El Festival de la Cosecha quiere ser patrimonio de los colombianos

junio 19 de 2019

Con más de 50 años de existencia, esta celebración que nació en el corazón del Meta quiere mostrarle al mundo las imponentes esculturas hechas con los productos que cultivan los campesinos. Pero todavía hay muchos colombianos que no las conocen. .

El Festival de la Cosecha quiere ser patrimonio de los colombianos

| | Por: Montaje de Semana Rural


Por: SEMANA RURAL
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En la parte de atrás de la moto que recorre la carretera —medio polvorienta y medio embarrada— Brayan le dice a su papá que se le volvió a olvidar qué cultivo es el de allá o este de pa’ca, y señala los campos y las formas rectas que brindan un buen arado de la tierra.

La región del Ariari es una vasta zona del departamento del Meta a la que se le considera como una enorme despensa de alimentos. “Océano verde” y la “buena bonanza” le llaman algunos habitantes que tuvieron que irse lejos de casa por las balas y que tiempo después regresaron para darle una segunda oportunidad a la tierra.

Brayan dice que donde una vez murió el toro manso de su familia por culpa de una mina hoy se ve la lomita color verde periquito gracias a los cultivos de sacha inchi.

 


 

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Cultivo de Sacha Inchi en la región del Ariari, uno de los productos que hacen parte del programa de sustitución de cultivos © Santiago Ramírez Baquero


 

El Festival de la Cosecha no es más que el fértil orgullo de los llaneros por haber nacido en una tierra rica, “bendecida”, la han bautizado. En agosto de cada año las veredas de Granada se reúnen durante una semana y pasan la lluvia, el sol llanero y se aguantan largas distancias con tal de recolectar un buen cargamento de frutas y vegetales para hacer con ellas esculturas, espejos para mirarse como grupo y no como individuos.

No es un festival que nació ayer. En el día del campesino, el propietario de cada finca montaba en una zorra —esos caballos que también galopan por la ciudad con el material que se puede reciclar— la abundancia en cosecha que le daba su tierra y que, luego del desfile, montaba en el parque para la venta. Así nació hace un poco más de 50 años.

 


 

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Muchas ideas de festejo se fueron añadiendo al día del campesino, incluido el Festival de la Cosecha, pero el tiempo las separó en dos celebraciones distintas. © Archivo particular


 

Pero como si se tratara de la historia independentista, una trifulca entre hacendados fue el florero de Llorente que hizo que el día del campesino se separara del Festival de la Cosecha y se uniera a la celebración de las colonias. Canaguaro fue la vereda que recibió al día del campesino y el festival se fue para las veredas de Granada.

Cosechar lazos

Una pareja de campesinos de la vereda de Aguasclaras tiene intactos en la memoria varios recuerdos de lo que significa este festival para ellos. A María Ernestina Basabe, presidente de la Junta de Acción Comunal, se le nota el gusto por halar el pasado al presente cuando habla de los primeros premios: una máquina de fumigar, un juego de botas o insumos de cultivos.

“Comenzamos a hacer la casa campesina, el tractor… porque antes no nos pedían un tema en específico. Muchas personas hacían la casita, seguramente por ser lo que más cerca tenemos”, narra Ernestina.

 


 

En 2018 las veredas se pusieron de acuerdo para que la temática fueran las aves. © Archivo particular


 

El trabajo más duro se hace en una semana, pero preparar la carroza en realidad pueden ser 15 días de intenso laburo. Hacen la reunión con la comunidad y de inmediato aparece el problema de conseguir el tractor, como todas las veredas están sacando sus productos, encontrar uno libre es difícil.

Entonces cuando la vereda se reúne mientras uno se encarga de ir a tal parte a cortar el maíz el otro va de finca en finca recogiendo la fruta y otro grupo va tejiendo legumbres.

— Imagínese que hicimos una mula pero por hacer mula hicimos el burro — dice Ernestina tratando de contener una carcajada.

 


 

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Aunque sea un trabajo arduo, los campesinos disfrutan la compañía de sus vecinos para armar las carrozas o hacer sus esculturas. © Archivo particular


 

“He dicho más de una vez: no, el otro año no participaré en el Festival de la Cosecha porque es un trabajo que desgasta mucho. Pero 12 meses después ahí estoy de nuevo armando figuras con fruta, recogiendo, moviendo cosas de aquí pa’ allá, porque esto nos une como comunidad”, habla Abelardo López, presidente de la JAC de La Mariela.

Así como lo cuenta, desde a los ancianos hasta los niños se han aguantado aguaceros que pareciera van a perforar la teja de zinc mientras le dan forma a sus esculturas. Pero así mismo, también se han deleitado con un amanecer llanero como recompensa por haber aportado su granito a la causa toda la noche.

Un declive que quedó en el olvido

Hubo años donde a las carrozas se subieron los gatos, los perros y las gallinas. Pero Cormacarena impuso que no se permitirían seres vivos durante los desfiles. A finales de la década de los noventa el Festival se suspendió por orden público y solo hasta el 2004 volvió a ser rescatado.

Una de las carrozas más recordadas fue la del puente guillermo León Valencia, caído por las fuertes aguas. Actualmente su reemplazo es el imponente puente Alcaraván que conecta a Granada con el sur del Meta.

 


 

Decorar la carroza con tiras de mazorcas es una tradición entre las veredas  © Archivo particular


 

La vereda San Ignacio propuso que se hiciera de nuevo la competencia de carrozas. Con premios en dinero y esta vez con una temática establecida. Las fotografías, todas tomadas por campesinos, corresponden en su mayoría a un registro reciente donde las esculturas debían ser figuras aladas. Este año en agosto, cuando se haga una nueva edición, los organizadores pretenden que esta celebración de orgullo campesino sea declarada patrimonio del departamento. Todo gracias a la gestión de Jenny Castro que se ha encargado de moldear su historia.

Pero la idea no es ser sólo patrimonio del Meta, este es solo un paso para llegar a ser patrimonio de la Nación.

Colombia es un país de fiestas, y pronto tendrá una nueva en su larga lista. Falta saber cómo hará el Estado para que esta se mantenga viva y colorida, como sus esculturas.

 


 

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