Perdonar sin olvidar, la decisión de las familias de los diputados del Valle

diciembre 01 de 2018

Parejas, hermanos e hijos de los asambleístas secuestrados, hace 18 años, y luego asesinados vienen trabajando en la reconciliación con los victimarios y en la construcción de memoria histórica de sus seres queridos..

Perdonar sin olvidar, la decisión de las familias de los diputados del Valle

| Hace 18 años, 12 diputados de la Asamblea del Valle del Cauca fueron secuestrados por las Farc. El Centro Nacional de Memoria Histórico presentó el documento con la investigación sobre lo sucedido. | Por: Centro Nacional de Memoria Histórica


Por: Gerardo Quintero
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Fabiola Perdomo ya no recuerda cuántas veces ha ingresado a ese viejo edificio del centro de Cali donde la Asamblea del Valle del Cauca tiene su sede. Pero es seguro que su corazón acelera el palpitar cada vez que lo recorre, que lo camina. A la memoria le regresan recuerdos dolorosos y no puede evitar el llanto. Es evidente que siente angustia, esa que comenzó hace 18 años cuando Juan Carlos Narváez, su esposo y un joven dirigente político de la región, fue secuestrado por las Farc junto con otros once diputados de la Asamblea, la cual presidía.

Después de cinco largos años de encierro y tristezas, de esperanzas, el sufrimiento de las familias de los diputados aumentó. Once de ellos fueron asesinados por el grupo guerrillero el 18 de junio de 2007. Solo se salvó Sigifredo López, a quien habían aislado por ‘rebelde’. De esta tragedia, una de las más dolorosas que dejó el conflicto armado en el Valle, han pasado 11 años. Atrás quedaron sueños e historias familiares. El futuro para los padres, parejas, hermanos e hijos de los asambleístas pintaba una vida con dolores acumulados y reconciliaciones complejas. Una vida sin volver a recibir el abrazo de sus seres queridos. 

Fabiola camina por el cruce de la carrera 9 con calle 8, en pleno centro de Cali. Viene de la mano con su hija Daniela, quien creció sin conocer a Juan Carlos, su padre. Se nota que cambia su estado de ánimo cuando se acerca y adentra al edificio de la Asamblea. La angustía aparece.

 


«Siempre que entro a este espacio percibo la presencia de ellos aquí. Pero también me es inevitable pensar cómo una decisión te cambia la vida. Juan Carlos pudo escoger el Concejo de Cali y prefirió la Asamblea. Incluso pudo quedarse en el Gobierno y no haber renunciado, pero ya qué. Pero eso queda en la memoria».

FABIOLA PERDOMO


 

Fabiola ahora está acompañada por un grupo de familiares de los diputados asesinados. Todos fueron invitados a mediados de noviembre a la presentación del libro ‘El caso de la Asamblea del Valle: tragedia y reconciliación’, un riguroso documento de 743 páginas del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) que durante dos años recopiló información detallada de este hecho que enlutó al país.

Antes de concluir su gestión al frente del CNMH, Gonzalo Sánchez quiso presentar esta investigación y recordó a SEMANA RURAL que“este informe es uno de los más sensibles frente a la opinión porque queríamos ir hasta las últimas consecuencias, como nos exige el esclarecimiento de la verdad”. Sánchez no pudo ocultar su emoción, y rememoró que al escuchar los testimonios de los familiares de los diputados ante la Justicia Especial de Paz (JEP), como víctimas de la guerra, es inevitable sentir un gran dolor ante la complejidad del conflicto colombiano. “La gente pone el dedo donde hay que ponerlo, que es la responsabilidad de las Farc porque ellos se los llevaron y murieron en sus manos, por lo que son los principales responsables”.

 

‘El caso de la Asamblea del Valle: tragedia y reconciliación’ es el documento que contiene la investigación realizada por el CNMH. ©  CORTESÍA EL PAÍS


 

Los daños irreparables de la guerra

En momentos en que se cumplen dos años de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y las Farc, Fabiola dice que no siente odio por la guerrilla o por el Estado, que también tuvo su cuota de responsabilidad por la falta de vigilancia en el edificio y porque nunca accedió a una salida humanitaria que permitiera la liberación de los secuestrados.

Siento que este documento es una contribución a la memoria histórica de lo que pasó con los diputados del Valle. Es un aporte muy valioso no solamente desde el punto de vista de las familias sino para la sociedad y la historia de este país. Que las próximas generaciones sepan lo que pasó con los diputados, los daños irreparables de la guerra. Es necesario contribuir a que esto no se vuelva a repetir”, reclama quien también fue directora de la Unidad de Víctimas del Valle del Cauca.

El secuestro y posterior asesinato de los diputados acabó con los proyectos personales de Fabiola y las demás familias. Perdieron su libertad y privacidad. El cautiverio los expuso a una situación emocional límite y experimentaron humillaciones, tristezas, aislamientos, rabia y persecuciones, como lo recuerda Sigifredo López, el único sobreviviente de la tragedia. Después de su liberación, fue revictimizado, pues lo señalaron de estar aliado con la guerrilla y que por eso se había salvado. Esa acusación casi lo lleva a la cárcel, por lo que tuvo que demostrar su inocencia. Hoy el exdiputado intenta rehacer su vida y le dedica el mayor tiempo posible a su pequeña nieta.

 

El exdiputado Sigifredo López, único sobreviviente del secuestro de los asambleístas, asisitó a la presentación del informe del CNMH. ©  CORTESÍA EL PAÍS


 

«Las infamias hay que recordarlas y hay que difundirlas para que queden grabadas en la memoria colectiva y nunca más se repitan con otras víctimas. En lo que a mí respecta, además de víctima tengo la calidad de único testigo con vida del cautiverio al que fuimos sometidos los doce diputados secuestrados por las Farc. Por lo tanto, llevo también la enorme responsabilidad de mantener viva la memoria de mis compañeros».
 

SIGIFREDO LÓPEZ


 

A unos metros de Sigifredo está Diana Echeverry, rodeada de algunos amigos y familiares. Se percibe tranquila, el llanto lo ha dejado atrás. Pero el dolor, dice, nunca se irá. Recuerda a su padre, Ramiro Echeverry, como un “negro hermoso, humilde y trabajador”. Advierte que la última vez que lo vio la dejó en el colegio y se fue a la Asamblea. La noche de su secuestro pudo hablar con él por última vez. Le contó que solo había comido una galleta, pero que había sido la más deliciosa de toda su vida. En el 2007, cuando llamaron a su casa a la una de la mañana para avisar que a los diputados los habían asesinado, sintió que el mundo se derrumbaba sobre sus hombros. “Yo estaba terminando mi trabajo de grado y el día de la ceremonia recibí quince ramos, ninguno para mí, todos para un funeral sin cuerpo”, cuenta con tristeza.

Diana tenía 22 años cuando secuestraron a su padre. Me dice que aunque el libro le removió muchas cosas, el tiempo ha ido pasando y el amor de la familia y de Dios ha terminado por sanarla. “Necesitamos que la memoria de nuestros familiares siga viva. El Valle del Cauca y Colombia no pueden olvidar lo acontecido. Este tipo de reconocimientos son muy importantes para la memoria de los pueblos”, explica, quien es ambientalista y cumplió, de alguna manera, el sueño de su padre, que anhelaba vivir su retiro en medio de la naturaleza.

Algo similar expresa Juliana, la hija de Nancianceno, otro de los diputados asesinados. Ella estaba muy pequeña cuando murió su padre, solo tenía ocho años. El libro le sirvió como catarsis para reencontrarse con la memoria de este líder político del norte del Valle. “Nunca imaginé que mi papá no iba a volver vivo y que se fuera a demorar tanto. Siempre le hablaba por la radio. Ya mi vida se había convertido en estar pendiente todos los días de las emisoras. Nunca pensé que mi papá no iba a volver porque yo dije: son personas importantes que le están ayudando a la comunidad y el Estado tiene que hacer algo para liberarlos”.

Lamentablemente la historia no terminó como soñaba Juliana. Ahora esta joven abogada destaca el trabajo del CNMH y dice que le sirvió para recuperar muchas historias de su padre que desconocía. “Estaba muy reacia a participar, pero luego vi lo que se estaba haciendo y me involucré de lleno. Es un gran esfuerzo para que nuestros padres sigan en la memoria de Colombia”.

 

Juliana Narváez, hija del fallecido diputado Juan Carlos Narváez, recibió el inform del CNMH. ©  CORTESÍA EL PAÍS


 

Dicen que el perdón es un proceso personal que no tiene tiempo ni se puede obligar. Muchos de los familiares de los diputados asesinados ya perdonaron, algunos aún están en ese proceso y otros más jamás lo hicieron. El sacerdote Francisco De Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, dice en el prólogo que este libro entrega como pocos la dimensión del drama colombiano que nos sepulta en la guerra y que todavía, terminada la reconciliación entre los que estuvieron en La Habana, mantiene a la sociedad sembrada entre odios. Pero también, advierte el jesuita, es la documentación de un doble milagro. De aquellos perpetradores que piden perdón y el milagro de las familias que perdonan.

Entre estos últimos está Fabiola Perdomo, a quien le preguntó cómo hizo para sentarse a dialogar con alias ‘Santiago’, el guerrillero de las Farc que lideró toda la operación del secuestro de los diputados. “Fue un encuentro cara a cara. Durante una hora le pregunté todo lo que queríamos saber sobre el secuestro. ¿Y sabe por qué me senté con ‘Santiago’? Porque había perdonado. De primera mano conocí la planeación del secuestro y pude darme cuenta de que no había motivos individuales para secuestrar a los diputados. Las Farc iban por la institucionalidad que ellos representaban. Por eso este ejercicio tuvo un gran valor y espero que la sociedad se conmueva y entienda la importancia de la paz”, responde.

Para muchos de los familiares de los asambleístas el momento crucial para empezar ese camino llegó hace dos años, cuando las Farc pidieron perdón durante una reunión en la iglesia de San Francisco, muy cerca del edificio donde el 11 de abril de 2002 un comando de guerrilleros llegó en plena sesión de la  Asamblea. Vistiendo ropa de la Fuerza Pública, el comando hizo que los diputados se subieran a un bus con el pretexto de que había una bomba en el lugar. Cuando los políticos notaron extrañados que no se dirigían hacia la sede de la Tercera Brigada del Ejército sino a una zona conocida como Los Farallones, al sur de Cali, los guerrilleros les informaron que se trataba de un secuestro.

 

Durante el evento se expuso imágenes de los diputados asesinados. ©  CORTESÍA EL PAÍS


 

El padre De Roux fue testigo del momento en que Pablo Catatumbo llegó a la iglesia y expresó con decisión: “Nosotros los teníamos en nuestras manos, nosotros los matamos, nosotros somos responsables. No tenemos para esto ninguna justificación. Asumimos responsabilidad plena. Pedimos perdón”.

 


«Fui testigo de la fuerza con la que hijos, esposas y hermanos expresaron con indignación su dolor y defendieron con determinación y valor la grandeza de sus familiares asesinados; y también de la generosidad inesperada con la que aceptaron perdonar, para liberarse de la angustia de la retaliación y para contribuir a la paz de este país».
 

PADRE FRANCISCO DE ROUX


 

Un perdón que también viene de un corazón adolorido como el de Diana Echeverry, quien con generosidad dice que ha dejado de pensar solo en su dolor, porque ahora piensa es en el futuro del país. “Las víctimas directas de la guerra somos muchas, pero creo que, como conocemos el dolor en carne propia, deseamos que la guerra termine pronto. Yo perdoné, pero no olvidé porque perdonar no significa olvidar. Esto hace parte de la historia de mi familia y de Colombia, por eso, es importante no olvidar para que jamás sea vuelva a repetir”.

Hay quienes sostienen que la muerte comienza a instalarse en la vida a través del olvido. Juan Carlos Narváez, antes de ser asesinado, dejó una frase que duele por ser demoledora: “No sé quiénes son más infames, si los que nos secuestran o los que nos olvidan”. Por eso es hora de que no dejemos de lado estos nombres: Carlos Alberto, Ramiro, Jhon Jairo, Alberto, Rufino, Nacianceno, Sebastián, Edison, Carlos Alberto, Francisco, y Juan Carlos. Así como tampoco deberíamos olvidar a Carlos Alberto Cendales, el agente de Policía que fue asesinado dentro del recinto de la Asamblea el día del secuestro.

Tal vez es por eso que Fabiola me confiesa algo muy personal. “Cuando se producen estos actos o los de la JEP siempre me pregunto si es necesario que vaya. ¿Y sabe qué me respondo? Que el día que no vaya es comenzar a olvidar a Juan Carlos. La única forma de darle vida a todos los diputados es manteniéndolos en la memoria”.

 


POR: Gerardo Quintero | Editor nacional
@Gerardoquinte


 

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