julio 31 de 2019

Sobre democracia y diversidad. Aportes para enriquecer el debate sobre el puerto de Tribugá

Por: Andrés Bateman Arbeláez

Aunque hace cerca de 30 años se está proyectando la construcción un puerto en el Golfo de Tribugá en el municipio de Nuquí en Chocó, hace unos meses el debate cobró vigencia, pues en distintas locuciones el Presidente Iván Duque ha expresado su interés en la iniciativa. Debido a lo controversial del proyecto, varios medios de comunicación han realizado debates y análisis que han girado en torno a dos temas particularmente. Uno, la viabilidad y conveniencia de un proyecto de tal envergadura. Dos, los efectos ambientales irreversibles que el puerto tendría en distintos ecosistemas acuáticos, terrestres e híbridos. 

No obstante, la importancia de estas dos temáticas, en los debates sobre la construcción del puerto de Tribugá ha brillado la ausencia de los potenciales efectos que el proyecto tendría sobre los habitantes de la región. Debido al desplazamiento de la población -por la fuerza o la persuasión-, puesto que tras la construcción del proyecto no habría cabida para las actividades tradicionales de la zona como la pesca artesanal, la recolección y la agricultura familiar, es inminente la desaparición de las formas particulares de ver, pensar y estar en el territorio. 

Para entender la problemática del puerto de Tribugá en toda su complejidad es necesario superar la noción de que las poblaciones y el entorno natural son entidades desconectadas. Esto quiere decir que a la hora de debatir los efectos que la obra tendría en el Pacífico norte, se debe tener en cuenta que ha sido la presencia y habitación de las comunidades negras e indígenas en la región, lo que ha permitido la sostenibilidad del medioambiente tal y como lo conocemos hoy. Sin el uso doméstico, diverso y cíclico que las comunidades le dan a la naturaleza, estos territorios serían otros.

La inclusión en el debate sobre las formas de vida propias de las comunidades del Golfo de Tribugá, reflejaría el tipo de discusiones que se deben tener si se quiere construir un país democrático y en paz. La noción de multiculturalidad debe superar la idea de que la diversidad se reduce a las expresiones folclóricas como la música, danza o gastronomía tradicionales. La multiculturalidad implica la coexistencia pacífica y democrática de distintas formas sociales de entender el territorio, explicar la realidad, de resolver problemas, de pensar, ser y estar en el mundo. 

Precisamente, los derechos alcanzados por las comunidades étnicas del país hace casi tres décadas, lo que buscan es que sus perspectivas, aspiraciones y sentidos comunes sobre los territorios sean tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones. Esto implica que las visiones propias de bienestar, de prosperidad y de estar en el mundo sean determinantes a la hora de entender el presente y planear el futuro de los territorios. Implica poner en práctica, y mantener la vigencia de logros interinstitucionales como la Mesa de Ordenamiento Ambiental del Golfo de Tribugá y el Distrito Regional de Manejo Integrado del Golfo de Tribugá, que además de regular la pesca industrial y promover prácticas pesqueras artesanales, buscan la promoción de formas sociales, económicas y culturales que tengan concordancia con la sostenibilidad ambiental y aseguren el sustento familiar.

En fin, el cumplimiento de los derechos adquiridos por las comunidades negras del país, exige que proyectos como el puerto de Tribugá sean revaluados, pues más allá de los limitados y cuestionables beneficios que le traería a las poblaciones, desarticula las formas sociales, culturales y económicas que han permitido la supervivencia de las comunidades y la sostenibilidad del medio ambiente.

 

Andrés Bateman Arbeláez, Investigador Fundación ACUA. Candidato a Doctor en Sociología por la Universidad Humboldt de Berlín.

Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL

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