¿Cómo tejer con las manos atadas?

abril 24 de 2020

Los artesanos viven días difíciles. Su oficio, siempre vulnerable, corre más peligro que nunca. Los ahorros de Saturia, Alba, Miguel y Silvino se agotan y kilos de lana se quedaron sin vender.

¿Cómo tejer con las manos atadas?

| De izquierda a derecha: Hilda Patiño (vereda El Bosque, Firavitoba, Boyacá), Silvia Rincón (vereda El Pedregal, Sogamoso) y Rosa Molina (vereda Las Cintas, Sogamoso). | Por: Juan Sáenz


Por: Germán Izquierdo
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No sabe leer ni escribir pero nadie hila como ella en toda la provincia de Sugamuxi. Tiene 92 años, 16 hijos, 135 nietos, 73 bisnietos y un tataranieto. Se llama Ana Silvia Rincón y hace cincuenta años vive sola en una casa de adobe de la vereda El Pedregal. Desde allí, todos los martes se encamina hacia Sogamoso envuelta en aromas de albahaca, cidrón, toronjil y otras hierbas que lleva para vender en la plaza de mercado. Con lo que gana compra carne, frutas y, lo más importante, vellones de oveja. Porque los siete días de la semana, desde que el sol se asoma hasta que la noche cubre el paisaje, sus manos convierten manojos de lana en delgados hilos que luego se convertirán en guantes, gorros, cobijas y ruanas. 

 

Desde finales de marzo, por primera vez en más de sesenta años, Ana Silvia no va al mercado. Le han dicho que hay una nueva enfermedad que doblega a los ancianos y tiene a la gente viviendo de puertas para adentro. Cuando se lo recuerdan, contesta: Yo ya viví lo que tenía que vivir. Y si me tengo que morir, pues me muero. Para eso fue que nací. Y si me muero voy ganando, porque el que se muere va ganando”. Acepta el encierro a regañadientes. Extraña el brandy con leche que le ofrecían los comerciantes de lana y las largas charlas entre bultos de mazorca, papa y zanahoria. Hoy no le sobra ni le falta, pues se sostiene con las habas, cubios, papas, chuguas, rubias, maíz y demás frutos de su huerta. 

 

Otros artesanos, otras hilanderas, viven una situación crítica desde que la covid-19 llegó al país. De acuerdo con Artesanías de Colombia, en el país hay 31.000 hogares colombianos registrados en el Sistema Estadístico de la Actividad Artesanal. Esos hogares, cuyo sostenimiento está ligado al turismo, pasan días oscuros. Las artesanías no son artículos de primera necesidad, pero detrás de la elaboración de cada una está el trabajo de familias enteras. 

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Ana Silvia Rincón siempre tiene el huso en la mano. Con humor, le llama “mi mozo”. © Juan Sáenz (@juansaenzphoto) y @tejidosrebanca

Una de las cerca de 2.000 artesanas boyacenses es Alba Rosa Sánchez, quien vive de hilar lana en Duitama. Tiene 66 años, y aunque sigue en su oficio, ya no le rinde como antes, pues mientras pone a girar la hebra de lana en el huso, la invade la angustia de no saber si mañana tendrá dinero para el mercado.No es llorado sino es la verdad. Mi situación es muy difícil. Yo vivo de lo que me dan mis tres ovejitas, y aunque mi hija vive conmigo, ella no tiene trabajo”, cuenta Alba Rosa, que pide ayuda al gobierno, a la alcaldía, a quien la escuche. Uno de sus clientes más fieles es Andrés Cristancho, un experto tejedor de ruanas y cobijas que desde hace un mes no ha podido comprarle lana. Andrés tiene un local en Nobsa llamado Lanas de Colombia. Hoy, según sus palabras, está “obligado a descansar”. Andrés no ha perdido el ánimo y confía que en diciembre la calle sexta volverá a iluminarse y los turistas regresarán a comprar la mercancía que se quedó sin vender en la Semana Santa más triste que recuerde el pueblo. 

 

A tres horas de Nobsa, en Cucunubá (Cundinamarca), considerada la capital nacional de la lana, vive Miguel Carrillo. Como él, sus bisabuelos, abuelos y padres fueron artesanos. Hasta hace quince días, Carrillo tenía recursos para comprar lana, pero como quien hala una hebra y desbarata un tejido, el dinero se acabó. Por eso cuando la semana del 10 de abril una hilandera de la vereda La Toma tocó a su puerta para venderle una pesa (625 gramos) de lana, cuyo valor es de 20.000 pesos, tuvo que decirle que no. Según Miguel, los artesanos que trabajan en la primera línea de producción, como las hilanderas, son los más afectados por la cuarentena. Viven afuera de los cascos urbanos, no usan redes sociales y su sustento depende de lo que venden puerta a puerta: lana, quesos, huevos. 


Andrés no ha perdido el ánimo y confía que en diciembre la calle sexta volverá a iluminarse y los turistas regresarán a comprar la mercancía que se quedó sin vender en la Semana Santa más triste que recuerde el pueblo.


 

Silvino Patiño, uno de los 135 nietos de Ana Silvia, es dueño de Tejidos Rebancá. Él y Francisco Gómez fundaron esta empresa que conjuga diseños modernos con las prácticas ancestrales del manejo de la lana. Rebancá es un referente en la región, no solo por la calidad de sus prendas sino porque ayuda al sostenimiento de quienes hilan la lana en varios municipios de Boyacá. Silvino confiesa que hoy trabaja “por inercia”. El colchón de ahorros disminuye y ya no es posible comprar más lana. Raquel en Corrales, Tránsito en Iza, Margarita en Paipa, Saturia en Pesca, Hilda en Firavitoba: todas ellas se esperan que llegue el día en que Silvino les compre su lana. 

 

Hilda es una de ellas. Vive en una vereda de Firavitoba, donde pasa la cuarentena. “Ya casi es mitad de año y no se ha visto la ganancia de nada”, dice esta artesana que, mientras hila la lana, echa coplas como esta: 

 

“Yo tenía mis ovejitas

 y se les cayó la lana 

me puse y las motilé 

y me salió una ruana”.

 

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El Cocuy es uno de los lugares con más ovejas en Colombia. © Germán Izquierdo

Cerca de Firavitoba, en Tibasosa, vive Omaira Bautista, directora de la fundación Amahia, que promueve la cultura y el comercio justo en la región. Esta gestora cultural cuenta que el sector de la artesanía siempre ha sido un renglón muy frágil de la economía: “enfrenta varios problemas: el desinterés de las nuevas generaciones que no quieren dedicarse a la artesanía, la baja remuneración y el hecho de que la mayoría de quienes lo ejercen son mujeres a quienes les pagan menos que a los hombres”. Omaira dice que la mayoría de quienes venden la lana reciben ganancias injustas. “El otro día una pareja de artesanos que viven en Iza de hilar lana vendieron la libra a $12.000 en Sogamoso, el transporte por barato les costó $7.000, ¿entonces qué les queda de todo su trabajo?. Así es muy difícil subsistir. Más ahora, cuando quienes les pueden comprar a precios justos no tienen recursos”.

 

A lo anterior se suma que muchos de quienes trabajan la lana no saben de redes sociales ni de ventas virtuales. Toda la vida han trabajado de la misma forma y es muy difícil que se adapten a nuevos canales de ventas. 

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Rosa Molina (vereda Las Cintas, Sogamoso). ©Juan Sáenz

Artesanías de Colombia realizó gestiones para que 2.649 artesanos recibieran el ingreso solidario, un auxilio que dispuso el Gobierno para mitigar los impactos de la covid-19. Además, la entidad identificó más de 2.200 grupos artesanales que pasan por situaciones críticas debido a la cuarentena. Pensando en ellos instauró la campaña ‘Artesano, estamos contigo’, que convoca a toda la ciudadanía a hacer compras solidarias o aportes en línea en la web artesaníasdecolombia.com.co. También se habilitó un canal de pagos directo.

 

El golpe a los artesanos es fuerte. Si ya venían trabajando desprotegidos, ahora afrontan una crisis económica de la que no se recuperarán fácilmente. Hoy, más que nunca, necesitan la ayuda de los colombianos. 


Entre tanto, en las montañas boyacenses las manos siguen hilando para embolatar a la incertidumbre y las ruanas permanecen arrumadas mientras se levanta la cuarentena. Y en la provincia de Sugamuxi, Ana Silvia sigue con el huso en la mano, esperando el día en que puede regresar al mercado con sus hierbas aromáticas y su ají recién molido. En su cabeza blanca, que cubre un sombrero de fieltro, lleva un pensamiento que no la abandona, la empodera y ha transmitido a su numerosa descendencia: “Donde hay lana, no hay hambre”. 


Si desea conocer el catálogo de productos y el directorio de artesanos adscritos a Artesanías de Colombia, puede acceder aquí


 


Si quiere consultar sobre algún producto en específico, puede escribir ventascorporativas@artesaniasdecolombia.com.co


 


 

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