Chaquén: el parque medicinal que es la botica de Sumapaz

febrero 03 de 2019

En un lugar donde el médico más cercano puede estar a varias horas de distancia, los habitantes han aprendido a usar las plantas como sustento y medicina. Una historia desde el Parque Chaquén.

Chaquén: el parque medicinal que es la botica de Sumapaz

| Nelly Perea Flórez sostiene un par de crasuláceas, una clase de planta con un gran valor ornamental que la hace única. Hace parte del taller de Plantas Medicinales. | Por: Katherine Lara


Por: Katerine Lara
katlarojas

Estamos en el páramo más grande del mundo, en la localidad que lleva su mismo nombre: Sumapaz. En la vereda Nazareth, a tres horas y media desde el centro de Bogotá, la magia del campo es absorbente, los sentidos se activan por el sonido de los caballos, por el olor a sancocho en fogón de leña y por un panorama deslumbrante de montañas cercadas con cultivos.

Justo en ese lugar está el Parque temático Chaquén, un espacio que tiene casi 3 hectáreas de zona de conservación ambiental desde hace 15 años. El resto del área están completamente dedicado a las 60 especies de plantas aromáticas, medicinales, frutales y hortalizas. Hay cebolla, cilantro, zanahoria, remolacha, espinaca, arándano y arracacha:
 


Chaquén es precisamente ese espacio de salud, equilibrio y bienestar donde lo ancestral no está en el pasado sino en el presente, donde además el término ‘medicina’ todavía no supera los conocimientos y los saberes de las comunidades que habitan estas zonas rurales. En ese espacio, administrado por la Subred Sur de la Secretaría de Salud, siempre está don Carlos Cifuentes, un campesino de 58 años que trabaja desde el 2005 atendiendo las visitas de la comunidad del Sumapaz, e incluso de otras regiones.

Él es precisamente quien mantiene, junto a su sobrino, todos los cultivos de plantas aromáticas y frutales de manera orgánica; desde la propagación con pequeños semilleros, pasando por el transplante en los surcos, el deshierbe y la eliminación de plagas con insumos como ruda, altamisa y orégano. Así, ellos son los encargados de recibir a las familias, ofreciéndoles plantas o cosechas de yacón, romero, uchuva, granadilla y cebolla, entre otras, para sus hogares.
 
 


“Nosotros hacemos los semilleros y hacemos dos bandejas de cada especie. A los ocho días lo mismo para que haya para la semana estar sembrando”.

C A R L O S 


 



Pero este parque remoto no solo alberga huertas comunes y corrientes, con una despensa de plantas o frutos, es además un modelo de conocimiento de agrodiversidad. El Jardín Botánico de Bogotá tiene allí el Nodo de Biodiversidad para que los habitantes de la zona implementen buenas prácticas alimenticias y medicinales. Mucho más en un lugar donde sus habitantes tienen a los centros de salud a varias horas de distancia.

En Chaquén, los habitantes de las veredas se capacitan constantemente en saberes medicinales con doctores como Jorge Enrique Russi, quien en sus charlas y talleres promueve el buen uso de las plantas no solo para curar, sino para evitar la enfermedad alimentándose bien:  
 


“Las personas utilizan las plantas y, a veces, debido a las distancias, utilizan es lo que tienen a la mano, no alcanzan o no pueden trasladarse a los centros de salud. Hoy en día, en la Unidad de Servicios de Salud, atendiendo el llamado de la comunidad, queremos que utilicen bien las plantas; se trata de integrar la medicina tradicional con la medicina llamada alternativa”.

J O R G E   R U S S I


 


En esos encuentros, el alma vuelve a ser don Carlos, quien tradicionalmente prepara su sancocho de pollo en leña, un plato que se convierte en la mejor pausa activa en medio del intercambio de conocimientos alrededor de lo medicinal.

En esa hora de almuerzo, campesinos, afros e indígenas aprovechan para compartir anécdotas basadas en sus diferentes contextos, como es el caso de Nelly Perea Flórez, partera ancestral del kilombo Girasol de la localidad de Usme, quien recuerda que utiliza las plantas medicinales desde que vivía en el corregimiento Raspadura, Chocó, y hoy, pese a ser una desplazada más por la violencia, celebra que logró encontrar un espacio en la ciudad para trabajar en comunidad. 
 


Cuando la jornada sigue, se comparten los rituales de la comunidad para armonizar energías, unir lazos y hacer el esperado el intercambio de plantas con sus respectivos usos desde sus diferentes contextos:
 


 

Yerba del dolor
(Hyptis verticillata)
En infusión para el dolor estomacal, indigestión, control de la fiebre y ayuda en el tratamiento del cáncer.


Altamisa
(Ambrosia artemisaefolia)
Para quitar las pulgas de las camas de los perros.
En humanos contra la diarrea y la picadura de insectos. 


Yacón
(Smallanthus sonchifolius)
Sin cocinar, baja los niveles de azúcar y de colesterol en la sangre.

 

Romero
(Rosmarinus officinalis)
Condimento para carnes y ensaladas. Disminuye los gases y estimula la producción de bilis. También previene la caída del cabello. 
 

Vira vira
(Achyrocline bogotensis) 
Utilizado en enfermedades de piel y para controlar el acné. Coadyudante en infección de vías urinarias y tos crónica.


Diente de león
(Taraxacum officinale):
Ayuda con los problemas de riñones e hígado. 

Cordoncillo
(Piper bogotensis)
Para los hinchazones de los animales. En humanos controla el dolor en general, principalmente el reumatismo. 


Verbena
(Verbena littoralis L.) 
Disminuye la fiebre y el dolor de cabeza. Es antiinflamatorio y antiinfeccioso.  

Matricaria
(Matricaria chamomilla) 
Para el dolor de estómago y de garganta. Estimulante de la menstruación.  

 


 

 

 Libardo Romero lleva 62 años viviendo en la vereda Peñalisa, en Sumapaz, él es uno de los participantes de las actividades del Parque y precisamente en su casa, junto a su esposa, cosecha todo lo aprendido.


“A veces a los amigos les aconsejo: échese una porción de ruda, échese la manzanilla, la yaerba del dolor o la manzanilla, dependiendo de lo que tengan”. 

L I B A R D O   R O M E R O



 


A más o menos una hora, también está la casa donde vive Ernesto Benavides y su esposa. A sus 80 años, recuerda que cuando podía tener sus vacas, las curaba con plantas medicinales como la yerbabuena, que macerada o el cordoncillo sirve mucho para combatir las inflamaciones. 
 


Ernesto hace parte de los cerca de 6.300 habitantes de la única localidad completamente rural de Bogotá: Sumapaz. Un lugar donde campesinos como él se benefician a diario de los saberes ancestrales de Chaquén, nutriendo sus conocimientos para sostener prácticas saludables a nivel de alimentación y salubridad.
 


POR: Katherine Lara
En Instagram @katlarojas 


 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.