechas que se niegan a olvidar. A veces, las leen durante la obra de teatro. Alicia utiliza la suya para escribir algunos datos, recuerdos de su infancia y la fecha de su último encuentro con Alberto. 
 

Parece una paradoja, por el personaje que interpreta, pero cada vez que Alicia está en el escenario vuelve a la vida. Está junto a Nidia, Carmen, Paulina y Gladys, sus compañeras con quienes comparte un camino de lucha y arte. Aún no sabe cuándo ni dónde será la próxima obra, o cuando pueda volver las reuniones presenciales del grupo. Pueden ser en un colegio, en la plaza de Villavicencio o en otra ciudad del país. Tiene la certeza de que volverá a hacer arte en honor a Alberto, a sus amigos víctimas del conflicto y a los otros colombianos que han desaparecido. Siempre encuentra fuerzas para salir, decir su monólogo y continuar con su lucha. "Hemos aprendido que la gran fortaleza es el corazón, que palpita y que siente esa conexión al ver que el público nos escucha y se queda con nuestros mismos interrogantes. Los aplausos, el llegar y abrazarnos después de la obra nos ha hecho llorar. Volvemos a la vida.


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