Los nukak, un pueblo que agoniza

junio 18 de 2019

La cultura milenaria de los nukak y su supervivencia dependen de que el estado garantice el regreso de esta población a su territorio ancestral y que ellos puedan reajustar sus modos de vida. Se trata de una de las últimas tribus nómadas del planeta.

Los nukak, un pueblo que agoniza

| Según la Secretaria de Salud del Guaviare el 67 por ciento de las atenciones a los nukak son por poli-parasitismos intestinales. | Por: Martina Jiménez G.


Por: Paula Castañeda
@PaulaCasta20

Ya no hay bosque, no hay río y no hay caza. El contacto con el hombre blanco partió la historia de los nukak en dos y los puso al borde de la desaparición. Los actores armados, la ampliación de la frontera agrícola, la delimitación de su resguardo, la intromisión de los colonos, los cultivos ilícitos, la deforestación y la minería son algunos de los factores que atentan contra su calidad de vida y su cultura.

Los nukak son cazadores, pescadores y recolectores. Antes transitaban en grupos de 20 o 30 personas por las cercanías de los ríos Inírida y Guaviare y, podían cambiar su residencia hasta 50 veces por año. En la década de los setenta tuvieron sus primeros contactos con el mundo occidental. Para 1988, 43 de ellos fueron vistos en Calamar (Guaviare) y  se creía que había unos 1.200 indígenas.

Hoy, los nukak tienen vulnerabilidades inmunológicas, territoriales, socioculturales y políticas. Hay alrededor de 600 nukak según el último censo y la mayoría de ellos no viven en su territorio ancestral, solo un porcentaje muy pequeño vive muy aislado y busca conservar sus modos de vida.

 

Según el último censo hay alrededor de 600 nukak y la mayoría no vive en su territorio ancestral. © SEMANA



En el papel, los nukak cuentan con un territorio legalmente constituido como resguardo desde 1993, cuando el entonces INCORA, les otorgó un terreno de 632.160 hectáreas. Cuatro años después, el área fue ampliada 322.320 hectáreas hacia el oriente de San José del Guaviare, para un total de 954.480. A pesar de tener un terreno establecido la violencia los desplazó de su territorio. Perdieron sus costumbres y ahora muchos viven en condición de indigencia.

Tal vez el momento más trágico lo vivieron en 2004 cuando los enfrentamientos entre las Farc y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) forzaron el desplazamiento de los indígenas, desde la zona media del río Guaviare hasta las cabeceras municipales de El Retorno, Calamar y San José del Guaviare.

 


 

Los nukak fueron usados como raspachines de coca, guías en la selva por el Ejército, jornaleros mal pagos por los colonos y las mujeres fueron abusadas sexualmente por diferentes actores armados.


 

Debido a esta situación el gobierno local de San José constituyó en su momento un asentamiento, en un predio de la administración que queda a 20 minutos, en la vereda de Agua Bonita, esperando después dar un retorno acompañado a los nukak.

Han pasado 15 años, el regreso no se dio y no se ve una pronta solución. Sin tierras los nukak de Agua Bonita tienen que afrontar otros problemas: salud, hacinamiento, inseguridad alimentaria, falta de acceso a agua potable y saneamiento. Otros deambulan por las calles de diferentes municipios con una suerte no tan diferente.
 

 

Muchos nukak recorren las calles de San José del Guaviare con un mono mascota con el cual recolectan algo de dinero entre los turistas © Martina Jiménez G.


Choque de realidades


Guaviare es la puerta de entrada a la selva colombiana que conecta a la Amazonia y la Orinoquia.  Cuatro de sus municipios están habitados por 130.000 personas, de estos el cinco por ciento es población indígena. Es decir, 6.000 personas pertenecientes a 26 comunidades étnicas, quienes poseen el 46 por ciento de la tierra, según José Albeiro Mejía, secretario de gobierno departamental.

Llegar a San José del Guaviare es encontrarse con una ciudad pequeña que se enorgullese de los nukak, de tener parte del patrimonio de la humanidad en su departamento a través del Parque Nacional Natural Serranía del Chiribiquete. De hecho, es común ver en casi todos los establecimientos comerciales cuadros, afiches y letreros de la que se considera una de las últimas tribus nómadas. Sin embargo, la realidad de los nukak es otra. Abandonaron el arco, la flecha y la cerbatana para cargar un churuco o un maicero al hombro, algunos llevan consigo un mono como mascota con el cual se ganan algún dinero entre los turistas.

La presencia del Estado en esta zona del país ha sido distante, “ha revictimizado por desconocimiento, también por falta de voluntad a la hora de realizar políticas diferenciales, porque no los ha visto como un pueblo especial sino como un problema, entonces producen acción con daño” dijo Kelly Peña, socióloga e investigadora social de los nukak.

 

Del único caño que tienen cerca, los nukak recogen agua para beber, lavar la ropa, cocinar y otras necesidades básicas. © Martina Jiménez G.



Varios investigadores han desarrollado distintos análisis que buscan entender la cosmovisión y las vulnerabilidades de los nukak. Una de ellas es su sistema inmunológico. Esta población no tiene las defensas suficientes para resistir ciertos virus, como sí sucede con la población mestiza. Según la Secretaría de Salud del departamento y la Empresa Social del Estado (ESE) municipal de San José, el 67 por ciento de las atenciones a los nukak ha sido para atender poli-parasitismos intestinales, infecciones respiratorias agudas y desnutrición crónica. Estas enfermedades están relacionadas con la vulnerabilidad territorial  ya que se alteró su forma de vida.

Los miembros de esta tribu recorrían su territorio en círculos de acuerdo a sus creencias. Al parar en una estación comían lo que la naturaleza les proveía y dejaban las semillas para continuar su camino a la siguiente estación. Así seguían hasta volver a iniciar en el primer punto. Ahora, prácticamente son sedentarios.

 


 

«Muchos de los jóvenes nukak consumen drogas alucinógenas. Según la Secretaría de Salud el 86 por ciento de los nukak ha consumido algún tipo de sustancia psicoactiva, y muchos de los consumidores son niños de 8 y 9 años»

 

Delver Ramírez, enlace étnico


 

Los nukak de la vereda de Agua Bonita viven en precarias condiciones de saneamiento básico. Del único caño que pasa cerca a su asentamiento sacan agua para beber y bañarse y, las mujeres lavan las hojas de cumare, una planta con la que los pueblos amazónicos realizan artesanías para pintar con achiote y vender. Viven en un suelo rocoso rodeados de fincas dedicadas a la ganadería por lo que ya no tienen zonas de pesca, caza o recolección.

Aunque la Unidad de Víctimas entrega mercados cada 45 días a diferentes familias, tal vez, los productos seleccionados no son los más adecuados con su dieta. “Son comidas enlatadas, lentejas y frijoles, una dieta alejada de sus costumbres. Además ellos no tienen los implementos necesarios para poder prepararlos y terminan vendiendo estas provisiones en el pueblo, reforzando señalamientos desde la población blanca”, comentó Francisco Cuellar, secretario de gobierno de Guaviare.

En la actualidad, los nukak no hacen ritual de transición de niños a hombres, ni el de bodas, ni entierran el ombligo de los recién nacidos. Ya no viven en malokas, ni se pintan el rostro con achiote. Hay quienes especulan que ya perdieron su cultura y esta es una visión muy anacrónica, pues simplemente transformaron sus modos de vida a las circunstancias.
 

 

Los nukak de Agua Bonita viven en un terreno árido y están rodeados de colonos por lo que no pueden cazar. Viven de algunos mercados que les entrega la Unidad de Víctimas © Martina Jiménez G.



Su historia y cultura se mantienen vivas por la tradición oral, los más pequeños conocen las plantas medicinales y tienen muy claro el modo de vida de los nukak. “Son personas, suena muy absurdo aclararlo, pero siempre hay un trato y una mirada desde el punto de vista exótico, hay que verlos como seres humanos con una forma de vida especial”, explicó la socióloga Peña.

Por otra parte, las vulnerabilidades políticas y socioculturales de los nukak nacen del poco entendimiento que tienen sobre el mundo occidental y sus leyes. Además, no tienen un sistema político organizado, no hay una figura de cabildo, consejero mayor o cacique y esto no les ha permitido participar activamente en la toma de decisiones o defensa de sus derechos.

De lo poco que se sabe de la estructura organizacional del pueblo nukak es que se dividen en cuatro grupos territoriales:  Meu Muno (gente de la coronilla), Taka Yudn Muno (gente del centro de la selva), Wayari Muno (gente del río Guaviare) y Mipa Muno (gente del río Inírida).
 

 

A pesar de tener un resguardo que cuenta con 954.480 hectáreas, los nukak viven en deambulando diferentes municipios de Guaviare. © SEMANA


La realidad de la tierra



El 18 de diciembre de 1997 se expidieron dos actos administrativos de repercusión legal relevante con respecto al ordenamiento territorial en el departamento del Guaviare. Uno informaba la ampliación del Resguardo Indígena Nukak - Makú. El segundo, era la constitución de la zona de reserva campesina en el Guaviare.

Estos dos actos generaron una incertidumbre jurídica respecto a la formalización del territorio del pueblo nukak, al no tener claridad sobre los límites de su resguardo. La discrepancia en los linderos se debe a que se presenta un traslape (cubrimiento de una cosa con otra) veredal.

Para 2011 esa superposición se traslapaba con 7 veredas de San José del Guaviare, mientras que entre febrero y marzo de 2018, el Sistema de Información Geográfica (sig.guaviare.info), encontró una dinámica de colonización inusitada y alarmante, ya que el traslape ascendía a 16 veredas. En 5 años el área traslapada con el resguardo paso de 21.455 hectáreas a 8.274.
 

 

La falta de tierra ha obligado a los nukak a vivir de una forma sedentaria. © SEMANA

La Corte Constitucional ordenó al Estado realizar un Plan Especial de Salvaguarda para garantizar la supervivencia de los nukak. © Martina Jiménez G.



Atendiendo a esta situación la Unidad de Víctimas presentó en 2011, una solicitud de medidas cautelares que hasta el momento no han sido ejecutadas, pero sí fueron admitidas para la protección jurídica del territorio, para la divulgación de los derechos indígenas, la adopción de medidas de atención y asistencia humanitaria, para así poder garantizar los derechos colectivos territoriales de los nukak.

Las medidas cautelares incluyen otros puntos como: la conformación de una “Comisión Interinstitucional de carácter temporal” para asegurar el cumplimiento de las órdenes que se emitan con el auto de medidas cautelares; la definición y ejecución de acciones para asegurar las condiciones de seguridad para la intervención institucional en el resguardo Nukak - Makú, esta debe tener acompañamiento de la fuerza pública; la garantía de la atención humanitaria de emergencia al pueblo nukak en cada uno de sus asentamientos para mitigar las situaciones agudizadas de vulnerabilidad; la delimitación del resguardo indígena e instalación de vallas publicitarias en sitios estratégicos con información encaminada a prevenir la invasión o colonización del territorio indígena por parte de terceros.

Por otro lado, la Corte Constitucional en el auto 173-2012 contempló el riesgo de exterminio físico y cultural del pueblos nukak y jiw, y por eso, ordenó la construcción de una Plan Especial de Salvaguarda, que establezca las medidas necesarias para su supervivencia. 

 


 

«No hay una proyección de tiempo para que algunas de estas órdenes se ejecute, realmente todos creemos que es muy difícil, todas las medidas en sus órdenes son muy buenas, pero el incumplimiento se dado en todos los autos», concluyó Delver Ramírez, refiriéndose al incumplimiento del Ministerio del Interior frente al Plan Especial de Salvaguarda.


 

El Acuerdo de Paz tiene un componente étnico que prioriza comunidades indígenas. Sin imbargo los nukak a pesar de cumplir muchos de los requisitos no han sido tenidos en cuenta en la asistencia. © SEMANA


La paz y los nukak

El acuerdo de paz tiene un componente étnico que nombra a los nukak como sujetos especiales en el punto de la Reforma Integral Rural. Allí obliga al Estado a desminar y restituir sus tierras como garantía de seguridad jurídica de los territorios ancestrales ocupados por otros actores, algo que no se ha cumplido.

La desarrollo del programa de Desminado y Limpieza se desarrollaría en la concentración de los pueblos étnicos, consolidando condiciones mínimas para un eventual y gradual retorno. Según el Acuerdo, la priorización la tendrían los municipios afectados por los cultivos de uso ilícito, pueblos étnicos en riesgo de exterminio físico y cultural, así como también los territorios de los pueblos en situación de confinamiento o desplazamiento, pero ningún municipio del Guaviare hizo parte de esta priorización a pesar de cumplir con varios de los requisitos.

 


 

En cuanto a la seguridad de la zona, a pesar de la desmovilización de las Farc en el territorio nukak hay presencia de dos disidencias: el frente primero y el séptimo, quienes tienen presencia en veredas o poblaciones aledañas como La Libertad, La Unilla, Tomachipan,  Puerto Iris, Barracón y Barranquillita.


 

A esto se suma que entre 2010 y 2016 la falta de protección del territorio indígena ha permitido la colonización de zonas boscosas, lo cual se ve reflejado en las zonas limítrofes de las veredas Charrasqueras, Guanapalo y el Sur de Caño Negro.

 A esto se suma la deforestación que está asociada con nuevos actores que hacen negocios con la tala de madera, como lo ha explicado la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible, quienes vienen realizando un seguimiento al caso. La tala indiscriminada de árboles llega a lugares donde después hay cultivos de palma y ganadería extensiva que cada vez más incursiona en territorio indígena, lo que no solo genera graves afectaciones ambientales sino que disminuye los derechos territoriales del pueblo nukak.

La gobernación de Guaviare no cuenta con los recursos suficientes para cubrir las privaciones de los nukak y tampoco tiene cómo evitar que el resguardo siga siendo destruido. Mientras tanto los nukak siguen en vilo en el asentamiento temporal de Agua Bonita, esperando algún día regresa a su territorio ancestral.

 

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