¿Por qué la covid-19 se ensaña contra la población afro?

agosto 03 de 2020

Las cifras de contagiados por coronavirus en Colombia demuestran que la población afrodescendiente tiene tres veces más posibilidades de terminar en Unidades de Cuidados Intensivos y 28 por ciento más probabilidades de morir.

¿Por qué la covid-19 se ensaña contra la población afro?

| En el Pacífico colombiano el 89,2% de los casos diagnosticados son mujeres que se autoreconocen como negras, afrodescendientes, raizales o palenqueras. | Por: Andrés Rosales


Por: Juan David Naranjo Navarro
@JDNaranjoN

Habían pasado pocas semanas desde que el coronavirus llegó al país cuando se empezaron a conocer las noticias de cómo este virus estaba afectando a las ciudades y municipios del litoral Pacífico, algunos de los más pobres de Colombia y con población mayoritariamente afro. Hubo un brote en Tumaco (Nariño), miles de casos en el Chocó y la preocupación empezaba a aumentar por la poca infraestructura médica con que disponían estos territorios para atender una emergencia de tal magnitud.

 

A los dos meses llegó la única noticia positiva. Después de 43 años, el hospital San Francisco de Asís de Quibdó recibía unos ventiladores mecánicos para instalar sus primeras camas de cuidados intensivos. Una noticia que, aunque alegraba, solo representaba el abandono en el que había estado el hospital público más importante de la capital chocoana y del departamento.

 

Pero los problemas no solo tienen que ver con la infraestructura médica de estos territorios. Un estudio realizado en el marco de la Alianza Pacífico Task Force encontró que la población afro del país, en donde se incluyeron a las personas que se autoreconocen como negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, una vez contraen el virus tienen más probabilidades de tener desenlaces negativos que la población que no se reconoce con ninguna etnia.

 

El médico y epidemiólogo Yoseth Ariza, miembro del Centro de Estudios Afrodiaspóricos (CEAF) de la Universidad Icesi de Cali, creó dentro de esta alianza el Sistema de Inteligencia Epidemiológica para Decisiones Informadas en los Territorios (Siediter). Con dicho sistema analizó cómo en los primeros 132 días desde que se detectó el primer caso en Colombia este virus había afectado a la población afro. Utilizando la información del Instituto Nacional de Salud encontró que tienen 96 por ciento más probabilidades de ser hospitalizados, 316 por ciento más probabilidades de terminar en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y 28 por ciento más riesgo de morir, si se comparan con la población no étnica (ver gráfico).

 

Gráfica de elaboración propia con datos del Sieditr de la Alianza Pacífico Task Force.

 

Estas estadísticas alarmantes son solo una muestra de las condiciones en que ya vivían la mayoría de las personas de la región Pacífica, que es donde se concentran los malos indicadores. Al revisar el geovisor con el Índice de vulnerabilidad por manzanas, que lanzó el Dane recién inicio la pandemia y que ubica a la población que puede tener más complicaciones en caso de contagiarse de la covid-19, queda en evidencia que las principales ciudades del litoral Pacífico reunían las condiciones para estar catalogadas como de vulnerabilidad alta: presencia de comorbilidades como cáncer, hipertensión, diabetes, enfermedades pulmonares, etc.; individuos de más de 60 años; y otros asuntos como la densidad poblacional o el hacinamiento de los hogares (ver mapas).

 

Mapa de Quibdó, Chocó. Entre más intenso el rojo, mayor el nivel de vulnerabilidad. (Fuente: Dane).

 

Mapa de Timbiquí, Cauca. Entre más intenso el rojo, mayor el nivel de vulnerabilidad. (Fuente: Dane).

 

Mapa de Buenaventura, Valle. Entre más intenso el rojo, mayor el nivel de vulnerabilidad. (Fuente: Dane).

 

Mapa de Tumaco, Nariño. Entre más intenso el rojo, mayor el nivel de vulnerabilidad. (Fuente: Dane).

 

 

Esto, en palabras del profesor Ariza, es solo una muestra del racismo estructural que existe en el país y que se ve manifestado en las condiciones en que se encuentran las poblaciones del Pacífico, en donde la pobreza multidimensional, esa que mide el acceso efectivo a derechos fundamentales como la salud, la educación, el trabajo y los servicios públicos domiciliarios, está muy por debajo del promedio nacional. Mientras en el 2018 el 19,6 por ciento de los colombianos vivían en pobreza multidimensional, en departamentos como Cauca, Nariño y Chocó, esta estadística alcanzaba 28,7, 33,5 y 45,1 por ciento, respectivamente.

 

“Aún no asimilo que mi abuelo se murió, porque no lo pude ver para enterrarlo”

 

Pero el asunto no solo está en las preexistencias que puedan tener los negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros. También se debe a la calidad y la oportunidad de la atención médica que están recibiendo por parte de las EPS. El 81 por ciento de la población afro del país ha recibido los resultados de la prueba de coronavirus de manera inoportuna, es decir, después de 48 horas de haber sido tomada. Y, lo que es peor, tuvieron 35 por ciento más probabilidades de recibirla después de nueve días en comparación a la población no étnica, con demoras incluso que pudieron llegar a ser de más de 50 días en casos específicos.

 

Esta situación, de nuevo, se presenta especialmente en los municipios del Pacífico con mayor proporción de población afro. En Buenaventura, solo el 6 por ciento de los pacientes recibió los resultados en las primeras 48 horas; en Quibdó, el 16 por ciento; en Tumaco, tan solo el 1 por ciento; y en Timbiquí, el 13 por ciento (ver gráfica).

 

Fuente: Siediter de la Alianza Pacífico Task Force

 

De hecho, esta semana las alcaldías de estos cuatro municipios enviaron al Gobierno nacional una carta en la que se quejan de la demora para conocer resultados de pruebas diagnósticas para covid-19. “No contar oportunamente con el resultado de las pruebas de diagnóstico hace que la cobertura y la efectividad del cerco epidemiológico sean bajas y se intensifiquen las condiciones que favorecen la transmisión de la covid-19 en la población. Adicionalmente, esto tiene implicaciones serias en el desarrollo posterior de la enfermedad (morbilidad, severidad, mortalidad). Dado la superposición de factores de riesgo y la limitada oferta de servicios de salud, en el litoral Pacífico este es un asunto muy grave”, reza la misiva.

 

Esta demora la vivió Ronald Pereira en Buenaventura. Después de presentar síntomas de coronavirus se aceró al Hospital Distrital, donde le tomaron una prueba y lo enviaron a aislarse en su casa. Ronald solo recibió los resultados tres semanas después. En ese momento le tomaron una segunda prueba para confirmar la negatividad y los resultados nuevamente tardaron más de dos semanas. “Yo terminé haciéndome una prueba de sangre particular para confirmar que era negativo porque ya estaba aburrido de estar en la casa y no me podía quedar esperando a que la EPS apareciera”, dice Ronald sobre la atención que recibió por parte de Coomeva EPS, entidad que ya está siendo investigada por la Superintendencia de Salud por casos como este.

 

Una situación más lamentable vivió la familia de Óscar Carabalí, un hombre de 72 años que murió el 11 de mayo en el puerto vallecaucano. Óscar también llegó al Hospital Distrital en la mañana del 9 de mayo con un ahogamiento que hizo sospechar a los médicos de un posible contagio de coronavirus. Recibió terapia respiratoria, le practicaron la prueba y cuando se agravó tuvo que ser trasladado a la Clínica Santa Sofía para que pudiera recibir atención en una unidad de cuidados intensivos. Ya no podía respirar por sí mismo y necesitaba un ventilador mecánico.

 

Óscar murió la noche del 11 de mayo y para la tarde del 12 aún no habían llegado los resultados de la prueba. Tuvo que ser enterrado como sospechoso. “Un momento demasiado doloroso para nosotros porque nuestra tradición es velar a las personas y darles un entierro de una manera digna. Ni siquiera pudimos ver si era nuestro abuelo a quien íbamos a enterrar. De la clínica salió directo para el cementerio y a nosotros nos tocó ver desde afuera cómo lo metían a la bóveda, sin poder verlo ni despedirlo”, cuenta Berta, una de las nietas de Óscar, sobre ese momento que aún no logra asimilar.

 

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La región Pacífico, con corte al 3 de agosto, registra 40.751 casos confirmados de  coronavirus.

Crédito: Guillermo Torres.

 

Los resultados de la prueba nunca llegaron. Por casualidad, dos meses después, Berta terminó conociendo que su abuelo no había estado contagiado por covid-19. “Si la prueba hubiera llegado a tiempo, hubiéramos podido velar y enterrar a mi abuelo dignamente. Mi abuela, que tiene 70 años, lo vio salir de la casa el viernes, sin saber que estaba enfermo, y nunca más volvió a verlo ni pudo ir al cementerio a despedirlo”, dice Berta, quien repite una y otra vez que lo que a ella y a su abuela les hicieron fue una injusticia.

 

Las injusticias con Berta tampoco terminaron allí. Como fue ella quien acompañó a su abuelo en el Hospital y en la Clínica, le recomendaron aislarse mientras le practicaban una prueba para descartar que no estuviera contagiada. Su EPS, sin embargo, solo apareció dos meses después, cuando ella ya había regresado a trabajar.

 

Lo paradójico del asunto es que ni siquiera en estos municipios donde la mayoría de la población es negra desaparecen las prácticas racistas. Según el mismo estudio del profesor Ariza, incluso en estos territorios, la población no étnica tiene hasta dos o tres veces más probabilidades de recibir sus resultados de manera oportuna que los afro. “Hay que revisar qué está pasando con las EPS subsidiadas, que son las que afilian principalmente a la gente afro en la región”, alerta Ariza.

 

Estos resultados, bajo ninguna lógica, significan que haya una predisposición biológica de las poblaciones afro para sufrir más por el coronavirus. Por el contrario, son simplemente la evidencia del abandono estatal y la forma inequitativa en que se ha dado el desarrollo del país de espaldas al Pacífico y a sus comunidades negras. La pandemia no discrimina, el que ha sido racista durante siglos es el sistema y, hoy particularmente, el sistema de salud.


*Los nombres de los personajes fueron cambiados por solicitud de las fuentes para proteger su identidad.

 

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