La apuesta de Caquetá por continuar su tradición cafetera

julio 08 de 2019

A pesar de padecer la guerra durante 50 años, la llamada Puerta de Oro de la Amazonia nunca desertó de su ideal de producir café. Ahora en el posconflicto el reto es que los jóvenes continúen con esta tradición regional.

La apuesta de Caquetá por continuar su tradición cafetera

| John Pedrero, caficultor de la vereda Sinai en el departamento de Florencia. | Por: Nesspresso.


Por: Brenda Guerrero
@brendiska_

Los altos costos de producción, las secuelas del conflicto y el cambio climático debilitaron la industria cafetera, obligando a muchos campesinos a dejar su tierra o cambiar de actividad económica, lo que convirtió el cultivo de café en todo un reto. Sin embargo, la puesta en marcha de los Acuerdos de Paz en regiones como Caquetá, Meta o Putumayo despertó el interés de diferentes empresas por recuperar la producción sostenible del grano y fomentar el desarrollo rural.

De hecho, 900 caficultores de San Vicente del Caguán y Florencia producen ‘Esperanza de Colombia’, un café amazónico que busca posicionarse ante el mundo. Este grano es el resultado del programa Calidad Sostenible AAA de Nespresso y de la Federación Nacional de Cafeteros que comenzó en 2016.

John Pedrero y Edgar Otao hacen parte de este proyecto. Para ellos, el café ha sido parte importante de su vida y su único sustento. También vivieron la guerra de cerca y por eso buscan que su legado familiar perdure y llegue a las nuevas generaciones de la vereda Sinaí, cercana al municipio de Florencia. “El Caquetá no lleva 5 o 10 años haciendo café. Lleva 80 años siendo cafetero. La gente piensa que solo hay conflicto, pero no, aquí existimos personas caficultoras, amables y honestas”, cuenta John Fernando Pedrero, caficultor en florencia.

 


 

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«Mi familia fue caficultora, me crié en el café desde hace más de 40 años. Muchos de ellos ya no viven en la región pero yo sigo el legado cafetero. Tengo dos hijos y espero que ellos también aprendan  y sigan cultivando lo que mis padres me dejaron como herencia. Ser caficultor»

 John Fernando Pedrero - caficultor de Florencia, Caquetá. Vereda Sinaí.



Aunque la producción de café en el Caquetá incrementó desde el cese del conflicto, las dificultades geográficas y la falta de vías en el territorio siguen siendo las principales dificultades para quienes madrugan a sembrarlo. Edgar Otao es caficultor de Florencia y desde que su padre, uno de los colonos del Caquetá se retiró, mantiene la tradición familiar viva. A las 4 de la mañana inicia su rutina con una consagración a Dios, y luego se dispone a caminar de tres a cuatro horas con su bolsa para recolectar, secar o limpiar café. “Llueva, truene o relampaguee ahí estamos firmes trabajando y construyendo cada día un mejor país. No podemos ingresar a las filas del desempleo en la ciudad teniendo los territorios donde podemos trabajar. En el campo tengo todo a la mano”, dice.   

Edgar tiene cuatro hijos y todos trabajaban en el campo con él, hasta que las oportunidades de la ciudad lograron alejarlos del café. Hoy, trabaja por demostrar que el grano si tiene futuro, que es un buen cultivo y sobre todo, espera con ansias que sus hijos conserven esta tradición. Y no solo los suyos, sino los jóvenes en general. “El desinterés de los muchachos por la caficultura está acabando el campo, es triste que se pierda lo que siempre  nos ha caracterizado”, agrega.


 


 

 

«Muchas personas no entienden que a pesar de las dificultades después de 80 años que se inició el café en el Caquetá, todavía seguimos produciendo.La gente no le da el valor que deberían al café y al campo porque lo ven muy difícil. Ni el estado ha invertido»

Edgar Otao, caficultor de Florencia, Caquetá. Vereda Sinai.

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Pero no solo las dificultades de acceso perjudican la producción del café. La falta de buenas prácticas de siembra y el envejecimiento de algunos cafetales amenazan los cultivos. Actualmente veredas como el Sinaí, donde John y Edgar trabajan, produce cinco cargas de café seco en comparación a las 10 u 11 cargas que produce en promedio el país porque las condiciones climáticas no dan abasto para el secado. Pese a ello, le apuntan a la ilusión de progreso y con su café quieren renovar la industria cafetera en 3 grandes dimensiones: calidad, productividad y sostenibilidad.

Según cifras de la gobernación de Caquetá, hace 20 años se sembraban 5.000 hectáreas de café a lo largo de la Cordillera Oriental desde el municipio de San José del Fragua hasta San Vicente del Caguán. Desde 2016, el aporte de Nespresso ha sido de 2.521 toneladas por 2.868 hectáreas sembradas. El café sembrado por John y Edgar tiene un sobreprecio de 400 pesos por kilo, lo que quiere decir que si una carga en el mercado está en 800 pesos, se les está reconociendo 50.000 pesos por carga. Por hectárea se producen 600 kilos, y estos caficultores cada día dedican su vida a recoger granos de calidad, esperando recibir el excedente que les queda. 


 

Edgar produce cinco cargas de café en comparación a las 10 del promedio nacional.  © Nesspresso.

 

“En el Caquetá encontramos un café único, el  amazónico. Un café de cuerpo alto, buena acidez y notas achocolatadas que al moler dio un resultado único. Un producto equilibrado, es decir, no amargo, ni salado, ni dulce, ni ácido, sino una mezcla entre esas 4 características de sabor, declaró Mateo Colombier, embajador de Nespresso en Colombia. “Eso y la influencia amazónica hace especial esté café y es la razón por la que lo escogimos”, añadió el líder de la compañia que va a completar tres años en el Caquetá.

El cese del conflicto marcó un antes y un después en la era cafetera. Antes se sembraba mucho café pero era difícil su recolección. Hoy en día, los caficultores tienen libertad para moverse, y aunque no es el trabajo más rentable del mundo, la tranquilidad de estar en su tierra haciendo lo que aman los impulsa a forjar la industria del café y sobre todo, demostrar que Caquetá es cafetera. Ya que, “sí lo hicimos  durante 80 años porque no vamos a poder hacerlo ahora con mejor inversión”, concluyó John.

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