enero 09 de 2018

El Campesino en el Acuerdo de Paz

Por: Ricaurte Becerra

Estamos absolutamente convencidos de que parar la guerra es solo un requisito inicial para la construcción de la paz. Esta no existirá hasta que no tengamos la capacidad de superar las causas históricas que han generado la violencia, que encontró un escenario propicio en nuestros campos y se alimentó con la exclusión, el abandono, la marginalidad, la corrupción administrativa, la politiquería, la falta de bienes públicos y el despojo de los campesinos de su bien más preciado: la tierra.

Además, el modelo de desarrollo ha subordinado al campesino ante la gran ciudad, asignándole la tarea de producir alimentos, generalmente con rentabilidad negativa; por eso se puede afirmar que es mentira que en Colombia se haya subsidiado el campo, por el contrario, es la ciudad la que ha sido subsidiada a través del campo.

El primer punto del Acuerdo de la Habana se ocupó de la necesidad de reformular las políticas agrarias del país; la primera propuesta se orienta hacia la institucionalidad agraria y la segunda de la misión rural, desarrollando al mismo tiempo una metodología para la formulación y ejecución de Planes de Desarrollo Rural Integral con Enfoque Territorial —PDRIET—.

Al Gobierno nacional le ha faltado decisión, contundencia y compromiso para el desarrollo de estas dos propuestas, pues en lo relacionado con la institucionalidad la propuesta es tímida y escasa de presupuesto. Por su parte, lo pertinente a los PDRIET se legisló exclusivamente para las zonas de interés de las FARC, como si las negociaciones se hubieran hecho solo para favorecer a los insurgentes y no para el resto del campesinado colombiano.

En el sur de Santander, que comprende las provincias de Vélez, Guanentá y Comunera, llamadas también Territorio Solidario de Santander, con una población de 450 mil habitantes aproximadamente, asentados en 52 municipios de alta ruralidad, las organizaciones más representativas estamos avanzando en la formulación de un PDRIET desde hace más de un año.

Hasta ahora solo hemos contado con el visto bueno de Planeación Nacional y ha sido difícil de establecer contactos con el Ministerio del Posconflicto, la Oficina del Alto Comisionado para La Paz, el Ministerio de Agricultura y la Agencia de Desarrollo Rural. Con la Gobernación de Santander solo se han logrado encuentros ocasionales, pero es necesario avanzar de una manera más concreta y decidida.

Esta nueva aspiración de planeación estratégica pretende afianzar el concepto de comunidad y territorio, buscando que las instituciones del Estado apoyen las iniciativas de la sociedad rural, permitiendo la construcción de la democracia participativa, la coordinación interinstitucional y la confluencia de actores.  Con esta propuesta, los santandereanos aspiramos hacer un aporte hacia la construcción de la paz y generar un modelo con efectos multiplicadores. 

 

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POR: RICAURTE BECERRA

Presidente Asociación de Organizaciones El Común y Coordinador de la Mesa de Trabajo para el Desarrollo del Posacuerdo en las Provincias del Sur de Santander.

Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.

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