Campo de girasoles: el nuevo espectáculo turístico en Montes de María

enero 19 de 2021

En San Jacinto, Bolívar, este proyecto productivo se convirtió en una iniciativa bioturística que hizo germinar la esperanza donde imperaba la guerra.

Campo de girasoles: el nuevo espectáculo turístico en Montes de María

| | Por: Yulart


Por: Ángela María Agudelo Urrego
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Sobre la serranía de San Jacinto hay un cultivo que baila con el sol. Una gran mancha amarilla se distingue entre el lienzo de los Montes de María, una subregión caribeña que abarca los departamentos de Bolívar y Sucre. Alfredo Villadiego, oriundo del municipio, camina por un cultivo de casi tres hectáreas, recoge semillas y habla con algunos compañeros de trabajo. Este año, su granja es el hogar de más de 180 mil girasoles oleicos que se convirtieron en un atractivo turístico único en la región.

Alfredo es uno de los dueños de la Granja Sibar, ubicada a las afueras del municipio de San Jacinto. Es contador de profesión pero su verdadero amor es el campo, una herencia de sus padres. Con el paso de los años, se dedicó a elaborar alimentos para aves basados en soya, pero las restricciones y el cierre de fronteras causados por la pandemia hicieron que buscara otra fuente de proteína. Encontró el girasol oleico, una variedad que se cultiva en Argentina y Ucrania, cuyas semillas son ricas en proteínas, ácido graso y omega 3 y 6.

Esta planta tiene un crecimiento precoz y su ciclo vegetativo permite muchos usos”—dice Alfredo—. Si lo necesitan para silo de girasol para bovino, se muele la semilla y se usa a los ochenta o noventa días, pero si es para consumo humano el periodo se extiende a los 120 días", explica con maestría.

La sustitución empezó en septiembre del año pasado y fue posible gracias a la alianza con Agrofrance International, una empresa que importa semillas de girasol a Francia. Decidieron establecer un convenio de cooperación mutua, en el que Alfredo ofrecía su granja y Agrofrance se encargaba de la asistencia técnica, la comercialización y la distribución de los insumos. Pero la mayor sorpresa llegó a inicios de este año, con el florecimiento de los girasoles.

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Lo que más me interesa es que las personas lleguen, observen, contemplen el paisaje y consideren la posibilidad de incorporar esta idea a sus proyectos”, dice Alfredo. © Yulart


Ver 180.000 girasoles es algo de ensueño”, dice Alfredo. Los curiosos quedaban hipnotizados. Era extraño ver tantos girasoles en un mismo lugar, sobre todo en un país donde estos cultivos no son tan comunes. Al inicio solo llegaban vecinos, pero el voz a voz hizo lo suyo: aumentaron los visitantes y su cultivo se hacía más y más famoso en las fotos de Instagram o Facebook.

Alfredo se percató de que había algo más; recordó los cafetales de Quindío o de Huila, su belleza paisajística y cómo los granos de café parecen piezas de un gran rompecabezas. Descubrió el potencial de sus girasoles y propuso una nueva línea de trabajo: el bioturismo y la contemplación, una modalidad ideal en medio del encierro y las cuarentenas que impuso el coronavirus.

El cultivo ya cumple su primer mes como lugar turístico y ha recibido visitantes nacionales e internacionales, curiosos que pasan por la zona y funcionarios públicos interesados en alianzas u otras alternativas productivas, como la directora territorial de la Agencia de Desarrollo Rural, Ella Cecilia Nuñez. Incluso, fue testigo de un par de enamorados que sellaron su compromiso en medio de los tonos verdes y amarillos del campo.

En la granja trabajan entre 20 y 25 personas, todos oriundos de San Jacinto. La mayoría son mujeres, pues Alfredo cree que su delicadeza y ternura las ayuda a trabajar con las flores: aunque parecen robustos, aclara Alfredo, los girasoles requieren de asistencia especial. Los empleados también cuidan a las abejas que viven en el cultivo; extraen la miel y el propóleo que producen, y hacen las veces de guías turísticos cuando hay visitantes. Durante los recorridos les enseñan sobre el cultivo, las diferencias entre los tipos de girasoles y la importancia de preservar la naturaleza.

Lo que más me interesa es que las personas lleguen, observen, contemplen el paisaje y consideren la posibilidad de incorporar esta idea a sus proyectos”, dice Alfredo. Hay quienes visitan el campo por la calma; algunos, para tomar fotografías y obtener unos ‘me gusta’, y otros, por interés laboral.

Durante este primer mes, algunos campesinos le preguntaron a Alfredo sobre los cuidados y aspectos técnicos de la planta, para replicar el cultivo en sus parcelas o fincas. Y aunque Agrofrance ha ayudado a responder algunas preguntas sobre la fertilización o el cuidado de las malezas, Alfredo se ha encargado personalmente de resolver todas las inquietudes y no se reserva ningún comentario o pauta. Quiere hacer pedagogía en la región, promover el desarrollo local e invitar a más personas a unirse en esta nueva alternativa.
 

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Esta planta tiene un crecimiento precoz y su ciclo vegetativo permite muchos usos”—dice Alfredo—. Si lo necesitan para silo de maíz de bovino, se muele la semilla y se usa a los ochenta o noventa días, pero si es para consumo humano el periodo se extiende a los 120 días"
© Yulart


En unos días termina el florecimiento e inicia la maduración del grano. Es decir que la flor ya no tendrá sus pétalos amarillos pero estará lista para recoger los granos, donde están las proteínas y los ácidos grasos. En febrero, la flor estará seca en su totalidad, entonces tendrán que cortarla y molerla para obtener la harina que servirá de comestible para los animales. Luego, esperarán un mes para cosechar la flor seca y preparar el terreno para retomar el ciclo en marzo. Alfredo asegura este año repetirán este mismo proceso tres veces.

Nosotros no lo sabemos todo, por eso queremos unir esfuerzos y hacer alianzas para desarrollar un nuevo negocio o mejorarlo”, sentencia Alfredo, quien espera unir esfuerzos con algunos de los cuatro operadores turísticos de la región. Sobre las tarifas de ingreso, asegura que aún no han definido algún precio porque prefieren un turismo asequible, sobre todo por las afectaciones económicas que causó la pandemia. Incluso han considerado el trueque como una alternativa después de que un grupo de jóvenes intercambió unas semillas de hortaliza para entrar y tomar fotografías.

En los campos, es común encontrar a Alfredo observando el paisaje y meditando con nostalgia: contempla la vida donde antes estaba la violencia. A inicios de los 2000, junto a sus padres y sus once hermanos abandonaron la región por la presencia de grupos armados. Doce años después, Alfredo regresó y compró la parcela donde hoy está ubicada la Granja Sibar, con la esperanza de que algún día pasaría el conflicto. “Me llama la atención que, luego de toda esa violencia que nos afectó y generó muchos desplazamientos, hoy contemplemos girasoles. Me parece maravilloso porque eso nos demuestra la resiliencia que tenemos los seres humanos”, dice seguro de que tomó una buena decisión y de que el mensaje a los violentos es que nunca podrán coartar los sueños de quienes persisten.

Ahora en San Jacinto germina una iniciativa de esperanza y unión. Sin llamarse pionero o líder, Alfredo quiere enseñarle a su comunidad una alternativa para decorar los cultivos locales. No quiere limitarse a las hectáreas de su granja ni a los tres ciclos productivos de este año. Anhela que otros campesinos también confíen en esta iniciativa agrícola y turística para salir adelante. Hoy, además de adornar sus tierras con las hamacas y bailar al son de las gaitas, los Montes de María presumen un nuevo encanto pues, como dice Alfredo, “hoy nos movemos al ritmo de los girasoles”.
 

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Los curiosos quedaban hipnotizados. Era extraño ver tantos girasoles en un mismo lugar, sobre todo en un país donde estos cultivos no son tan comunes. Al inicio solo llegaban vecinos, pero el voz a voz hizo lo suyo: aumentaron los visitantes y su cultivo estaba en las fotos de Instagram o Facebook.
© Yulart

 

Quienes quieran visitar el cultivo de girasoles, pueden obtener información en las páginas de Ecosibar o Agrocultura, una estrategia para articular los agentes productivos de los Montes de María. También pueden consultar en la página de Agrofrance International. Los únicos requisitos son no tocar las flores, no portar lociones o perfumes y cumplir con los protocolos de bioseguridad establecidos por el Gobierno nacional y las autoridades locales (distanciamiento, uso de tapabocas, lavado de manos frecuente y uso de antibacterial).


 

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