Los limones más dulces de Colombia: la apuesta para sustituir la coca en Nariño

noviembre 30 de 2020

Dos municipios que históricamente habían sido cultivadores de coca hoy le apuestan a la sustitución voluntaria con sembrados de limón que ya empiezan a producir para exportar..

Los limones más dulces de Colombia: la apuesta para sustituir la coca en Nariño

| | Por: ITC


Por: Mateo Medina Abad
@teomedinabad

En Leiva y El Rosario, dos municipios nariñenses, la coca y el narcotráfico han dictado el orden de las comunidades por décadas. En el departamento, uno de los más afectados por estos cultivos en el país, han llegado a tener hasta 45 mil hectáreas sembradas, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés). El cultivo, en muchas ocasiones, fue la única alternativa que las personas encontraron para subsistir y llevar alimento a sus familias.

 

Pero con la coca vienen de la mano otro tipo de situaciones: violencia, miedo y persecución. No tienes nada, vives huyendo. No hay algo que te arraigue porque tus tierras de un segundo a otro pueden dejar de ser tuyas”, dice Myriam Ceballos, gerente de la asociación de productores Corporación para el Desarrollo Sostenible de la Fosa del Patía (Corfopatía).

 

Esta zona del país, conocida como El Alto Patía, ha estado en disputa históricamente por los actores armados del conflicto. Su clima, las condiciones del terreno y, sobre todo, su ubicación geográfica hacen de este lugar un corredor clave en el tráfico y cultivo de drogas.

 

Como un acto de resistencia y también como una forma de construir la paz, varios campesinos de la región han pasado de ser “limosneros, a ser limoneros”, como describe un productor de Leiva lo que ha significado para él la llegada del limón tahití, fruto con el que han remplazado los cultivos de coca.

 

Este proceso ha transformado la vida de más de 20 familias, quienes esperaron meses para poder tener en sus manos el primer limón. “Son procesos de resistencia que han requerido tiempo, entrega y sacrificio —explica Myriam—. Para la primera cosecha de limón a veces hay que esperar hasta tres años. Es un proceso que necesita un convencimiento de que salir del conflicto y de la violencia es posible”.

 

 

Cultivar este fruto requirió apretar el bolsillo, pararse firme y no desvanecer ante la adversidad, algo que estas familias saben hacer bien: el 70 por ciento de los integrantes de Corfopatía han sido víctimas directas del conflicto. “Han muerto sus familiares, sus hijos, sus parientes, han tenido que sufrir todos esos impactos de la violencia. Eso los convence de que deben buscar otros espacios para darles a sus hijos las oportunidades que la violencia les negó a ellos”, cuenta Myriam.

 

Por esa esperanza, jamás un limón ha sabido tan dulce. Ni siquiera lo amargan los bajos precios del producto, que rondan los 200 o 400 pesos por kilo y que contrastan con los 5 o 6 millones que pagan por un kilo de coca. De allí que, para mantenerse en los cultivos lícitos, los campesinos pidan el acompañamiento de los Gobiernos y los cooperantes internacionales, no solo para sacar adelante sus negocios sino para ponerle frente a la otra realidad que los sigue agobiando: que el conflicto, por más de que algunas veces parece disminuir, aún sigue latente y las disputas por el territorio no han desaparecido.

 

Según cifras de la Defensoría del Pueblo, entre enero y octubre del año pasado fueron desplazadas 15.140 personas en ocho departamentos como consecuencia del conflicto. En ese periodo, el departamento más golpeado fue el de Nariño, en donde 5.423 personas de 2.028 familias fueron desplazadas forzosamente.

 

“Es una competencia de tigre contra burro amarrado, pero lo estamos haciendo porque conexo a eso hay un convencimiento de que existen factores para el buen vivir que no se compran con dinero, sino con tranquilidad, con espacios de convivencia”, explica Miriam.


 

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En la foto se ve a varios de los productores que hacen parte de Corfopatía

La tranquilidad a la que hace referencia Miriam está explicada en que ahora, mientras trabajan en sus cultivos de limón, ya no tienen que huir tan pronto escuchan un avión, como bien lo hacían cuando se dedicaban a raspar coca. Ahora pueden dormir tranquilos en las noches y pensar con esperanza el futuro de sus hijos. 

 

En la actualidad, luego de años de trabajo e intentos fallidos, Corfopatía logró exportar más de 10 toneladas de limón hacia Puerto Rico e Islas Guadalupe, en un proceso acompañado por el proyecto Colombia Puede, el Fondo Europeo para la Paz y el Centro de Comercio Internacional (ITC). Hoy este fruto hace resistencia a la coca y empodera a las familias para que se adueñen de sus territorios y trabajen por romper el círculo de violencia.

 

“Confianza y entendimiento para construir la paz: esa es nuestra base. Que en la vida de nuestros niños, nuestros jóvenes haya otra mirada, otro esquema. Que la coca no sea la única oportunidad, la única forma de salir adelante”, concluye Miriam del proceso, que la emociona y le quita sus amarguras.


 

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