El código QR que cuenta las historias de los cultivadores

septiembre 09 de 2020

Una iniciativa tecnológica busca conectar a los consumidores con las comunidades rurales del país. ¿Alguna vez se preguntó quién cultiva la comida de los colombianos? Ahora podrá conocer quiénes produjeron los alimentos que llegan a su mesa.

El código QR que cuenta las historias de los cultivadores

| La iniciativa busca incentivar a los colombianos a consumir productos locales y así apoyar el crecimiento económico del país. | Por: Cortesía Acceso/Paramo Films


Por: Natalia Prieto C
@NataliaPC_

“Se levanta uno, ora un poquito y arranca con los animales”. Así describen sus mañanas Florentino Medina y su esposa Nelly Auzaque, en Soracá (Boyacá). A las 5 de la mañana, con el frío del altiplano rozándoles la cara,  salen juntos a ordeñar las vacas y alimentarlas de pasto. Después de unas horas, con la leche fresca y los huevos recién recogidos, desayunan junto a sus dos hijos. 

 

El ‘ritual’ es igual todos los días. Cuando termina de comer, Florentino, se pone sus botas, prende el pequeño radio rojo que siempre lo acompaña y se dedica a su tierra. Arar, sembrar o fumigar. “Lo que haya que hacer”, dice, para asegurarse que esa papa, que ‘como por arte de magia’ podemos consumir usted y yo con solo caminar al supermercado, pueda llegar a la mesa.

 

Florentino y Nelly hacen parte de las 100.000 familias productoras de papa que, según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria, hay en Colombia. En un país donde se estima que cada persona consume 62 kg de papa al año, la labor de sus cultivadores, y en general de los campesinos del país, es poco reconocida.

 

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Florentino y Nelly se han dedicado toda su vida se la ha dedicado al cultivo de papa, maíz y arveja en la comunidad de Soracá, Boyacá. | ©Acceso / Paramo Films

 

Con la intención de dignificar a los agricultores y conectar a los consumidores con las comunidades rurales, Acceso Colombia creó una estrategia para contar historias como la de Florentino. Se trata de un código QR ubicado en el empaque de cada producto que les permite a los compradores conocer las historias de los campesinos productores de papa en los municipios de Turmequé, Soracá, Toca y Samacá en el departamento de Boyacá.


En la ciudad hay gente que jamás se ha imaginado el sacrificio que se hace en el campo. Deben creer que tener una vaca es solo sacarle leche y leche. Pero no, hay que tener mucho cuidado, sostener un animalito con buena alimentación es muy delicado y lleva mucho sacrificio -cuenta Nelly sentada al lado de su esposo, en una vieja mesa de madera de tres puestos, uno de ellos ocupado por su gato blanco que duerme plácidamente-. El campo es un sacrificio, los campesinos invertimos mucho en un cultivo” complementa Florentino.

 

Junto a ellos, las historias de 4 campesinos cultivadores de papa serán presentadas en videos, fotos y textos que le muestran al consumidor quién siembra, cultiva y cosecha su alimento. Más adelante, harán lo mismo con productos como la piña, papaya y otras frutas.

 

“Eso ayuda al campo colombiano, le da una mirada a las vidas y trabajo de los campesinos. Los consumidores pueden tener una mejor apreciación para el campo y los productos que consumen. También, entendiendo de dónde viene la comida, pueden tomar decisiones más informadas y escoger comprar local, comprar productos colombianos apoyando el crecimiento económico del país”, cuenta Alethia Kang, directora de Business Development para Acceso.

 

Esta es una estrategia más para el fortalecimiento de la cultura campesina en Colombia en la que Florentino, Nelly y otras familias obtienen acceso a mercados estables y formales, además de asistencia técnica y precios justos que les permitan incrementar sus ingresos.

 

En el campo colombiano la agricultura familiar produce el 70 por ciento de los alimentos del país. Según la FAO, apenas el 3 por ciento se comercializa sin intermediarios. Hasta siete de ellos interrumpen los procesos de contratación directos y reducen el ingreso de los campesinos, quienes venden el producto a un precio hasta tres veces inferior al que paga el consumidor.

 

Este tipo de iniciativas llevan la agricultura familiar a un punto más estable. Abastecen de frutas y verduras de pequeños productores a las regiones de los andes y el caribe, directamente a minoristas nacionales, empresas de servicios alimenticios, restaurantes y hoteles. La trazabilidad del producto es mucho más corta y les permite a Florentino y Nelly, recibir más dinero por su trabajo.

 

©Cortesía Acceso/Páramo Films

 

No cambiarían el campo por nada. La libertad, tranquilidad y la naturaleza los enamoran  a diario. “Ese es el campo, lo amamos. Le damos a Colombia el plato de comida diario. Si uno no siembra, ¿cómo vamos a ir todos a comprar?”, cuenta Nelly con orgullo.

 

En los ratos libres, cuenta Florentino: “Echamos cicla”. Mientras tanto, con el cacareo de las gallinas como ruido de fondo, Nelly explica que además de las labores de su casa, a veces tienen que “hacerse el día” trabajando en fincas aledañas. “Uno acostumbra el cuerpo a estar siempre haciendo algo productivo”, dice, como justificando el sacrificio que supone mantener una vida estable como campesinos.

 

Los sueños se les mezclan. Como agricultores quisieran recibir más ayuda técnica, obtener semillas certificadas que mejoren su producto. Y, entre risas, de esas que denotan utopía, hablan de tener un precio fijo para vender sus cultivos. Como familia, esperan que sus hijos puedan finalizar el bachillerato y tener educación superior, como les hubiera gustado hacerlo a ellos mismos. Pero, más que nada, esperan que se queden en el campo: en uno lleno de oportunidades, donde la vida no les sea tan "sacrificante".

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