marzo 03 de 2019

Ante la guerra, el Catatumbo no da tregua

Por: Asociación Minga

La guerra en el Catatumbo nunca ha dado tregua. La vida de campesinos, indígenas Barí y demás pobladores de esta región marcada por mucho más que el conflicto armado, nunca ha sido fácil. Así que el reciente recrudecimiento de la confrontación entre el ELN y el EPL, la continuidad de las acciones bélicas de quienes se mantuvieron en el Frente 33 de las FARC y la desproporcionada militarización, como única respuesta del Estado, no son una novedad para las comunidades.

Hoy, como siempre, son las familias catatumberas quienes quedan en medio de las balas que -indiscriminadamente y desconociendo los derechos humanos y el DIH- se entrecruzan los distintos actores armados presentes en la región. Hoy, como siempre, es la población civil la que se ve en la obligación de dejar sus parcelas y desplazarse hacia “lugares seguros” que no lo son tanto, porque la guerra no respeta cascos urbanos ni banderas blancas.

Son mujeres, hombres, niños y niñas quienes se enfrentan cada día al riesgo de caer en una mina, y por esto deben caminar en grupo hacia las escuelas y lugares de trabajo siguiendo las marcas que dejan las llantas sobre las carreteras destapadas, las cuales se mantienen transitables gracias al movimiento comunal y a sus líderes, quienes impulsan el poder comunitario a través de las Juntas de Acción Comunal (JAC) para responder al abandono histórico del Estado.

Tristemente, las noticias de una guerra más, una guerra menos, no cambian la dinámica cotidiana de este territorio. Los combates, bombardeos, sobrevuelos, persecuciones y amenazas han sido condiciones impuestas que la comunidad ha tenido que sobrellevar con la fuerza propia del catatumbero. La misma con la que aprendieron a hacer bromas sobre sus desgracias como una forma de enfrentar el miedo, sin dejar que este nuble los esfuerzos cotidianos por construir sus propuestas autónomas de vida digna y paz. Por esta razón, anuncios como el rompimiento del proceso de diálogo entre el Gobierno Nacional y el ELN son más de lo mismo y las comunidades lo saben.

 

Movilización en rechazo a las ejecuciones extrajudiciales en el Catatumbo durante 2007. © ASOCIACIÓN MINGA.


 

Y aunque lo saben, se niegan a la normalización de la violencia como única forma de vida. Por esto resisten, se fortalecen, generan procesos de soberanía alimentaria, de economía propia, de feminismo campesino, de protección y autoprotección colectiva, de comunicación popular, de movilización y de denuncia.

Por eso, los procesos sociales del Catatumbo adelantan hoy con más fuerza sendos esfuerzos de unidad como la Comisión por la vida, la reconciliación y la paz, en donde proponen salidas a la situación de exclusión, pobreza y recrudecimiento del conflicto armado, que todos esperamos termine en algún momento.

Lo que está muy claro es que si la guerra no da tregua en la región, los catatumberos tampoco. Por esto se niegan a cerrar las tiendas, los billares siguen en funcionamiento, el poco transporte que se tiene no ha parado y algunas familias retornan a sus parcelas y continúan trabajando la tierra, aún sin garantías.

Lo hacen con la firme determinación de quien ha enfrentado a los señores de la guerra y ha perdido el miedo. Lo hacen para evitar que los armados controlen la vida de la población y resquebrajen el tejido social que ha existido mucho antes de la llegada de las insurgencias en la década de los ochenta. Lo hacen en memoria de sus víctimas, las que dejaron hechos atroces como la Masacre de La Gabarra, una de las más violentas que ha vivido esta región y que en pocos meses conmemora 20 años. Lo hacen porque fue así como superaron el cerco paramilitar que les impedía ingresar alimentos o transitar en libertad. Lo hacen porque es la única forma que encontraron para sobrevivir.

 

Escuela de estudios Socioeconómicos y ambientales CISCA. Alto Bobali (2015). © ASOCIACIÓN MINGA.

Escuela para la construcción de agenda intercultural para la paz . El Tarra (2017). © ASOCIACIÓN MINGA.

 

Es en los momentos de guerra cuando los catatumberos muestran una vez más su capacidad de resiliencia. Apelando a los convites, a los lazos de solidaridad y a las históricas luchas populares de los años 60 con el movimiento comunal y el cooperativismo insisten en sus propuestas organizativas que hoy están enfocadas en la defensa de la vida y del territorio.

Eso nos enseñan cotidianamente el Movimiento Comunal, el Comité de Integración Social del Catatumbo (Cisca), la Asociación campesina del Catatumbo (Ascamat), el Movimiento por la Constituyente Popular (MCP)  y la Asociación de comunidades tradicionales del Pueblo Barí (Natubaiyibarí).

Conocedores de primera mano de estas historias, sabemos que para hablar del Catatumbo, es necesario superar el velo de la estigmatización que por desconocimiento ha recaído sobre sus habitantes y ha limitado la posibilidad de conocer las propuestas de paz territorial que se vienen construyendo en la región.

 

 Audiencia al Ejército por ejecuciones extrajudiciales en 2007 en Ocaña. © Asociación Minga. 


 

Por esto la importancia de acercarnos a las experiencias que lideran las mujeres en fincas agroecológicas; los jóvenes que, a pesar de vivir su niñez en medio del desplazamiento forzado, hoy le cantan al territorio y llenan las paredes de color; los docentes que han construido junto a las comunidades las escuelas en las que dictan clase, y qué decir de los abuelos campesinos que insisten en usar la tierra para producir alimento.

En 25 años de caminar junto a las comunidades de esta región, desde la Asociación Minga hemos comprobado que la fuerza de los procesos sociales del Catatumbo son superiores al contexto adverso que imponen los distintos actores armados pero también políticos y empresariales.

Sabemos que en un territorio como este, lo único que podría marcar realmente una novedad es la superación política del conflicto. Lo excepcional sería escuchar a la población, propiciar jornadas de diálogo amplias que reconozcan en sus saberes, experiencias e iniciativas comunitarias las bases que orienten el cumplimiento integral a sus derechos. Esos con los que sueñan y por los que siguen insistiendo en la construcción de un territorio en paz.

 


POR: Asociación para la Promoción Social Alternativa MINGA

@asociacionminga 


 

Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.

 

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