enero 23 de 2019

¿Qué representan y cómo impactan las divisas por turismo en Colombia?

Por: Javier Gómez Rueda

Año nuevo, proyecciones nuevas. Comenzó el 2019 y, como todos los años, es bueno y muy necesario realizar balances generales sobre cómo es el panorama en un sector como el turístico, que genera más amores que desamores, y del cual se habla porque hoy es un eje importante en la economía del país debido a las divisas que deja y a las cadenas de valor que se conforman en los lugares visitados por turistas de todo el mundo. 

Y como la regla por estos días es que hay que poner la casa en orden, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ya se puso en la tarea de hacerlo y un primer anuncio fue la corrección de la metodología para calcular el número de turistas extranjeros que ingresan al país, la cual se venía aplicando desde 2011. Con ello contrarrestan y prestan atención a las críticas de los diferentes gremios, que durante los últimos años se quejaron por la manera en que se hacían esas proyecciones y cálculos, que al final resultaron convertidos en cifras estratosféricas.  

Muestra de ello son los 6,5 millones de visitantes extranjeros que supuestamente llegaron al país en 2017 cuando en realidad la cifra fue de 3,9 millones. Caso parecido son las cifras para 2018, en las que el número proyectado de turistas que llegaron fue de 4,5 millones, cuando realmente Colombia acogió durante el año pasado a cerca de 3,5 millones de turistas foráneos. 

No es un secreto que hasta el ciudadano de a pie, el que lee el periódico, el que ve noticias o se informa a través de internet y redes sociales probablemente llegó a entusiasmarse con las cifras entregadas y sacó pecho porque de afuera están visitando esta patria querida. Eso sin demeritar que los resultados logrados hasta ahora han sido buenos y destacables, pero una pera es una pera y una manzana es una manzana. 

La corrección del Ministerio a su metodología consistió en que ahora la nueva medición no tendrá en cuenta la estimación de viajeros extranjeros que entran por las fronteras, pues estos representaban un treinta por ciento del total de la cifra de visitantes. Este ajuste cae como anillo al dedo. 

No obstante, hay un par de temas que se deben dejar sobre la mesa, y que competen tanto a la institucionalidad como a los diferentes gremios y empresarios que forman parte de estos. De hecho, es algo que concierne a todos, pues en algún momento hemos estado en la cadena turística como anfitriones o visitantes. No hay excusas.

El primero de ellos tiene que ver con las divisas que se generan por turismo en el país. Y aquí surgen algunas de las preguntas que -estoy seguro- más de uno se ha hecho: ¿qué pasa con esas divisas y cómo se invierten?, ¿qué o quiénes se ven beneficiados con ese dinero que le entra al país? 

Son muchos los cuestionamientos y pocas las respuestas obtenidas hasta la fecha. Y esto no quiere decir que haya una mala gestión por parte de las instituciones locales y nacionales encargadas de recibir y administrar las divisas, o que se estén llevando a cabo planes oscuros para hacer algún truco de magia con esos dineros, no. Se trata de saber cómo y en qué se invierte para que el turismo en Colombia se potencie más y sea de mejor y mayor calidad, pero lo referente a este ítem y, si se quiere, a la importancia de cualificarlo lo hablaremos más adelante.

Primero lo primero. Y eso tiene que ver con las divisas y la manera en que son utilizadas. Mayores ingresos para el sector deben reflejarse en una disminución de la brecha socioeconómica en las regiones, sobre todo en aquellas que generan una mayor demanda de turismo incluidos los que han sido llamados destinos del postconflicto. Hay que buscar la manera en que esas inversiones apunten a fortalecer las cadenas de valor con el objetivo de potenciar a todos los actores que sean parte de ellas.

Invertir en infraestructura, por ejemplo, no es suficiente y no lo es todo. Hay que apostarle a que las divisas sean usadas en el fortalecimiento de quienes llevan a cabo el turismo, capacitándolos adecuadamente para que presten un buen servicio. De esa manera, se edifican las bases para construir un turismo comunitario sostenible, uno que sea incluyente con los habitantes de un territorio, en la medida que puedan fortalecer su cultura y hacerla perdurable al transmitirla a los mismos visitantes/turistas.

La fórmula para generar dichas divisas funciona, es exitosa y es poco probable que deje de serlo: a mayor ingreso de turistas, mayor es la demanda de servicios y mayor es el ingreso para los prestadores turísticos. Por lo tanto, lo que se debería hacer con esos recursos es reinvertirlos, sí o sí, en el mismo sector y en frentes como competitividad, promoción y, por supuesto, infraestructura. Pero debe hacerse de manera equitativa, así los resultados se irán viendo en el mediano y largo plazo. En otras palabras, hay que pensar en invertir y fortalecer en las personas, potenciando sus habilidades y capacidades.

Un segundo punto tiene que ver con pensar el turismo cualitativamente y no solo en términos de cifras. Las cifras son bonitas y siempre generan impacto, pero hay que tomarlas con pinzas.  

¿Qué tipo de turismo queremos construir y qué tipo de turistas queremos que nos visiten? Lugares maravillosos sobran en Colombia, pero de nada sirve esto si no lo complementamos con prestadores de servicios, técnicos y profesionales preparados, personas que estén en la capacidad de satisfacer de buena manera las peticiones de los turistas. Para lograrlo, es necesario invertir en una educación y formación de calidad de las personas, pues al final son ellas las que construyen el verdadero turismo. Necesitamos personas capaces de educar al turista en temas como la preservación del medio ambiente, el respeto por las comunidades y diferentes etnias, entre otros. Y para lograrlo es clave que la persona cuente con buenas bases y conocimientos. 

Todo ello enmarca un poco lo que sería el turismo visto desde lo cualitativo, aprovechando a la persona y su formación, antes de lanzar a la luz pública cifras espectaculares, que generan asombro e impacto, pues al final del día, solo son cifras.

Entonces, más allá de proyectar unas cifras de turismo para el país en los próximos años, deberíamos concentrar esfuerzos en hacer de este sector un eje debidamente estructurado y organizado, que priorice prestadores de servicios de calidad, tecnificados y capacitados. La repuesta a este y otros cuestionamientos se las dejo en el tintero. 

 


*Director de la Corporación Turismo, Paz y Desarrollo.



Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.


 

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