El historiador que puso en el mercado la ‘camiseta de la discordia’

enero 24 de 2019

El pasado domingo 20 de enero, Colombia volvió a polarizarse, esta vez por cuenta de una camiseta que decía ‘No a la guerra de Duque Uribe”. El mensaje se convirtió rápidamente en un símbolo y la camiseta en una prenda apetecida. Hablamos con el bogotano que en menos de 24 horas supo amplificar ambas cosas.

El historiador que puso en el mercado la ‘camiseta de la discordia’

| Santiago Reyes, historiador de la Universidad Javeriana. Desde 2017 vende camisetas a pedido. | Por: Laurasofía Polanco


Por: Laurasofía Polanco
@SonrisaDeLima

En la mañana del 17 de enero, Santiago Reyes pensó que el estruendo que sintió en su casa, al sur de Bogotá, lo había producido la caída de un árbol. Cuando encendió el televisor se dio cuenta de que el ruido que sacudió su cuarto fue el estallido del carrobomba en la Escuela General Santander, a pocas cuadras de su vivienda. Tres días después, el domingo, en algún lugar de Medellín, el joven Alan Garzón decidió unirse a la marcha contra el terrorismo, pero con su propio mensaje pintado con vinilo escolar en una camiseta: ‘No a la guerra de Duque Uribe’. El resto de esa historia se volvió tema nacional: el muchacho fue separado de la manifestación en medio de agresiones e insultos de todo calibre, uno de ellos muy recordado: “Te quitás esa camiseta o te pelamos”, le espetó un señor salido de sus cabales. Las historias de estos dos colombianos se encontraron en esa camiseta.  

Todo empezó el domingo, Santiago Reyes, historiador de la Universidad Javeriana, recibió por WhatsApp un mensaje que le dio un giro a su fin de semana: “¡Mire la camiseta que hizo ese muchacho! ¿Me hace una?”, me dijo una amiga. Comencé a hacer el diseño y me quedó igual, se la mostré y ella me dijo que le vendiera una”. Era un momentum que Santiago Reyes no sabía muy bien cómo pilotear, pero sospechó que lo siguiente debía ser postear la camiseta en las redes sociales de su emprendimiento, Rey Oso TShirts, la marca de camisetas que creó a finales de 2017 junto a su hermana. Vendió la primera camiseta el mismo domingo.

Esa misma noche, las redes sociales de la marca se desbordaron en likes, reacciones, comentarios y encargos de Popayán, Medellín, Bucaramanga y hasta de Francia, incluso el senador del Polo Democrático Iván Cepeda compartió el post, como dándole la bienvenida a ese nuevo lema que para ese momento ya era uno de esos insights de la cultura popular que rastrean los publicistas. La camiseta de la discordia ahora la querían vestir miles de colombianos.

De pronto, Reyes se halló estampando la tendencia nacional en algodón 100% hecho en Colombia. Todas las tallas, 25.000 pesos y envíos a todo el país. Su inbox se llenó de halagos e insultos por cuenta de su nuevo producto, al que acusan de ser hijo del capitalismo tardío, de sacarle provecho comercial a ideas ajenas, hasta alguien le escribió que “estaba mercantilizando las causas nobles”.  Hablamos con él para hablar de eso, pero también de su visión como historiador. Después de todo, es testigo de cómo el estampado de una camiseta podría resumir un capítulo completo de la historia reciente del país.

 

Los diseños de referencias son imagenes freaks, geekys o según la descripción del cliente. © LAURASOFÍA POLANCO


 

Dígannos la verdad, ¿se está haciendo millonario con la famosa camiseta?

En realidad esto es un negocio personal, un rebusque. Pues, uno que es historiador…. El rebusque en el que uno tiene que tener muchos trabajos y esto es como otra entrada. Ocasionalmente hago tours para extranjeros en el centro y asesoro investigaciones de doctorado. Con las camisetas empezamos con mi hermana en la navidad del 2017. Al principio eran diseños de referencias muy jodidas, como muy freaks, muy geekys, de los Simpson o para conciertos. Amigos que trabajan en los medios y son como famosos me compraron camisetas, entonces la gente comenzó a decir “Ay ¿esto de dónde salió?”. Como era año de elecciones dije “sacar algo de las elecciones no estaría mal”. La gente comenzó a hacer encargos de, por ejemplo, una camiseta que dijera “A mi no me mire, yo no voté por Duque”, como las que salieron en Estados Unidos que decían: “Hey, no voté por Trump”. Al final una camiseta es un mensaje ambulante que la gente tiene en la ropa.

A usted le han dicho muchas cosas en redes, y dentro de las negativas hay una que se repite: que está haciendo negocio con la idea de Alán Garzón…

En realidad es un homenaje a lo que él hizo. Nos hemos dado cuenta día tras días que lo que hizo Alán, inconscientemente, lo convirtió en un ídolo contra la guerra. Además, que lo hizo en Medellín dónde el uribismo es más marcado, más regional. Es curioso, porque eran 100.000 impresiones de twitter e Instagram pero realmente la gente que ha llegado a pedir es muy poquita. Entonces no hay como el ‘mega negocio’, o que yo me esté haciendo rico, para nada. La idea es darle un sentido de homenaje a lo que hizo Alán. Es un héroe. Tiene 17 años y ya, en 100 años nos vamos a acordar de él y de su acto de resistencia a la guerra.
 

 

Este es el tweet promocionando la camiseta. 


 

¿No cree que vender mensajes políticos puede banalizar las causas?

Eso depende, porque hay causas que no aguantan una mercantilización. En eso hay que ser muy claro. No se puede hacer mercadeo con las víctimas del conflicto, por ejemplo. Eso es algo que se ha hecho y que excede los límites de la política, digamos. Tampoco debería hacerse con las causas contra la violencia de género. En Twitter contaba un caso en Argentina de una marca ya posicionada que sacó una camiseta, en una polémica en caliente, de un actor al que acusaron de acoso sexual y salieron con una camiseta sobre eso, la vendían carísima. Obviamente todo el mundo se le vino encima a esa marca, que le tocó retirar el producto y salir a disculparse. El asunto es que el activismo como forma de sustento, de sobrevivir, es válido, pero hay causas de causas. Hay causas que se resisten a la mercantilización y ya es una cuestión muy ética que hay que respetar. Hay cosas que no se tocan.

 

Usted sabe que muchos jóvenes se cuelgan de estas causas para volverlas tendencias, ¿No puede pasar que se menosprecie lo serio del asunto y se vuelva algo como “esas cosas de los jóvenes”?

Según lo que he leído, Alán no ha salido del colegio y en Instagram tiene como 3.000 seguidores. Hacia allá va el asunto, es una cosa casi futurista. Es un chico de esta época. Cuando yo tenía 17 años habría hecho lo mismo porque desde pelao me interesaba la política, pero no habría ganado el interés nacional. Eso no es algo infantil. Me parece mejor que los jóvenes se interesen por la política. Hace años en algunos países existió la polémica del voto a los 16 años, la discusión era: “los chicos a los 16 años no saben dónde están parados”, pero ¿sí es bueno que un pelao de 16 consuma y vea comerciales de Cartoon network, Discovery Kids o incluso youtube y no participe en política? Hacer política no es necesariamente apoyar a un político, puede ser hacer trabajo comunitario o meterse y preocuparse por los problemas del barrio, eso es participación política. Así que, ¿un joven de 17 años no debería hacer eso? Mejor que un muchacho participe en política, porque luego va a definir también lo que quiere, si quiere paz y vivir sin problemas en Colombia.


 

La camiseta se puede pedir a través de las redes sociales de la marca. © LAURASOFÍA POLANCO


 

¿Ya habló con Alan Garzón?

No. Pero me gustaría hablar con él para hacer un acuerdo con un amigo que está empezando un negocio de criptomonedas, una tienda de bitcoins. Por ahí podríamos hacer algún arreglo para que a Alán le llegue una parte de la ganancia de cada camiseta en criptomonedas y eso lo puede cambiar a pesos.


Esta vez le tocó a Duque y Uribe, y usted está del otro lado, ¿pero si le encargaran una camiseta con la que no estuviera de acuerdo igual la estamparía?

Si, digamos, me llega una camiseta que de pronto está en contra de mis principios…pues depende. Hay gente que me ha pedido una que diga “El ELN es terrorista”, yo digo “bueno, pero le sale carísima”. Esa sí le va a costar $80.000 o $100.000. En la cuestión ética personal, una camiseta con eslóganes muy controversiales, que hagan apologías a grupos que han hecho cosas terribles pues hasta allá no lo hago. No es la idea.


¿Qué les diría a las personas que piensan que convertir en un símbolo esta camiseta polariza más a Colombia?

Aquí tengo que sacar la labia de historiador. Hay dos formas de ver la política: polarizar y politizar. Al final, esos dos conceptos son la misma cosa. La politización es que uno dice “Hace 20 años, cuando era niño, la sociedad no estaba polarizada”. Eso es mentira, la politización es diaria, permanente, la vida de la gente es pura política. “¿Tomamos un café o un té?”, ahí ya hay política, si vamos para un lado o para el otro. La vida de los seres humanos es política pura. Igual cuando se usa la palabra o expresiones “Yo soy de derecha, de izquierda o de centro”, o que la persona diga que es progresista. Por ejemplo, yo me considero progresista (no del partido de Petro), sino en la idea general. La politización hace parte de la vida natural, solamente que se pone en evidencia en momentos donde se vuelve una situación social controversial.
 

Pero igual la camiseta aviva la controversia…

Para serte sincero, con todo lo que vivimos en Bogotá y en Colombia el grado de politización no es tan grave. Yo creo que la gente se mata más por un partido de fútbol que por ideologías políticas. Las causas de muerte en Colombia por lo general son riñas, accidentes, violencia intrafamiliar, y la política debe estar como en el número 15.  Que en la mesa no se hable de política ni de religión, pero entonces tampoco no hablemos de fútbol, no hablemos de reinas, no hablemos de cine, pues no hablemos de nada porque al final todo es político.

 

La camiseta tiene un costo de $25.000. © LAURASOFÍA POLANCO


 

¿Por qué compraría usted su propia camiseta?

Creo que las personas que lo hacen, lo hacen por convicción de: “Oiga sí, el mensaje es muy fuerte”. Y lo es, Alán le puso nombre a esa convicción. Es un mensaje muy fuerte de respaldo a lo que él hizo, es decirle: “oiga, usted no está solo”. Dicen que somos 45 millones, digamos que hay 20, 25 o 30 que no quieren conflicto ni violencia. Yo creo que la gente es consciente de eso, del apoyo simbólico. No solo es por mi sustento, el mensaje es que él no está solo y hay muchos que lo apoyamos en su mensaje.

 

¿Por qué la puso la camiseta a 25.000 y no a 15.000 o a 45.000?
 

Yo creo que al final si un mensaje en contra de la guerra crece es lo mejor. Imagínate que yo hiciera una camiseta que dijera “más plomo” -una de las imágenes que también dejó la marcha del domingo- yo por lo menos no le hago a eso. Un poco como lo que pasa con las camisetas del cartel de Medellín. Eso es un tema sociológico complicado. Cuando veo un pelao con una de esas camisetas me parece jodido porque ahí se está haciendo una apología a la guerra y a criminales. Lo que pasa es que se romantiza al mafioso mediante la ficción y es algo mundial, no solo de Colombia, así como se sacan camisetas de El Padrino, que es una ficción de la mafia neoyorquina de los años 20. Eso pasa con las camisetas de las frases que salieron de Escobar: El Patrón del Mal o Narcos, y es porque lo entienden al revés de lo que pasó con esos personajes. Eso no se arregla con censuras ni con prohibiciones. Eso cambia a punta de memoria y de educación.  

 

Hasta el momento, Reyes no se ha comunicado con Alán Garzón, el jóven de Medellín. © LAURASOFÍA POLANCO


 

¿Cuánto cree que dure el ‘boom’ de esta camiseta?

Este ‘boom’ va a durar hasta que Uribe y Duque estén vigentes, por lo menos cuatro años o lo que le quede a Duque. Esto va a estar vigente mientras la guerra o el conflicto sigan vigentes, mientras siga siendo un tema polémico. Igual yo sé que es la coyuntura del domingo, pero no voy a comenzar a hacer camisetas con la noticia del día, no es la idea.

 

¿Ha pensado en que a uno de sus clientes le puede pasar lo mismo que a Alan?

Yo lo pensé. Me dio temor cuando hicimos la de ‘Yo no voté por Duque’, de eso ya seis meses. Pero al final nosotros vivimos en una democracia, y eso en teoría es cada quien con su camiseta. Ahí lo que está en juego es una medición del respeto, dónde hay ideas contrarias y qué tan capaz es la gente de pelearse por una camiseta.


POR: Laurasofía Polanco | Bogotá
@SonrisaDeLima


 

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