agosto 15 de 2020

Carta a los niños afro asesinados en Cali

Por: Alí Bantú Ashanti

Queridos niños:

Siento escalofríos al pensar en ustedes, un dolor que carcome lo más profundo de mi espíritu. Una enorme tristeza y desesperanza me embarga al ver nuestra decadente realidad. Veo con desesperante impotencia cómo la promesa del Estado de salvaguardar nuestras vidas se ha convertido en la garantía de un sepelio subsidiado, como si esa fuera la promesa constitucional que nos hizo esta nación: la garantía de ataúdes “dignos”, de funerales protegidos por fuerza pública, comunicados escuetos de condolencias sobre la tristeza que les causa dejarnos morir o asesinarnos. Hoy retumba en nuestro pueblo una mezcla de dolor y furia… desasosiego infernal de los condenados de esta tierra de nadie, una Colombia hipócrita, racista y clasista que vive complacida en la barbarie.


Morirán siendo aún niños y el Estado patrocinará un entierro decente”, esa y solo esa parece ser la costumbre para con el pueblo negro: repartir féretros y balas, proteger solo nuestra muerte, policías armados que cuidan nuestros ataúdes aunque sean ellos o los “otros” quienes nos arrebatan la vida, porque pareciera que los negros en Colombia poseemos derechos solo estando muertos.


Observo brotar cierta solidaridad en esta tragedia que debería ser nacional, pero también observo cierta hipocresía humana, cierta enfermedad en los corazones de algunos, que babean y escupen odios, burlándose incluso de nuestras tragedias; yo lo siento y lo lamento por ellos, pero más lamento que guarden tanto odio en sus corazones.


Hoy me duele en el alma que sus vidas hayan sido arrebatadas tan tempranamente, tan cruelmente; lamento que este país no haya reservado un lugar para ustedes en esta sociedad de algunos, en donde el odio racial determina en qué lugar vivir y cómo vivir, en medio de tanta pobreza y en un espiral de violencia. Lamento que la ceguera y el privilegio de clase y raza no les haya permitido a ustedes, como a tantos jóvenes negros, vivir vidas vivibles y ser felices; en suma el simple derecho a ser tratados como seres humanos.



Queridos Juan, Jean, Álvaro, Jair y Leyder; yo, como hombre negro, también me siento asesinado, degollado y humillado. Diariamente siento que me pueden matar en cualquier momento, siento que cuando muera, algunas personas dirán, como de ustedes se ha dicho, que me mataron por andar en “malos pasos”. Yo no diré eso de ustedes, sin importar las circunstancias ni la corta vida que les tocó vivir.

Hoy parten de un mundo cruel, macabro, hostil y racista; un mundo que no tuvo compasión por sus vidas, un mundo que no les dio la oportunidad de SER. Mañana todos nos reuniremos con ustedes, tarde que temprano estaremos juntos, pero no sin antes dar pelea , no sin lucha. Su asesinato me duele tan profundamente, pero no matarán nuestra esperanza de luchar por la justicia que merecen, con la vida rota.


Alí Bantú es director del Colectivo de Justicia Racial.


 


Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.


 

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