En Tumaco, el desarrollo es sinónimo de trabajo en equipo

enero 06 de 2021

Un proyecto productivo y de infraestructura comunitaria pretende mejorar las condiciones de vida de esta población en el pacífico nariñense y promover el progreso del territorio.

En Tumaco, el desarrollo es sinónimo de trabajo en equipo

| | Por: Cortesía PNUD


Por: Ángela María Agudelo Urrego
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En la tradición sudafricana, ubuntu evoca la importancia de la lealtad entre las personas y la creencia de que "cuando todos ganan, tú ganas". Unos 11.400 kilómetros al noroccidente, esa filosofía de vida parece no cambiar. En el Bajo Jagua, una vereda escondida en las selvas de Tumaco (Nariño), la población cree que la solidaridad es la mejor manera de ser leales con el territorio, con la comunidad y con la Madre Tierra. Por eso, se unieron para construir dos iniciativas que, más que desarrollo y ocupación, significan trabajo en equipo. 

 

Yei Dani Angulo es el presidente y representante legal de Asoemprendedores, una organización local que desde el 2001 se dedica a la restauración de ecosistemas de manglar y a la educación ambiental. Cuenta que una persona necesita entre 7.000 y 8.600 litros de oxígeno diarios, o 22 árboles, para respirar. Él lo hace con tranquilidad, pues el Bajo Jagua está vigilado por una gran cantidad de árboles, pero no se confía. Quiere sembrar más de 36.000 semillas y ayudar a toda su comunidad.

 

Desde el año pasado, su sueño cobró vida. Unió esfuerzos con el Programa de Desarrollo para las Naciones Unidas (PNUD) e hizo parte de una iniciativa productiva y de infraestructura para construir un vivero agroforestal y 130 metros de placa huella, un camino hecho en concreto para facilitar la movilización en áreas rurales. 

 

Además de Asoemprendedores y el liderazgo de Yei Dani, este equipo de trabajo incluye a Agromira, otra organización que lleva 19 años de trabajo e integra a las familias de pequeños productores de la región para consolidar otros proyectos alternativos que beneficien a la comunidad. Segundo Sevillano es uno de sus representantes y es reconocido por participar en la formulación de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) y en las mesas directivas locales.

 

El trabajo en Bajo Jagua hace parte de Proyectos Integradores, una estrategia de la Agencia de Renovación del Territorio (ART) que reúne y articula algunas iniciativas con líneas productivas similares en los municipios PDET. Con esto, quieren responder a las necesidades de la vereda y suplir la ausencia de infraestructura. No fue un proceso impuesto sino participativo con las personas del Bajo Jagua en el que hablaron de sus prioridades y buscaron el beneficio para la vereda.

 

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© Cortesía PNUD


Esta iniciativa cuenta con el apoyo de la ART y la financiación del Fondo Multidonante para la Paz. Cada mes, las organizaciones reciben los recursos económicos para ejecutar los planes de construcción y aumentar el beneficio de ambas obras. “Con proyectos como éste, en el PNUD buscamos impulsar el desarrollo económico de diversas regiones del país y contribuir, especialmente, a la reconstrucción de capital social de las zonas rurales que han sido más afectadas por el conflicto armado y la pobreza", dice Javier Pérez Burgos, gerente de Reducción de Pobreza e Inequidad del PNUD.

 

Agromira lideró la construcción del vivero agroforestal, cuya construcción duró unos tres meses. Desde hace 40 años, Agromira trabaja con cultivos de palma, cacao y otras especies propias del territorio. Gracias a esta alianza, identificamos y elegimos algunas especies nativas. Así también las rescatamos, asegura Segundo. La lista incluyó árboles maderables y frutales como el cedro, el laurel, la palma de coco y el guanábano; aunque Segundo también quiere sembrar otras plantas aromáticas y medicinales para preservar las recetas de los mayores y los saberes ancestrales.

 

Para el vivero, la metodología obedeció al trabajo en equipo y a resolver las necesidades del territorio. Entonces, a cada miembro les entregan plantines para cubrir una hectárea de especies forestales, según el lugar donde las vayan a sembrar. Por ejemplo, algunas son idóneas para las zonas de inundación cuando sube el nivel del río, y otras, para el pancoger. En otras ocasiones, la misma comunidad busca o siembra los plantines en el patio de sus casas o en las fincas de la vereda. Luego, los llevan al vivero, los cuidan y los abonan. Al final, los vuelven a plantar en sus casas para obtener más semillas y fortalecer los cultivos locales.

 

Además de las actividades de siembra y cuidado, la iniciativa contempla la compensación ambiental por huella de carbono. Esto significa que harán jornadas de reforestación para sembrar 500 especies y contarán con la ayuda de cinco mujeres más para generar “empleo verde”. Esta modalidad laboral ayudará a respetar los acuerdos de sostenibilidad para disminuir el impacto y el deterioro de las obras. Con esta alternativa también quieren hacerle frente a la erosión y sembrar cedro o laurel, dos especies que reafirman el suelo.

 

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© Cortesía PNUD


Por su parte, Asoemprendedores dirigió la construcción de la placa huella en un territorio priorizado por la comunidad debido a la ausencia de una buena vía. Con esta iniciativa también quisieron dinamizar la economía local, por lo que compraron los materiales en las veredas cercanas o en la cabecera municipal.

En este momento la obra tiene 15 empleados formales pero quieren contratar a más personas, siempre pensando en incluir a las mujeres y a los jóvenes. De hecho, con un claro enfoque de género, propusieron la paridad en la contratación para que al menos la mitad de las personas del equipo sean mujeres. Con el paso de las jornadas, confirmaron que había sido una gran decisión. Las mujeres aportan tanto en las funciones administrativas como en las labores de la obra, que históricamente han sido designadas a los hombres. “Si hoy miramos alguna de las obras, las mujeres siempre están ahí. Ellas siempre nos motivaron y compartieron ideas”, cuenta Yei con emoción.

Este componente también incluyó jornadas pedagógicas y de sensibilización sobre Violencia Basada en Género, roles en casa, los estereotipos, la economía del cuidado y las nuevas masculinidades, para entender que la erradicación del machismo es un asunto de hombres y mujeres. “El éxito de este proyecto es la mano de obra familiar —dice Segundo—. Hemos hecho sensibilización y ahora las familias también cuidan el proyecto”.

 

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© Cortesía PNUD


La idea del PNUD es dejar la capacidad instalada para que la comunidad pueda sostener ambos proyectos. Yei Dani cuenta que los proyectos del Bajo Jagua son un referente para las otras comunidades: Eso es bueno, aunque nos preocupa el futuro del proyecto. Vivimos en Tumaco, un municipio de desarrollo lento y genera competencias voraces. Necesitamos un acompañamiento técnico e incluir a más habitantes”. 

 

Hasta el momento, hay 20 familias y 342 personas beneficiadas  pero esperan que sean más. Otras familias se han acercado y comentan que quieren ser parte del proyecto. Mientras, Segundo cuenta que más que ser beneficiarios, quieren ayudar a su comunidad, hacer presencia en el territorio y evitar el conflicto. “Queremos hablar de paz en medio de una guerra que no es nuestra”, dice.

Si les preguntan por sus temores, mencionan el conflicto en Tumaco, la violencia y la pobreza extrema, tres factores que pueden truncar el desarrollo de ambas obras o los planes a largo plazo. Según los cálculos de Segundo, faltan 1.300 metros de placa huella para que el camino llegue hasta el río y comunicar las áreas productivas.

 

Tanto Yei como Segundo esperan que la alianza con el PNUD y la ART traigan más beneficios para esos habitantes que no paran de halagar el vivero ni de cruzar por la placa huella, así sea por diversión. Ambos agradecen el esfuerzo pero demandan mayor acompañamiento y más garantías productivas. Sin embargo, seguirán unidos para hacerle honor al ubuntu de sus ancestros, los favores de la Madre Tierra y su fidelidad a la comunidad.

 

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