El cultivo milenario que espera transformar la Sierra Nevada de Santa Marta

febrero 16 de 2021

El algodón fue durante varios siglos un producto insignia de la región y del país. Hoy gracias al trabajo de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación y la Fundación ProSierra se ha recuperado su semilla y cientos de familias pueden volver vivir de este cultivo .

El cultivo milenario que espera transformar la Sierra Nevada de Santa Marta

| En la foto se ve a Gustavo Cruz quien se encarga de supervisar el cultivo de algodón de ProSierra | Por: ©FAO/ProSierra


Por: Mateo Medina Abad
@teomedinabad


Hace 1.500 años, en la Sierra Nevada de Santa Marta, los indígenas arhuacos cosechaban cientos de plantas de algodón que decoraban el paisaje y lo pintaban del mismo color de la nieve que coronaba el pico de la montaña. Allí, con una práctica que han preservado durante siglos, tejían y creaban patrones que hoy los siguen identificando en sus prendas de vestir. Pero con los años, tanto el algodón como la nieve  empezaron a desaparecer. 

 

En 2017 el algodón era casi del pasado. Aún quedaban algunas semillas que preservaban los indígenas, pero incluso ellos las buscaban. “Nos dimos cuenta que el cultivo venía reduciéndose cada vez más y que  los indígenas estaban comprando tela comercial para sus vestidos porque no había algodón”, cuenta Santiago Giraldo, director de Prosierra, fundación que durante años ha trabajado por cuidar y preservar el patrimonio natural y cultural de la Sierra. 

 

En ese momento, ProSierra se dio a la tarea de recuperar la semilla de algodón y con ella, cientos de años de historia cultural y natural. Empezaron a trabajar de la mano de Environomica, una organización italiana sin ánimo de lucro especializada en la conservación de la naturaleza y el desarrollo rural sostenible, y Carlos de Brigard, uno de los mejores ingenieros agrónomos del país.

 

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Históricamente las mujeres arhuacas se han dedicado a la siembra y recolección del algodón. Parte del proceso de investigación realizado por ProSierra fue identificar las prácticas culturales entorno a la este producto que durante siglos ha acompañado a las comunidades de la Sierra. En las fotos se ve las semillas de la planta de algodón, una mujer indígena tejiendo con el método tradicional y a Santiago Giraldo, acompañado de Gustavo Cruz, quien se encarga de supervisar los cultivos de ProSierra.

©FAO y ProSierra

En esa búsqueda, subieron a la estación de investigación conocida como Ciudad Antigua. Allí, a más de 1000 metros sobre el nivel del mar, encontraron 5 matas de algodón de un poco más de metro y medio de altura. Cultivaron 150 para empezar a crear semillas y de esa cosecha produjeron suficientes para cultivar 3 hectáreas de algodón. 

 

Pero los recursos para el proyecto eran escasos. Mantener cultivos para investigación es costoso y expandir el proyecto para impactar a más comunidades de la Sierra requería tener más aliados. Entonces, en 2018, ProSierra llegó a un acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y su iniciativa conjunta con la la Agencia Brasileña de Cooperación, +Algodón, con la que impulsan la sostenibilidad en la producción de algodón de agricultoras y agricultores familiares.

 


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El proyecto se expandió a 40 familias indígenas y 30 campesinas que empezaron a cultivar. De la mano del algodón, implementaron el multicultivo con maíz, arroz y fríjol. De esta manera, según demostró la investigación de ProSierra, se preserva mejor la tierra para el algodón y se crean mejores condiciones de siembra y alimentación para las familias que lo cultiven.

 

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En medio de las laderas de la Sierra Nevada se podían encontrar cientos de plantas de algodón que decoraban sus paisajes de blanco. En la actualidad, a pesar de que el cultivo ha disminuido, el esfuerzo por parte de las comunidades y de organizaciones como la FAO y ProSierra ha sido clave en la recuperación de la planta. Hoy, las semillas, además de retornar a las comunidades, siguen siendo estudiadas por parte de la  organización, así como el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt y Agro Savia, la entidad del Estado encargada de tener un banco de semillas del país.  En la foto se ve la estación de investigación de la fundación donde encontraron por primera vez la planta de algodón, que se ve en la segunda foto.



©ProSierra

De acuerdo con la FAO, los pequeños agricultores cultivan el 65 por ciento de la producción de algodón en Colombia. En los años 70, en cambio, el producto era el segundo commodity con mayor capacidad de exportación en el país, solo superado por el café. En los años, 90 con la firma de los tratados de libre comercio y una fuerte crisis en el sector, el área sembrada pasó de 260.000 hectáreas en 1992 a solo 50.000 en 1999, según cifras de la Ong Semillas.

 

En Colombia, en 1990 había 18 mil productores, de acuerdo con las datos de la Confederación Colombiana del Algodón. Ese número bajaría paulatinamente: en 1999, 6 mil personas cultivaban la fibra;  en 2017, la producción alcanzó un bajo histórico de 297 personas, y en el 2019, último año del se conocen cifras, tan sólo 805 productores cultivaban algodón. Hoy buena parte del producto que se utiliza en el país, sobre todo el orgánico, es importado. 

 

Allí radica la importancia de la iniciativa. “Este es un paso de suma relevancia para la incursión del algodón orgánico como producto nacional. Muchos años han pasado para recuperar la producción de esta fibra milenaria y hoy vemos con esperanza la continuidad en las buenas prácticas ya adoptadas por los habitantes de la Sierra Nevada de Santa Marta”, dice Alan Bojanic, representante de la FAO en Colombia.

 

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“Si usted tiene un monocultivo de café, caña de azúcar o algodón, eso evita que tenga cultivos para el pancoger.  Entonces qué pasa si usted se ve aislado como nos vimos durante la pandemia: va pasar hambre, claro todo el mundo pensaba que los indígenas y los campesinos iban a estar bien porque tenían la comida pero eso simplemente no es cierto. Este modelo permite que se cree esa costumbre de sembrar de todo un poco. Esto genera seguridad alimentaria no solo para los campesinos, sino para el país en general. Esa es una de las grandes enseñanzas que nos deja el proceso", dijo Santiago Giraldo, director de ProSierra.

 

©Prosierra y FAO

El proyecto se basó en el intercambio de conocimientos, el proceso técnico llevado por la FAO y ProSierra se complementó con las prácticas históricas de los indígenas arhuacos a la hora de cosechar algodón. De este modo la siembra se hizo más efectiva al entender la relación que tenían las comunidades con la fibra y los cuidados medioambientales que requiere la cosecha. 

 

“Estamos llegando a más personas para que, a través de la articulación con las alcaldías, el Ministerio de Agricultura  y los líderes comunitarios, el proyecto se acople a la economía campesina y familiar. Buscamos que el sector del algodón, que ha sido muy afectado y viene en crisis, resurja hacia esas comunidades”, explica José Nelson Camelo, coordinador del proyecto +Algodón de la FAO en la Sierra Nevada.

 

Este año, mientras más familias de la Sierra empiezan a cultivar algodón de la mano de maíz, arroz, y fríjol, el proyecto ha empezado a dar resultados. El algodón cultivado por ProSierra y la FAO,  luego de un trabajo de gestión por parte de las organizaciones, logró ser comercializado con la empresa Colhilados,  responsable del proceso de hilado destinado al grupo Crystal, filial de la marca Punto Blanco. Fruto de la primera cosecha la marca colombiana lanzó la colección Nativa, hecha 100% con algodón orgánico de la Sierra Nevada de Santa Marta.

 

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Este tipo de iniciativas, concluye Santiago Giraldo, son un impulso para los productos orgánicos en el país y demuestran que para que este tipo de proyectos se lleven a cabo es necesario impulsar la inversión tanto del sector privado y el público, así como vincular a las comunidades a las iniciativas. Con el proyecto, además de comercializar el algodón para la producción de las camisetas de Punto Blanco, ProSierra y la FAO esperan consolidar el algodón orgánico como un producto clave en el desarrollo integral de la Sierra Nevada de Santa Marta.


©Punto Blanco y Pro Sierra

El algodón desmontado generó  278 kilos de fibra orgánica que fue la que se comercializó y también produjo 725 kilos de semillas distribuidas a familias agricultoras de la Sierra Nevada de Santa Marta para siembra e intercambio, entre ellas, comunidades indígenas como los arhuacos, wiwa y kogui, y comunidades campesinas. La expectativa es obtener unas 3 toneladas de algodón nativo orgánico este año.

 

“Realmente nosotros no estamos haciendo nada distinto a lo que hemos hecho los seres humanos desde que somos humanos: intercambiar semillas, y conocimiento que queremos preservar. A través del proyecto cuidamos el algodón y con su cultivo cuidamos a las comunidades”, concluye Santiago Giraldo. 

 

Hoy más de 60 familias indígenas y campesinas han encontrado una alternativa económica que no solo mantiene el legado del cultivo que se llegó a conocer como “El oro blanco” en los años 70, sino que les permite cuidar la salud alimentaria de sus comunidades y de los colombianos.  

 


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