Del asfalto al colchón: una noche en un dormitorio social

diciembre 17 de 2017

Después de meses e incluso años de vivir en la calle, dormir en una cama es una experiencia tan confortante como extraña, casi un ejercicio de reflexión. Así lo plasmó un jóven fotógrafo desde uno de los albergues temporales de Cali..

Del asfalto al colchón: una noche en un dormitorio social

| Abandonar la delincuencia o dejar de consumir drogas son dos de los tres sueños de los habitantes de calle que visitan este dormitorio social del sur de Cali. El tercero, superar la indigencia. | Por: Jair F. Coll | Especial para SEMANA RURAL


Por: Jair F. Coll
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“Quiero volver a ser humano”, dice Rubén*. Su voz está a punto de quebrarse. “Quiero dejar de robar, tomar licor, consumir cocaína y no dormir más en los andenes”. A su espalda hay otros como él: habitantes de calle que finalmente, después de muchos años o meses, se acuestan en una cama mullida. En el caso de Rubén, son 18 años sin esa sensación.

Desde las 5:30 de la tarde llega al dormitorio social del barrio Santa Elena, en el sur de Cali. A esa hora abren el servicio, que ofrece baño, comida y cama para 34 personas. Llega gente de todo tipo: con tatuajes, íconos religiosos, discapacitados, unos muy tímidos y otros muy sociables. Rubén es de estos últimos y no puede evitar las lágrimas cada vez que recuerda su historia:

 

  F O T O G R A F Í A S  Y   T E X T O  -  J A I R    F.   C O L L

 

***

"Tengo 58 años y hace 18 años que llegué a este mundo, desde que me separé de mi mujer. El único consuelo fue la botella”. Rubén tiene tres hijos graduados de la universidad con quienes no tiene ningún contacto.

 


    “Busco cambiar… Que mis hijos y yo seamos capaces de vernos la cara”.


Los gestos de Rubén se tranquilizan poco a poco, todavía húmedos por las lágrimas, que se secan en el periodo de sueño. Entretanto, algunos compañeros traen de nuevo sus vidas. “¿Si ve las marcas que tengo en mis manos y pies? Son rastros de tortura”, cuenta Pedro.

“Fue en los años 60, cuando me negaba decirles a los detectives dónde tenía lo que me había robado. Ah, esos asesinos del gobierno”. Ríe y lo mismo hace cuando vuelve a su infancia:


 


A la mayoría de habitantes de calle que llegan aquí les toca dormir afuera, bien sea porque se llenaron los 34 cupos o por su estado de alicoramiento o drogadicción. Como este lugar solo hay otro en Cali, en el barrio San Bosco, donde cada noche acomodan a 42 personas. Menos de 100 camas para los casi 6.000 habitantes de calle que tiene Cali, según cifras oficiales.

 


«A mí sí que me dieron garrote [...]
Me volé de la casa a los 12 años».


 


“Al ser habitante de calle se generan comportamientos disruptivos, los cuales son apropiados de manera naturalizada”, explica Leidy Johanna Ramírez, coordinadora del dormitorio social y miembro de la Fundación Samaritanos de la Calle, institución que administra el servicio en asocio con la Alcaldía.

“La idea es romper esos esquemas que ellos han adquirido para que recuperen habilidades sociales y personales”.

 


«A cuántos colombianos les falta agua mientras estas camas las lavan todos los días...»


 

 

Y Jorge lo sintetiza a su manera: “Son demonios que se apropian de uno… Esos que aparecen cuando abusaba de las droga”. Tiene 32 años y lleva uno como habitante de calle después de los trastornos que le provocó, como tantos otros casos, terminar una relación sentimental.

 


«Ahora estoy acabando mis estudios. Voy por once de bachillerato, porque no quiero volver a ese mundo. Es que dormir en la calle es muy duro, con frío, atento a que no te apuñalen, no te roben». Jorge recuerda esos tiempos mientras sus compañeros: suele acostarse más tarde por estar leyendo algún libro del hogar de paso.


 

 

Hace sonar las hojas del tomo Los 100 personajes más influyentes de la historia. A su costado se escuchan los ronquidos de sus compañeros, uno que otro murmullo, a veces una conversación efímera. Todos están recién bañados, pero algunos aún conservan las marcas de suciedad en la planta de sus pies. La mayoría utiliza las toallas para refrescarse o se olvidan de las cobijas para conciliar el sueño.


 

 

En el centro de las literas, al lado de una gruesa columna, un hombre no tiene problema con dormir en el suelo.


 

 

***

Se despertarán a las seis de la mañana y será otro día para luchar allá afuera, para deshacerse de eso que Jorge insiste en llamar “demonios”...

Por algo los llamará así.

 

 

*Por respeto se cambió la identidad de los habitantes de calle o solo se mencionó su primer nombre.

¨¨¨


  ZOOM   EN LA VOZ DEL FOTÓGRAFO 
 

- Mientras ves las fotos, escucha la historia de este reportaje gráfico en la voz de su autor Jair F. Coll-


 

POR:  JAIR F. COLL

 

 

Nació en Cali hace 20 años, ciudad donde se ha formado como reportero gráfico, redactor web del Noticiero 90 Minutos. Es estudiante de séptimo semestre de Comunicación Social-Periodismo en la Universidad Autónoma de Occidente.

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.