mayo 06 de 2019

De la paz firmada a la paz de calidad

Por: Borja Paladini Adell


Tras el “apretón de manos”, la parte más difícil del proceso de paz termina y arranca la etapa más compleja: un proceso abierto donde participan miles de actores con agendas, intereses y propuestas diversas y, a menudo, antagónicas.

La implementación requiere pasar del dicho al hecho, es decir, traducir un acuerdo de carácter político en acciones concretas (normas, instituciones, programas, proyectos, provisión de bienes y servicios públicos) que beneficien la calidad de vida, proteja y garantice derechos humanos. 

El punto de partida de la implementación no es la alegría que surge de la firma del acuerdo de paz,  sino los legados de la guerra, que permanecen y siguen siendo protagónicos. La polarización, la desconfianza, la estigmatización, el odio, el rencor, el dolor, la resistencia al cambio, el sabotaje, las economías ilícitas, la corrupción, entre otros elementos, son una realidad presente. 

Así, frenar las lógicas de la guerra, y arrancar lógicas de paz no ocurre de inmediato, ni está garantizado. Es un proceso lento que requiere no solo acordar la paz sino sostenerla y construirla día a día, así como cumplir los compromisos acordados y permitir, además, que el proceso de construcción de paz dialogue con propuestas y agendas de aquellos que no firmaron la paz pero quieren ser protagonistas de su construcción (mujeres, comunidades étnicas, empresarios, estudiantes, sindicatos, entro otros). 

Implementar la paz firmada es complejo porque en el proceso se tiene que dialogar con nuevas propuestas y legitimidades políticas que surgen, por ejemplo, tras procesos electorales que cambian los actores y prioridades de gobierno. 

Esta complejidad genera un dilema interesante: hay que implementar los acuerdos de paz como expresión de un compromiso de Estado y, al mismo tiempo, ajustar la implementación para responder de la forma más constructiva a la realidad descrita antes. Frente a este dilema, ¿cómo ha progresado Colombia tras dos años y pocos meses de su proceso de implementación del acuerdo de paz? El informe reciente del Instituto Kroc presenta algunos elementos de análisis:

Persistencia

En primer lugar, la implementación del acuerdo ha sido persistente. De acuerdo con el seguimiento riguroso a cada uno de los 578 compromisos medibles y concretos del Acuerdo de paz, se dispone de información concreta, verificada y analizada de forma cualitativa que indica que 400 de estos compromisos se han puesto en marcha, es decir, el 69% del Acuerdo.
 


«Implementar la paz firmada es complejo porque en el proceso se tiene que dialogar con nuevas propuestas y legitimidades políticas que surgen»
 


Un tercio de estos compromisos han alcanzado niveles avanzados de implementación, es decir, se han implementado completamente (23%) o se espera que se implementen completamente en el tiempo estipulado por el Acuerdo (12%).

Hay un 34% de los compromisos en estado de implementación mínima, y 31% del total de compromisos no ha iniciado su implementación. En el marco temporal previsto de 15 años, este nivel de implementación a poco más de dos años, muestra que la implementación ha progresado de forma positiva mes a mes desde diciembre del 2016. 

El principal logro y área de avance es el fin del conflicto armado entre el Gobierno y las FARC- EP y la transformación de ese grupo guerrillero en un partido político democrático que participa en la vida política nacional. Estudios comparados de otros procesos de paz muestran que alcanzar los dos primeros años tras la firma del Acuerdo sin retornar al conflicto armado es un hito importante que augura buenas posibilidades de éxito. 

Otra área de avance es el funcionamiento regular de varios de los mecanismos de verificación, monitoreo y resolución de conflictos estipulados en el Acuerdo y del acompañamiento internacional. La experiencia comparada muestra que los procesos de paz en donde estos mecanismos mejor funcionan tienen niveles de implementación más altos y que alli? donde dejan de funcionar, el riesgo de recaer en el conflicto armado y colapse todo el proceso de paz aumenta de forma significativa. 

Resiliencia

En segundo lugar, la implementación ha sido resiliente, y adaptable a nuevas realidades políticas. Por un lado, se mantienen, hasta la fecha, las principales normas, instituciones y programas creados por el Estado en el marco de la implementación del Acuerdo de paz. También, se mantienen los principales bloqueos o retrasos más significativos, como la no aprobación de buena parte del marco normativo que permite agilizar la reforma rural integral o la apertura democrática.

Por otro lado, se enfrentan las dificultades, problemas y crisis en espacios institucionales creados por el Acuerdo, como por ejemplo la CSIVI, con un abordaje pragmático y desde el diálogo entre las partes. También, se mantiene un sólido compromiso de las comunidades rurales y de la comunidad internacional -milagrosamente unánime- con la implementación del Acuerdo de paz.

Otro factor de resiliencia destacable, que muestran el poder transformador de la paz, es el surgimiento, por todo el país, de centenares de iniciativas locales para liderar la construcción de paz desde los territorios.

Aunque opacado por el ruido político nacional, en los territorios las comunidades, los excombatientes, la sociedad civil, las autoridades del Estado en lo local, universidades regionales, ONG y actores internacionales, entre otros, están asumiendo la responsabilidad de implementar el Acuerdo y construir paz. Estos procesos y alianzas locales son ejemplos concretos que muestran que la paz surge de reconocer, dialogar y cooperar entre los diversos actores. 

La paz no es un juego de suma cero en donde unos niegan a los otros, sino un juego en donde diversos actores, si trabajan juntos, pueden multiplicar y enfrentar los problemas que tienen en común. Podemos destacar dos ejemplos: uno, las más de 300 iniciativas de excomabatientes y aliados locales en las que se aborda el reto de la reincorporación socio-económica de esta población en el largo plazo.

Hombres y mujeres que antes llevaban armas, ahora se preparan para el mundial de rafting, producen y venden cerveza de alta calidad e innovan con soluciones energéticas limpias para iluminar una vereda con el uso de un tornillo de arquímedes hidráulico, entre otros muchos ejemplos.

Dos, en lo local, el reencuentro y la reconciliación entre antiguos enemigos no es algo abstracto: gobernadores y exguerrilleros, tibios y radicales, víctimas y victimarios, jovenes y mayores, sindicatos y empresarios, hombres y mujers, ahora se sientan en una mesa para pensar juntos las rutas de paz y desarrollo para sus territorios. Estas dinámicas locales de paz son fundamentales para lograr una paz más transformadora y legítima que una a los colombianos.  
 


«El reto para los próximos tres años es aprovechar los avances logrados, superar las dificultades y retrasos para que los colombianos de carne y hueso empiecen a entender que la implementación del Acuerdo de paz»
 

Paz de calidad

Finalmente, la implementación aún no ha transformado de forma positiva las condiciones de vida de las personas en los territorios priorizados por el Acuerdo de paz. En esta tabla se puede encontrar los principales avances, dificultades y retos pendientes de los seis puntos del Acuerdo de paz.

El reto para los próximos tres años es aprovechar los avances logrados, superar las dificultades y retrasos para que los colombianos de carne y hueso empiecen a entender que la implementación del Acuerdo de paz, en diálogo con nuevas prioridades políticas y con las propuestas locales que surgen de la gente, puede ser la principal plataforma que ayude a proteger, promover y garantizar los derechos humanos en el país. 

Una paz de calidad necesita, hacia adelante, garantizar la seguridad de líderes sociales, de los excombatientes y de los territorios. Necesita empezar a concretar la reforma rural integral en tierras adjudicadas y formalizadas, inversión del Estado en bienes y servicios públicos, cosa que se traduce en mejores vías, escuelas, centros de salud en lo rural y más oportunidades de emprendimiento económico.

Necesita enfocarse en ampliar la calidad de la democracia y la participación ciudadana en la configuración de lo público y el interés común. Necesita concretarse en reparar a las víctimas y apoyar a mujeres rurales cabeza de familia, campesinos afro, indígenas víctima, jóvenes sin oportunidades, para que puedan ser los verdaderos protagonistas y beneficiaros de una paz que mejora sus vidas.  

El Acuerdo de paz y muchas de las prioridades políticas del nuevo gobierno pueden sumar en lograr esta paz transformadora y de calidad. 


*Borja Paladini Adell es representante en Colombia del Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz. Tiene 20 años de experiencia como constructor de paz. Ha asesorado en Colombia e internacionalmente a Naciones Unidas y otras organizaciones especializadas. Es profesor de práctica en construcción de paz en diversas universidades colombianas. @borjapax


El Instituto Kroc, de forma independiente, apoya el proceso de seguimiento y verificación de la implementación del Acuerdo de paz, respondiendo a la invitación conjunta recibida por el Gobierno colombiano y las FARC.
 

Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.
 

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