De yerbateras, agüeros y rituales: Colombia, un país de curanderas

agosto 08 de 2019

Curanderas, comadronas y parteras no solo conocen los secretos de las mujeres, sino que las asesoran en temas de salud sexual y reproductiva. Sus saberes pasan por lo médico, pero también por lo ritual, lo mágico, lo chamánico y lo ancestral, y eso es lo que quiere rescatar la actual exposición del Museo del Oro.

De yerbateras, agüeros y rituales: Colombia, un país de  curanderas

| Las curanderas utilizan con frecuencia plantas, especias, muñecos rituales y libros sagrados para ayudar en los trabajos de parto y para hacer rituales. | Por: Pilar Mejía Cifuentes.


Por: María José Peláez Sierra
@mariajop4



Perejil para quedar en embarazo, verbena para calmar la ira, caléndula para mejorar la intuición, poca agua para que el niño no salga cabezón, leche y queso para aclarar la piel, sangre para mejorar la fuerza, cebo para evitar el pasmo, toronjil para aprender a soltar, invocar a San Ramón Nonato para un parto sin dolor…, y a confiar en las manos de su comadre partera. “A la cuenta de tres, ¡puje!”. 

Nada de esto es una receta. 

Las hierbas, los ritos, los agüeros y saberes varían significativamente de región en región, de mujer en mujer. De hecho, el éxito de las parteras, de las yerbateras y magas colombianas es su fórmula, el secreto con el que preparan los brebajes. Y ese legado, precioso y escaso, es lo que quiere rescatar la exposición del Museo del Oro de Bogotá sobre partería y saberes ancestrales. Pues cientos de mujeres y algunos hombres en departamentos como Huila, Nariño, Chocó y el Valle han ayudado a miles de embarazadas a tener a sus hijos de forma natural.

 


Exposición "Partería, saber ancestral y práctica viva" del Museo del Oro de Bogotá. ©Pilar Mejía Cifuentes.


Natalia Rodríguez, divulgadora del Museo, insiste en que la exposición –que nació en Buenaventura con el guión del antropólogo Hugo Portela– quiere reivindicar el rol de la mujer en la medicina tradicional y comunitaria. Por siglos las mujeres han sido tachadas de brujas y maléficas por sus conocimientos de las plantas y por su capacidad para curar. “Es hora de que las llamemos por su oficio real: médicas tradicionales”. 

“Tan amplia es su sabiduría que los poderes medicinales no los dan las plantas por sí mismas, por lo menos no en estos casos, sino las combinaciones que las médicas tradicionales crean en sus botellas curadas. Ellas añaden las raíces, las flores, el viche, las semillas y el alcohol cuidadosamente, en diferentes cantidades y formas, para personalizar las botellas y atender a sus pacientes de acuerdo con sus necesidades específicas”,
enfatiza Natalia. 

 


 


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Por eso, desde 2016, el Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Inmaterial de la Nación los saberes ancestrales de las yerbateras y médicas tradicionales del Pacífico. Sus servicios permiten que cerca de 5.000 mujeres al año, de las regiones más apartadas del país, den a luz. 

Dicen “servicios” porque ninguna de ellas cobra por ayudar a las madres con su trabajo de parto. 

Según explicó el Colectivo Yerbateras, compuesto por seis mujeres jóvenes que reivindican el poder de las plantas y sus usos, “ellas no cobran, porque sería como si un amigo cobrara por dar un consejo. Las parteras hacen un trabajo social y son recompensadas con el reconocimiento y admiración de las comunidades. De ahí que en muchos lugares sean matriarcas con influencia sobre las decisiones comunitarias. El resto del tiempo tienen trabajos convencionales, pero cuando las necesitan, independientemente de la hora, corren a ayudar”. 

 

Las yerbateras se caracterizan no solo por conocer las plantas, sino por potencializar sus beneficios a través de combinaciones secretas y de cocciones precisas. En la foto, una olla para preparar viche, un trago típico del Pacífico colombiano. ©Pilar Mejía Cifuentes. 
 



Un trabajo peligroso

 


Su oficio no se aprende en los colegios ni en las universidades, no se puede enseñar desde la teoría y no se puede absorber estando lejos de la partera. Es un ejercicio largo y constante en el que la médica tradicional transfiere todos sus secretos a su pupila o pupilo y en el que la práctica, desde el oído, la observación, el tacto, el olfato, el gusto y, sobre todo, la intuición, se vuelve lo más relevante para hacer bien su trabajo. 

 

Un trabajo que, entre otras, es peligroso y complejo. 

 

No solo por las razones propias del embarazo y los riesgos que pueden correr la madre y el bebé a la hora del parto, sino por la estigmatización y violencia a la que se exponen muchas de estas mujeres. Si bien algunas de ellas ganan un lugar importante dentro de la comunidad, otras son permanentemente violentadas. 

 

Video realizado por Los Oficios, un viaje por los saberes ancestrales colombianos, para el Museo del Oro del Banco de la República, con participación de la Asociación de Parteras Unidas del Pacifico – ASOPARUPA.



El conflicto armado colombiano obligó a muchas niñas, jóvenes y adultas a asistir los partos de las mujeres que los milicianos de los grupos ilegales violaron o a asistir los de las propias combatientes. Muchas veces sin que las parteras quisieran hacerlo y otras tantas sin que tuvieran experiencia en partería. Bajo amenazas de muerte y la presión de que algo saliera mal, muchas se entregaron de por vida a un oficio que a algunas les llegó por tradición y a otras por fuerza. 

La exposición recorre ese camino: el de una niña de trece años que apenas comienza su vida como curandera, yerbatera y partera en Tumaco y el de una mujer de ochenta y seis años que le entregó ya sus saberes a su aprendiz; saberes marcados por la felicidad de ver la vida brotar, pero también por el horror de la muerte en un país en el que cientos de mujeres dan a luz bajo ráfagas de balas. 

Esa es la razón por la que las parteras permanecen en la vida de las familias incluso después del parto, pues se convierten en confidentes, en comadres, en consejeras y aliadas de la mujer y de los hijos. Pero también de los hombres, a los que incitan frecuentemente a estar presentes en la crianza de los niños y a los que, con hierbas y rituales, persuaden de aportar emocionalmente a la familia. 

 


Dos lados de una misma moneda: de médica a hechicera
 


Las yerbateras, no solo en Colombia, han utilizado su astucia histórica para mediar en las querellas familiares y maritales, pero también en las sociales y comunitarias. 

Ese es el caso de Zura Karuhimbi, la mujer que salvó a 100 personas del genocidio de Ruanda, África, en 1994 al hacerse pasar por bruja cuando llegaron hombres con machetes y armas a acabar con su comunidad. Los milicianos, temerosos de que Karuhimbi los maldijera, salieron despavoridos de la aldea sin matar a nadie. 

En Colombia hay casos similares al de Ruanda. El sincretismo religioso, la diversidad cultural, la superstición nacional y las dinámicas del conflicto han desdibujado el rol de las curanderas, que no solo ofician como parteras o médicas tradicionales, sino que también utilizan rituales, agüeros y conjuros para curar el mal de ojo, evitar envidias, sanar rencores, alejar malas energías, limpiar territorios, mejorar relaciones, inmunizarse de los demonios, espantar delincuentes, entre otros. 

 

Video realizado por Los Oficios, un viaje por los saberes ancestrales colombianos, para el Museo del Oro del Banco de la República, con participación de la Asociación de Parteras Unidas del Pacifico – ASOPARUPA.



Por ejemplo, algunas mujeres de las comunidades indígenas del Guaviare les dan usos mágicos a las plantas. Y con ellas preparan infusiones, potajes y compotas con las que realizan ceremonias para ahuyentar la tragedia y la violencia que puede llegar desde afuera a sus resguardos. Esas mismas mujeres realizan labores relacionadas con el parto, sin que sus conocimientos místicos, rituales y chamánicos afecten la confianza que la comunidad tiene en ellas para traer la vida al mundo. 

Es más, para algunos, la parteras son valiosas precisamente por esa relación entre el saber médico y el poder mágico. Insisten en que eso ayuda a que los niños lleguen más sanos y protegidos ante la hostilidad del mundo exterior.

También algunas parteras del Amazonas les piden a los padres que cambien de roles para confundir a los malos espíritus que le quieran hacer daño al bebé que está por llegar. Por eso, durante tres días, según explicó el Colectivo Yerbateras en el marco de la exposición, el hombre hace las labores de la mujer y ella las de su esposo. “Así los espíritus no saben cuál de los dos es el que está esperando al hijo y no pueden hacerles daño”

Y, como estos, los rituales y agüeros antes, durante y después del embarazo son innumerables e invaluables en un país rico en creencias y geografías. Hay algunos tan conocidos, como enterrar la placenta para arraigarse a la tierra y desprenderse de la madre, como otros tan controversiales, como el de meter por unos segundos al recién nacido en el cuerpo de una vaca decapitada para que no pierda el calor.
 


Un tabú ancestral
 


Si bien las parteras y médicas tradicionales se sienten especialmente orgullosas de sus logros e incluso llevan la cuenta de los partos que han asistido, hay un asunto del que muchas no hablan, pero que otras ostentan como parte de su función social y de su estrecha complicidad con la mujer: asistir los abortos. 

Tanto para el Museo del Oro como para el Colectivo Yerbateras es esencial reconocer que así como existen secretos en la realización de las botellas curadas, existen secretos entre la embarazada y la partera. 

 

Tres de las integrantes del Colectivo Yerbateras durante la exposición del Museo del Oro. Allí, ellas hablaron acerca de los agüeros y rituales ancestrales y tradicionales durante el embarazo© Pilar Mejía Cifuentes.  



Conocer a profundidad las plantas, sus usos y características, les permite a las parteras ayudar a las mujeres con métodos anticonceptivos naturales. En regiones en donde es difícil acceder a las herramientas convencionales de control de natalidad o en las que la idiosincrasia patriarcal ve a mal que las mujeres decidan no tener más hijos, las parteras son aliadas fundamentales y fieles. 

A muchas, como a ‘Mamá Tere’, una matriarca y líder de la asociación de parteras de Tumaco, no les tiembla la voz a la hora de decir que su trabajo es el de empoderar a las mujeres y dejarlas decidir qué quieren hacer con su cuerpo. Y si esa decisión es abortar, ella está dispuesta a ayudar con su conocimiento. 

‘Mamá Tere’ les contó al Colectivo de Yerbateras que así como su labor principal es la de dar vida, “la decisión debe estar en manos de las mujeres”. 

Finalmente, tanto ella como otras parteras, yerbateras y médicas tradicionales, consideran que la única manera de humanizar el embarazo es teniendo en cuenta los deseos de la mujer, escuchándola y acompañándola y, por eso, cada vez más incluyen entre sus aprendices a hombres. Pues no solo es una forma de preservar su conocimiento de generación en generación, sino de sensibilizar y hacer partícipes a los hombres del ciclo de la vida. 

 

 


 


“Nos pueden robar todo, pero no nuestro saber. Nos pueden robar todo, pero no nuestro poder”, canta un viejo arrullo del Pacífico, que suena a presagio entre los boticarios de las curanderas.
 


 

La exposición además cuenta con...
 



 


Héctor García, el curador encargado de la adaptación de la exposición sobre partería en el Museo del Oro de Bogotá, le explicó a Semana Rural que con los objetos de las culturas prehispánicas se quiere evidenciar la importancia ancestral de la fertilidad. En la primera imagen de este tríptico se ve a una mujer embarazada sentada en una butaca. Esa es una clásica figura de sabiduría y poder y, en este caso, de la fertilidad del pensamiento. En la segunda imagen, una de las más complejas de la exposición por sus relaciones simbólicas, según expresó García, se ven urnas funerarias y recipientes con forma de calabaza. Las formas redondas y circulares emulan el cuerpo de la mujer embarazada. Y, con ellas, se demuetra el ciclo de la vida, del nacimiento a la muerte. © Pilar Mejía Cifuentes. 

 


Posteriorimente, durante la Colonia, la Sagrada Familia se volvió en el gran referente de valores y la Virgen María en un símbolo que las mujeres debían emular a la hora de ser madres. También, se reforzó la teoria de que la leche materna no solo da fuerzas, sino que aporta valores morales y sociales necesarios para el niño a la hora de crecer. Al tiempo, empezaron a salir teorías sobre los males que podía traer que el niño la tomara en exceso.

Finalmente, la representación del dios bebé se convirtió a su vez en un fuerte referente de la ternura, inocencia y bondad de la niñez. 
© Pilar Mejía Cifuentes. 



 


 


• La exposición Partería, saber ancestral y práctica viva se exhibe en el Museo del Oro de Bogotá del 24 de mayo al 20 de octubre de 2019. El ciclo incluye charlas, tertulias y conferencias sobre  medicina tradicional.


• El Colectivo Yerbateras participó en el ciclo de conferencias y tertulias del Museo del Oro con ocasión de la exposición de Partería. Sus integrantes no participaron en la elaboración de la exposición ni son parteras.

• Ninguna de ellas trabaja en el Banco de la República ni en el Museo del Oro. 


 


 

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