Hoy los campesinos conmemoran su lucha

abril 17 de 2020

Este 17 de abril se conmemora el Día Mundial de la Lucha Campesina, una oportunidad para resaltar su papel como una fuerza que resiste y alimenta a un país que, históricamente, le ha dado la espalda a sus campesinos.

Hoy los campesinos conmemoran su lucha

| | Por: Daniel Reina Romero


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

Los campesinos representan la vitalidad de la semilla. En veredas, corregimientos y pequeñas zonas rurales, vecinos y compadres trabajan día a día para alimentar a todo un país. Siembran, cosechan y riegan la tierra sin descanso. Pero, los campesinos también representan la fortaleza del azadón. Por años, han alzado su voz para defender el territorio, exigir su reconocimiento y luchar por sus derechos.

 

A pesar que el campo y la ciudad habiten dentro del mismo país, parecen dos escenarios aislados. Las exigencias campesinas, para muchos, son asunto de otros. Este año, la llegada del coronavirus hizo que sus carencias y reclamos se hicieran más visibles. Sin embargo, antes de la pandemia ya eran víctimas de la indiferencia y de la estigmatización por parte de muchos sectores. 

 

La soberanía alimentaria, el acompañamiento estatal, la protección del campesinado y su reconocimiento como sujetos políticos y de derechos son unas de las tantas peticiones que el campo le pide al gobierno colombiano. 

 

La luchadora de Piamonte

Piamonte es un municipio ubicado en la llamada Bota Caucana, una región al sur del departamento del Cauca donde el Frente 64 de las Farc se afincó como parte de su estrategia para hacerle frente al Plan Colombia. En 2001, el bloque Calima de las autodefensas llegó a la región y el terror se multiplicó. Mientras esto ocurría, Maydany Salcedo, una joven de 27 años nacida en Rioblanco (Tolima), empezaba a formarse como líder de su comunidad en San Vicente del Caguán.

 

En 2012 Maydany llegó a Piamonte, donde con un grupo de diez campesinos formó la Asociación de Trabajadores Campesinos de Piamonte (Asimtracampic). Hoy, a los 44 años, trabaja por ese región como abanderada en la defensa del territorio: sus ríos, sus selvas, todos sus recursos naturales. 

 

En 2017, Maydany también se sumó al programa de restitución de tierras en la región, de la que hicieron parte 943 personas que cambiaron 1.053 hectáreas de  coca por cultivos de yuca y plátano, y ganadería vacuna y bovina. Hasta hoy siguen con sus cultivos, a pesar de las dificultades. Maydany resalta que el principal problema que afrontan es la falta de vías para sacar los productos. “Para vender la yuca, por ejemplo, es necesario viajar en piragua tres horas por el río hasta Curillo (Caquetá), donde los carros parqueados en la orilla compran los productos”, dice.

 

Maydany ha recibido amenazas de muerte. Aún así, sigue adelante, con la convicción de que el terror no puede borrar tantos años de resistencia. Desde Piamonte envía un mensaje al Gobierno: “Apoyen a los pequeños productores, ayúdenos a comercializar nuestros productos. No nos estigmaticen”. 

 

Piscicultura en medio de la coca

Prudencio Claros Guerrero le apostó al comercio legal en medio de un panorama ilegal. Vive en El Tarra, un municipio ubicado en la región del Catatumbo, Norte de Santander. Allí los cultivos de coca se han convertido en alternativa económica y sustento para los campesinos. Sin embargo, Prudencio prefirió cultivar cachamas y bocachicos que llenan las mesas de Cúcuta, Ocaña y de El Tarra.

 

Lleva 16 años en la piscicultura y desde hace 8 es representante legal de la Asociación de Piscicultores de El Tarra, Asopistar. Su lugar de trabajo cuenta con más de 200 estanques, un centro de acopio y un cuarto frío. Antes del coronavirus, la producción mensual alcanzaba las 20 o 25 toneladas de peces. No obstante, Prudencio menciona que las dificultades no se limitan a la llegada del virus.

 

El Catatumbo ha sido testigo de enfrentamientos entre Fuerza Pública y grupos armados ilegales por la erradicación y el cultivo de la coca, respectivamente. Los cruces de balas causaron desplazamientos e intimidación. Además, el gobierno se concentra en la economía ilícita y no dedica sus esfuerzos en atender a la población. Los campesinos se han alzado en paro para denunciar el abandono, la falta de garantías y el actuar de la Fuerza Pública. “Eso ya no es un secreto para el país”, cuenta Prudencio. Labriegos y habitantes reclaman la inversión social y el cumplimiento del Acuerdo de Paz para sustituir los cultivos ilícitos y fomentar otros proyectos productivos.

 

Cada exigencia y cada movilización ha dado el mismo resultado: la estigmatización. Confunden a los campesinos con ‘guerrilleros’ o ‘vándalos’ e intentan reprimir cualquier revuelta o cierre de vías.“Siempre que uno reclama, el gobierno lo relaciona con los grupos armados. Solo pedimos lo necesario para poder trabajar”, comenta.

 

Prudencio define que la lucha campesina compete a todo el país. No solo a la región del Catatumbo. Recuerda las imágenes que transmitían los noticieros nacionales. Recuerda a los campesinos de la región cundiboyacense que botaban sus alimentos por los bajos precios, por el contrabando o por el TLC. “La lucha campesina es legítima. El campesino no necesita que le regalen nada. Él tiene la fuerza, la capacidad de trabajo, la tierra… Pero sí hace mucha falta el apoyo del gobierno y del Estado”.

 

Agricultura sostenible y orgánica

 

A unos 408 km al noroccidente, la situación no varía mucho. Melvis Ariza vive en San Cristóbal (Montes de María). Es integrante del OPDs de Montes de María, una agrupación que articula a líderes campesinos, afro e indígenas de la región. Su trabajo en el campo fue la herencia de sus abuelos y padres. Cultiva aguacate, maíz y ñame, tres productos que se venden en Cartagena, Barranquilla y municipios como María La Baja o San Jacinto. Melvis calcula que los asentamientos regionales llevan 270 años, el mismo tiempo que la población ha dedicado a la agricultura familiar y sostenible.

 

Así como cuenta los años, recuerda la violencia que ha atacado a la región. La presencia de paramilitares, guerrilla y Fuerza Pública aumentó la pobreza y el abandono de la zona. Los campesinos tenían miedo de cultivar: no podían vender sus productos a un buen costo o debían entregarlos a los grupos armados. 

 

Hoy, los municipios de Montes de María pertenecen a los PDETs pero la comunidad aún denuncia su invisibilización. Los campesinos no tienen garantías para cultivar. A pesar de que Melvis ha vivido siempre en el campo, sigue sin tener un comprador fijo. Distribuir cada cosecha es cuestión de azar y debe limitarse a un intermediario, quien fija el precio según considere, sin tener en cuenta su esfuerzo ni su trabajo. “Tanto tiempo y tanta lucha para producir -cuenta Melvis- y recibimos muy poco”. Además, el transporte es otro dolor de cabeza. Una visita al municipio más cercano, a unos 15 km, puede tardar hasta dos horas. Transportar la cosecha los obliga a tomar una trocha, montar animales de herradura y pagar un traslado que puede superar hasta 3 o 4 veces el costo del producto.

 

Al preguntarle por la lucha campesina, Melvis menciona el sentido de pertenencia. Junto a otros campesinos, defiende la agricultura artesanal y denuncia la utilización de los recursos que, en vez de llegar a sus manos, terminan beneficiando a las grandes industrias. También menciona la igualdad. Espera que en el corto plazo los campesinos sean reconocidos como la base y el sustento de los ciudadanos, y que también se promuevan la inclusión y las oportunidades que tanto mencionan en las declaraciones o en los proyectos.

 

La lucha campesina de Melvis, además de sus otras exigencias, reclama la defensa de la tierra, de la naturaleza y de la agricultura sana y sostenible. “El territorio lo es todo para nosotros -dice-. Hay resistencia agrícola”.

 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.