Bailarines caleños, el talento que buscan los hoteles del mundo

octubre 31 de 2018

Jóvenes que han dedicado casi la mitad de su vida a bailar en las academias de Cali ya son talento de exportación en los mejores espectáculos de los cinco continentes. Una oportunidad para vivir del baile profesionalmente, pero también para cambiar la idea de progreso en los jóvenes caleños.

Bailarines caleños, el talento que buscan los hoteles del mundo

| Aproximadamente 100 colombianos viajan cada año a más de 72 países para ofrecer shows privado de baile. Los hoteles, casinos y cruceros son los principales clientes. | Por: Esteban Vega La-Rotta


Por: Ángela Palacios
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Cali es la capital mundial de la salsa y no es un título gratuito. En una ciudad con más de 120 escuelas de baile, que tiene su propio estilo en la salsa y reconocida mundialmente por ser el público obligado de los mejores intérpretes del género, es impensable que no sea una oportunidad de progreso para su gente. Hasta hace unos años,  ese título era rentable solo para buena parte de los empresarios y orquestas, pero gracias a la profesionalización de las academias, les llegó la hora a los bailarines.

Aproximadamente 100 colombianos viajan cada año a más de 72 países para ofrecer shows de baile, ya no solo salsa, en hoteles, casinos, cruceros, parques de diversiones, restaurantes, y otros establecimientos turísticos. Representan al país por medio del arte y mientras les pagan por hacer lo que más les gusta, ahorran, crecen profesionalmente, viajan por el mundo y tienen empleos formales con agencias de talento serias. Esto es una novedad en el negocio del baile profesional para Cali, pues dignifica el trabajo de los artistas locales a nivel mundial, y rompe de alguna manera el imaginario de que bailar es un hobby o un oficio mal remunerado. Hoy, más de un centenar de escuelas de danza se compiten, ya no solo por el reconocimiento, sino por acceder contratos internacionales. La industria de la salsa caleña cambió, y eso les abrió escenarios de talla internacional a los bailarines como Broadway y Disney World París.

 


«Hay quienes pagan un show con un sándwich y no tienen en cuenta que se trata de algo profesional, por eso nace Colombia All Stars Entertainment (CAS), con el fin de abrir un abanico de oportunidades a jóvenes bailarines para que comprendan que el baile es un trabajo que merece tanto respeto como el de un ingeniero o un odontólogo».

 JOHANNA AGUDELO , fundadora de CAS y productora de viajes.


 

Antalya, en la costa mediterránea del suroeste de Turquía, fue uno de los primeros lugares donde empezó a llegar el talento caleño. Es una  ciudad que por sus playas, balnearios y parques es atractiva para los turistas extranjeros que, según datos oficiales del Ministerio de Cultura Turco, se contaron en 32,4 millones durante 2017: el segundo destino preferido después de Estambul. Johanna Agudelo, fundadora de CAS y productora de viajes, cuenta que “allí se pueden encontrar hasta 10 hoteles en una calle donde el 95% de los turistas proceden de distintos lugares de Europa". Esto ha hecho que la demanda de bailarines sea tan alta que hoy se cuentan por lo menos 800 en esta ciudad.

Gina Mina es una de ellas. Lleva casi seis meses en Turquía y tiene claro que haber viajado como bailarina profesional fue una experiencia gratificante y de crecimiento personal. “He sido independiente y he aprendido a convivir con personas extrañas, con comodidades diferentes, un clima variable y una lengua que no domino”, resalta.

El proceso fue difícil, pues había dejado de bailar hace un buen tiempo y una academia le dio la oportunidad de ensayar, corregir estilos y viajar junto a 11 colombianos más para presentarse en diferentes hoteles y barcos en Antalya. Es el mismo caso de otros caleños que han llegado a Estados Unidos, Brasil, Puerto Rico, México, Jamaica, Panamá, España, Italia, Israel, República Dominicana, Curazao, Ecuador, Sudáfrica y hasta China.

 

 World of Artists ha viajado junto a los bailarines de Constelación Latina a China, Israel, Brasil, Italia, Estados Unidos y Dubai. © WORLD OF ARTISTS (izquierda) | GINA MINA (derecha)


 

Un negocio que exige constancia

Exportar el baile caleño ha sido un esfuerzo gigantesco en tiempo y dinero tanto para productores como para bailarines. Cuando Johanna Agudelo comenzó con CAS, tuvo que hacer un estudio empírico de mercadeo en el que mapeó a los países con mayor afluencia de turistas, los hoteles y las oportunidades de negocio de cada lugar. Solo para cerrar acuerdos en Turquía tuvo que viajar ocho veces con créditos estudiantiles y préstamos familiares para convencer a los turcos de invertir en talento colombiano. La retribución tardó pero llegó, y ha cerrado más de 70 contratos.

Los artistas viven sus propios retos. Las pruebas son más exigentes conforme llegan audiciones más complejas. Algunos de los ritmos que deben conocer, además de la salsa, incluyen samba, son cubano, hip-hop, dance hall, tango, jazz, comedia musical y pop.

Karol Ramírez es una bailarina de 24 años que, aunque lleva 10 de carrera artística, no creía que pudiera vivir únicamente del baile y por eso trabajaba y estudiaba. Cuando vio a sus compañeros partir al exterior participó en dos convocatorias a Turquía y a Vietnam. Después de seis meses de ensayo, nada se concretó.

La cancelación de los viajes no es común, pero pasa. Depende de cada país y también de la realidad inmediata de cada bailarín. Una contratación puede terminarse por temas de seguridad, como los atentados de Turquía o por la guerra en Siria, por embarazos de las bailarinas o porque es difícil para algunos jóvenes tomarse en serio el proyecto y abandonan los ensayos por razones de menor importancia.

Por eso algunas productoras, además de preocuparse por que sus bailarines tengan la técnica que se requiere para ejecutar los shows, los educan para que entiendan el nivel de responsabilidad que implica aceptar estos contratos, los asesoran en temas jurídicos y tienen coach y psicólogos para hacer que los procesos sean exitosos.
 

 

Este es el showreel que la empresa CAS muestra a hoteles y casinos en el extranjero para que conozcan el show que prometen. 
 

Así es un viaje

El solo hecho de viajar significa para muchos de los bailarines caleños la oportunidad de montarse por primera vez en un avión, conocer el mar, vivir solos y recorrer otro país, por eso no se rinden al primer intento fallido. Tres negativas no fueron suficientes para Karol, quien siguió buscando proyectos y finalmente se fue para Shenzhen, al sur de China. Dejó su trabajo y la universidad.

 


«El contrato a China inicialmente era por dos meses, debíamos hacer cinco o seis espectáculos por día, cada uno de cinco minutos en un parque de diversiones. Descansábamos una vez a la semana y recibíamos al mes 850USD (2’700.000), libres de alimentación y hospedaje. A los empresarios chinos les gustó tanto nuestro trabajo que extendieron el contrato un mes y quince días más»

KAROL RAMÍREZ


 


El tipo de contrato depende de la cantidad de bailarines que viajen, las exigencias del show, o los vestuarios. Por lo general, las etapas del viaje tienen un período de audiciones. CAS, por ejemplo, prioriza a sus bailarines y si estos no son suficientes o aún no están preparados, convocan artistas externos. Luego vienen hasta 10 extenuantes semanas de ensayos y enseguida la producción para comenzar a viajar.

Cada show dura unos 45 minutos. El pago por mes va desde 1’500.000 para los bailarines con menos experiencia, hasta los 7’450.000 para los de mayor trayectoria. Este dinero es practicamente libre para el artista, pues el empresario asume el alojamiento, la alimentación y el transporte.

El negocio es tan versátil que los bailarines han empezado a viajar por su cuenta. Oscar Feijoo se enteró por unos amigos que era posible bailar en cruceros por todo el mundo, y ya completa dos años recorriendo los cinco continentes.
 

Karol Ramírez viajó a China y quiere seguir recorriendo el mundo gracias al baile. © WORLD OF ARTISTS
 


Entre

$1’500.000 y 

$7’450.000


es lo que pueden llegar a ganar al mes los bailarines de salsa en el extranjero.
 

«Este viaje me ha permitido aprender mucho, diferentes idiomas y otras culturas. Además, me ha ayudado a valorar a mi familia, que tal vez es una de las cosas más duras de estar lejos. Yo perdí a mi hermano mientras estaba viajando, había hablado con él 20 minutos antes de que saliera de la casa y le quitaran la vida. Es difícil no haber estado allí para decirle a esa persona cuánto significaba para mí».

OSCAR FEIJOO


 

De ahí que este bailarín haga que cada paso y acrobacia lejos de su Cali valga la pena. “Hay gente que nos ha dicho a mi pareja y a mí que venimos de otro planeta. Salen del teatro del crucero y quedan paralizados, pensando en cómo es posible que no se nos vean los pies de lo rápido que los movemos. Eso y despertar cada día en un país distinto es una experiencia gratificante”, comenta Oscar.

Yurany Sepulveda es otra bailarina que se fue por su cuenta a Aruba y ahora hace parte de un show reconocido en seis hoteles de la isla. Es la única caleña dentro del espectáculo y ha podido incursionar con sus acrobacias salseras en los shows circenses.

“Volvería a hacer el viaje una y mil veces porque me ha ido muy bien. En Colombia no estaba enfocada y además se me hacía muy difícil pagar cosas, mientras que aquí con mi trabajo lo estoy haciendo sin ningún problema. Estoy ahorrando para poder montar mi propio negocio en unos años, comprar una casa en Colombia y traer a mi mamá y a mi abuela de visita a Aruba”, anhela Yurany.

A pesar de la distancia, y de lo que implica vivir en otro país, el espectáculo de bailarines caleños se ha convertido en una oportunidad en la que ahora todos ganan. Los empresarios locales pagan mucho mejor, los extranjeros ofrecen condiciones dignas a los artistas, las academias de baile se volvieron canteras profesionales y el talento colombiano se internacionaliza. Además, esta carrera se ha convertido en la salida para cientos de jóvenes de barrios populares como El Vergel, El Poblado, León XIII, Alto Polvorines, La Pradera, en Cali, una ciudad que está aprendiendo a valorar el talento que nace de su patrimonio cultural.

 


POR: Ángela Palacios | Periodista de turismo
@AngelaPalaciosG


 

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