Chimamanda: el mensaje de feminismo e inclusión en la Cartagena negra

febrero 05 de 2019

Chimamanda Ngozi Adichie era la invitada estelar al Hay Festival Cartagena. Nigeriana, negra y feminista, visitó uno de los barrios más pobres de Cartagena: Nelson Mandela. Crónica de esa visita única. .

Chimamanda: el mensaje de feminismo e inclusión en la Cartagena negra

| La Cartagena negra aplaudió cada respuesta que daba, cada intervención de Chimamanda, aun cuando fuera una larga declaración en un inglés lejano para ellos. | Por: Charlie Cordero


Por: Andrea Jiménez Jiménez
@AndreJimenezJ

Nelson Mandela no sabe callar. Ni el sudafricano que derrotó al apartheid ni el asentamiento que tomó su nombre para llamar a esa barriada que poblaron desplazados de los Montes de María, del Urabá antioqueño, de La Guajira, del centro del país, hace 25 años, en la misma Cartagena encopetada de balcones coloniales y murallas.

 

-Primera vez que te veo en un evento

-Ajá, Mary, si ponen en el chat: “Es obligatorio"

 

A la amiga de Mary la hicieron ir, como a muchos otros, a la cancha del parque Los Trupillos de esa gran invasión que hace 25 años formaron gentes de todos lados. La persona de una fundación que trabaja con los niños del barrio le escribió por WhatsApp que tenía que ir, y no había otra opción. En realidad, no es que la gente de Nelson Mandela haya tenido muchas opciones, así que esta, para Mary y su amiga, era simplemente la menos mala. No era lo peor.

Es domingo y algo pasa. Hay gente aquí y allá sentada en sillas plásticas huyéndole al calor. De pie, sosteniendo la cartelera del 'Love dance' hecha con témpera. De pie, con cuerpos llenos de escarcha y las faldas improvisadas hechas con flecos de bolsas negras.

Es domingo y todos esperan, en esa resistencia negra, a otra negra.  A Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 1977), además de ser muchas cosas, es una especie de rockstar moderna que ha basado su obra en tres grandes ejes: injusticia, género y raza.
 


«Sé lo que es que te miren siendo mujer, y siendo mujer negra. Mi objetivo es que la gente deje de juzgar  a los demás solo por su apariencia. No quiero ser un ícono, porque los íconos son perfectos. Quiero ser imperfecta, irreverente».


 

Así que es feminista y activista. Y es negra.


 

Chimamanda Ngozi Adichie, en su llegada al Nelson Mandela, uno de los barrios más pobres de Cartagena, pero también uno de los lugares de la ciudad donde más fuerza de base tienen el liderazgo social y los movimientos culturales. © CHARLIE CORDERO


 



“Queremos contarte dónde estás. Estás en un pedacito de África en Colombia. Mira que se llama Nelson Mandela. Un barrio de migrantes”. La periodista Mabel Lara –negra también- presentó así a Chimamanda (“¡¿Cómo es que se llama?!”) el lugar donde ahora estaba. Un poco más lejos del Santa Clara, del Centro de Convenciones, de la parafernalia de cientos de mujeres blancas que hicieron fila por más de una hora para verla a ella y para pedirle un autógrafo, y una foto, y seguramente montarla en Instagram.

A esas alturas, Chimamanda ya era una estrella consagrada en Cartagena, en la privilegiada. En la que había agotado boletas para su presentación –nada menos que la charla inaugural- en el Hay Festival, uno de los eventos culturales más importantes del mundo. Tanto, que una de esas chicas blancas no tuvo reparo en reclamarle a Alma Guillermoprieto – Premio Princesa de Asturias en Humanidades- su afán por cortar la tanda de preguntas con la nigeriana, autora de Todos deberíamos ser feministas y Americanah, y poder trasladarse con urgencia al aeropuerto, afanada por no perder su vuelo. “Nosotras vinimos fue a ver a Chimamanda”, espetó desde el público una chica blanca.


“¡Nosotras vinimos fue a ver a Chimamanda!”.


 


“Eres toda una rockstar para nosotros” -continuó Lara con su presentación. La rockstar por fin habló y en español. "Estoy muy feliz de estar acá. You can’t imagine. Buenos días. ¿Cómo están? Me alegra estar en la Cartagena negra”.

La Cartagena negra aplaudió cada respuesta que daba, cada intervención de Chimamanda, aun cuando fuera una larga declaración en un inglés lejano para ellos, antes de que el traductor pudiera hacer lo suyo-
 

En el conversatorio: Aurora Vergara, directora del Centro de Estudios Afrodiaspóricos de la Universidad Icesi, la periodista Mabel Lara, y Chimamanda Ngozi Adichie © CHARLIE CORDERO


 

 

¿Por qué escribir un manifiesto feminista?

Escribí esto porque el feminismo no es solo para las mujeres sino para los hombres. Y porque el feminismo siempre ha sido mal entendido. Es un manual muy sencillo acerca de cómo aplicar el feminismo a diario. Una guía para mí pero también para los demás, porque podemos cambiar el mundo. He escuchado que hay una epidemia de violencia de Colombia y es importante que las mujeres puedan estar seguras, pero también hay que educar a los hombres. Está bien ser vulnerables, está bien compartir sus miedos, y saber que el feminismo afecta a los hombres igual que a las mujeres. Y si logramos enseñarles esto a los niños varones probablemente ellos cambiarán su comportamiento y actuarán mejor.

 


Medio sol amarillo y Americanah son algunas de las novelas que han convertido a Chimamanda Ngozi Adichie? en uno de los más importantes referentes de la literatura africana en el mundo. Participó en la charla inaugural del Hay Festival con una conferencia magistral, y participó en un conversatorio con la escritora cubana Alma Guillermoprieto sobre las reflexiones del nobel colombiano alrededor de la literatura y periodismo. © CHARLIE CORDERO


 

Una conversación sobre la diáspora africana en Latinoamérica sacudió el ambiente. “Como mujer africana siento una profunda conexión con este país porque África está aquí. África vive en Latinoamérica. Y me duele que en el mundo occidental hay un afán por desprestigiar lo africano, pero no hay nada de qué avergonzarse. El pelo es un asunto interesante. El pelo negro es un pelo bello”. Y todos los ojos se posaron sobre los tocados de colores, los retazos de tela de las cabezas de las mujeres negras, del pelo repudiado por años y reivindicado hace nada. “¡Black dont’ crack!” (“¡Los negros no se rajan!”), exclamó al final una Chimamanda feliz, sintonizada, entusiasta. Muchísimo más que la del día anterior, cuando nunca pudo sentirse cómoda en su charla con Guillermoprieto, salvo por la anécdota que leyó sobre el día que conoció a García Márquez: el mismo día que se cortó con un alambre de púas intentando cruzar la cerca de una casa vecina.
 


“¡Black don't crack!”
( ¡Los negros no se rajan! )


 

Otra sacudida vino con un tema más espinoso, y seguramente más necesario: la explotación sexual a la que están expuestas las niñas de Nelson Mandela. “Nosotros los adultos tenemos una responsabilidad moral colectiva y no podemos permitir que a los niños los usen de esta manera. Si ustedes dicen que el gobierno no lo está mirando con demasiada seriedad habría que preguntarse por qué...
 

...En Estados Unidos, cuando eso ocurre con mujeres negras, no le prestan mucha atención, entonces hay que voltear a mirar. Es importante que le preguntemos al gobierno qué más se puede hacer”. Más aplausos para Chimamanda, para una “hermana africana” que no se detuvo ahí.

“Hay que enseñarles a los niños, y hay que darles educación sexual. A veces somos sociedades muy conservadoras. Si ellos quieren decirle a alguien: “¡No me toques!”, es bueno que sepan cómo se llaman los órganos. Cuando era niña me dijeron: “Si un niño te toca, quedas embarazada”, y estaba preocupada porque mi hermano me había tocado ese día”.
 

Chimamanda Ngozi Adichie (Abba, Enugu, 15 de septiembre de 1977) es una escritora, novelista y dramaturga feminista nigeriana.  Ha estudiado en la Universidad Yale, Universidad Johns Hopkins, Universidad Drexel y en la Universidad Estatal del este de Connecticut. © CHARLIE CORDERO


 

* * *

 

Nelson Mandela no sabe callar, así que le tocó gritar. Lo hizo, en forma de abucheo, cuando la ministra de Cultura, Carmen Vásquez, negra, nacida en Buenaventura, comenzó a leer el discurso preparado para esa mañana. Era la mañana en la que el Hay Festival se alzó sobre esos terrenos con una carpa blanca y una tarima, dispuestas para el discurso con tintes gobiernistas que daba el preámbulo para traer hasta esa comunidad a Chimamanda Ngozi Adichie.

Se lo hubieran podido aguantar en otro lugar, pero no en Nelson Mandela. “Ustedes saben que el Gobierno Duque se ha preocupado mucho por la cultura…”… y ahí estalló.  “¡Dejen de matar gente negra! ¡No nos maten más! ¡Don’t kill people!”. Era Glenda Palacio, la mujer que gritaba mientras la ministra titubeaba las frases para destacar los logros en cultura, según el gobierno Duque. Y la gente aplaudió.
 


«¡Dejen de matar gente negra!
¡No nos maten más!
¡Don’t kill people!».


 

Al fondo, Chimamanda intentaba entenderlo todo, y sí que lo hizo, con un traductor cómplice que pareció explicar todo a detalle, a juzgar por la cara de su interlocutora, quien asentía al tiempo escuchaba los gritos, lo silbidos, y veía en apuros a una funcionaria con libreto.

 

¿Aquí han matado líderes? –era mi pregunta obvia

¡Sí! –respondió rápido Casilda Díaz-. Hace poquito hubo uno de aquí de Mandela, porque yo soy de El Pozón.


Se refería a Jorge Luis García, el último de los seis líderes de esa comunidad que lleva contados Whailer Herrón Ayazo, uno de los bastiones de Corpomandela y quien fuera presidente de la Junta de Acción Comunal de Las Vegas, uno de los sectores del barrio.

“Desde el año 1995 a 2017 han asesinado seis líderes representativos de la comunidad. Súmele uno desaparecido y otro que tiene asilo político en otro país”. Todos, en el marco de la lucha por la defensa de una comunidad que nació expuesta, eran migrantes en su propio país. Las denuncias de grupos al margen de la ley, la defensa acérrima por condiciones de salubridad y medio ambiente por temas de rellenos sanitarios y la resocialización de jóvenes en riesgo les costó la vida a esos seis que hoy señala Whailer, protegido por la Unidad Nacional de Protección, desde que mataron a su vecino Manuel López, en 2007.

 

-Me hubiese gustado más participación de la comunidad. Esos eventos (como el del Hay Festival) permiten que el barrio salga de tanto estigma.

-¿Y qué opina sobre lo que dijo la ministra, las luchas del gobierno actual?

-¡Eso no es verdad! Además, no impacta en Nelson Mandela. Los jóvenes están cada día más sumidos en la droga, la prostitución. La cultura son solo las ganas de la gente de mostrarla, ya que es un barrio multicultural. Los chicos que recibieron a la invitada se vestían con trajes de material reciclable porque el apoyo del Distrito y del gobierno central es nulo.

 

Chimamanda caminó por la vía central destapada del barrio, repleta de basura, de pañales usados, de sobras de comida -¡esa lucha por el relleno sanitario!-.

Se fue y puede que no cale en nadie su discurso, sus angustias, o puede que sí. Puede que el mural que de ella pintó Jessi Zapateiro, un joven artista de la comunidad, les haga recordar a los del barrio que estuvo ahí y que habló de injusticia, raza y género. Que les pidió a las niñas no hacer nada que no quisieran. Decir que no, ¡con lo que cuesta! Y no renunciar. Puede que todos en Mandela hayan aprendido esa frase de batalla de los negros, y decidan no olvidarla. ¡Black don’t crack!...

 


POR: Andrea Jiménez Jiménez  | Enviada especial
@Andrejimenezj


 

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