El lio medioambiental que tiene en jaque a los artesanos del Carnaval de Barranquilla

febrero 13 de 2018

La tala indiscriminada de árboles y el desarrollo entendido como “más cemento” tienen impacientes a los artesanos de un municipio del Atlántico, que deben rebuscar su materia prima en otras tierras. .

El lio medioambiental que tiene en jaque a los artesanos del Carnaval de Barranquilla

| | Por: Carlos Pineda / SEMANA


Por: Mafe Matera
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Hace diez años, llegar por la vía La Cordialidad a Galapa, a ocho kilómetros de Barranquilla, significaba observar una vasta vegetación típica del bosque seco tropical, el ecosistema natural de este municipio que se incluye en la Cuenca de Mallorquín. Para un desprevenido, el paisaje podría ser solo un matorral extenso, pero allí siempre creció flora típica del caribe, especialmente ceiba roja, la materia prima para las máscaras del Carnaval de Barranquilla, y era el hogar para centenares de aves. Hoy, quien transite por esa ruta verá un paisaje, también de ocho kilómetros, pero con industrias y urbanizaciones, justo en terrenos que eran aptos para el desarrollo de actividades agrarias.

Este tramo es más que paisaje. En el corregimiento de Paluato, a tres minutos en moto de Galapa, la tierra donde se da el bejuco para los artesanos de canastos, la vida agrícola representa gran parte del sustento de sus habitantes. Allí, aunque todavía no hay industrias asentadas, la mayoría de hacedores no son dueños del terreno ni cuentan con servicios públicos óptimos.
 


 



Cuando en el 2013 por fin llegó una enorme supertienda al municipio, la sensación entre los galaperos era de orgullo al percibir progreso y desarrollo. El crecimiento industrial de Galapa va en aumento por las más de 10 empresas que se han establecido en el municipio, pero de la mano está la visible deforestación que ha crecido por la cantidad de hectáreas de árboles que han sido taladas, un número consolidado en el que no se ponen de acuerdo las entidades ambientales y municipales. La percepción de desarrollo basada únicamente en el crecimiento industrial atrapó la atención de habitantes, empresarios y gobernantes. Mientras tanto, empiezan a emerger problemas no solo medioambientales, sino culturales, como los que ahora incomodan a los artesanos del municipio. ¿Quién va a surtir de máscaras al Carnaval?

 

En Galapa y Paluato la cultura se teje alrededor del bejuco y la talla de madera de ceiba roja, especies vegetales que actualmente están en vía de extinción en el Atlántico, según la Corporación Regional Autónoma (CRA), encargada de crear y ejecutar políticas y planes para preservar el medioambiente en el departamento.
 


 


smiley | FOTOS: Mafe Matera



Desde hace más de 50 años este municipio le aporta danzas y artesanías a la fiesta más importante de Colombia. “Galapa significa mucho para el Carnaval de Barranquilla porque su gente atesora oficios tradicionales y saberes populares relacionados a la fabricación de artesanías. Eso es fundamental porque las máscaras hacen parte del patrimonio material del Carnaval por el que la Unesco nos reconoció en 2003”, reconoce Carla Celia, directora de Carnaval S.A.

Los productos elaborados en el municipio son reconocidos a nivel mundial por su acabado y calidad, por eso exportan cientos de artesanías a Europa.  Al menos cinco de los trabajadores galaperos de ceiba y bejuco han ganado la Medalla a la Maestría Artesanal, el máximo reconocimiento de Artesanías de Colombia, otorgado a quienes se dedican a trabajar por la industria artesanal y pasan el legado cultural a través de las generaciones, justamente lo que ahora está en riesgo.
 


 


Durante el Festival de la Máscara y el Bejuco, los artesanos participan en concursos de talla de madera y tejido de bejuco. Son capaces de elaborar un producto en 40 minutos. 
 



smiley | FOTOS: Mafe Matera


 UNA ALERTA VISIBLE 

Son víctimas de la problemática ambiental. Desde el Laboratorio de Artesanías del Atlántico advierten que el escenario es preocupante porque los artesanos aprovechan lo que encuentran en el bosque para elaborar sus productos. Antes no era una alerta ambiental, pero hoy los terrenos escasean por cuenta de la tala para construcción.

Adolfo Durán, de la oficina de Planeación del municipio alega que, en la cabecera municipal donde se han construido las empresas y urbanizaciones, son terrenos a los que los artesanos nunca han tenido acceso, por eso –dice– las nuevas construcciones no los afectan. Sin embargo, como en muchos casos los artesanos no tienen dónde cultivar, terminaron acercándose a estos predios para conseguir su materia prima.
 


 


smiley | FOTOS: Mafe Matera


 

¿Por qué no trabajan con otro material? Manuel Pertúz, dueño del taller ‘Toro Miura’, explica:La ceiba roja es perfecta porque su tronco es de gran volumen, y aun así el elemento es liviano, lo que es más útil al momento de enviar los productos al exterior”

Para otros la solución sería simplemente hacer las máscaras en papel maché, barro o incluso poliestireno (en Colombia, icopor), pero para los carnavaleros no representa lo mismo. Materiales distintos a la madera son prácticamente desechables después de las fiestas. Claudia Garavito, subgerente de desarrollo de Artesanías de Colombia lo explica: “La máscara de madera tiene más vigencia porque su construcción es una tradición centenaria. A nivel económico también tiene una connotación importante porque se pueden comercializar, por eso son un importante sustento para las familias dedicadas al oficio”.
 


 

Con la ceiba roja no solo se fabrican máscaras. Los artesanos elaboran y comercializan bisutería, abre cartas y utensilios de cocina adornados con imágenes representativas del carnaval.

smiley | FOTO: Mafe Matera


Para los fabricantes de canastos también es un suplicio encontrar bejuco. Para Jaime Castro, artesano local con más de 40 años en el oficio, recuerda que el bejuco se conseguía fácilmente en Paluato, pero ahora debe buscarlo en municipios vecinos como Puerto Colombia, a dos horas en bus del pueblo. A él y a varios de sus compañeros les toca a veces entrar a patios ajenos para cortar el bejuco.
 

Por eso, Castro hace un llamado al gobierno municipal y departamental:

«Sería bueno que nos ayuden a obtener tierras propias. La mayoría no tenemos donde cultivar el bejuco, nuestra materia prima. Así es difícil trabajar».

 


 

Jaime Torres es otro artesano del municipio que tiene problemas para conseguir y cultivar el bejuco. 

sadVÍDEO: Artesanías de Colombia


En medio de esta preocupación ambiental, la posición de la CRA no termina de convencer a los galaperos. Joe García, biólogo de la entidad, atribuye el problema no solo a la degradación de los bosques secos tropicales por parte de las industrias, sino también a la misma actividad artesanal, cuya incidencia, explica, acelera la desaparición de estas especies. Sin embargo, Luisa Pertuz, encargada del Taller Congo Real, iniciado por su padre, Luis Pertuz, asegura:


«Desde la llegada de la Zona Franca y las empresas que están en la vía, la Ceiba roja se ha perdido. Antes, el material se conseguía en un radio de 7 kilómetros, ahora lo conseguimos al doble de distancia y eso duplica los gastos».


 

La acusación de la CRA parece tambalear con el testimonio de los artesanos que ayudan a reforestar las especies que utilizan. En el Taller Congo Real y Toro Miura, por ejemplo, talan cinco árboles al año para fabricar los productos, pero lo hacen a un metro del suelo para no matar la raíz, y siembran otros cinco o siete árboles para recompensar al ecosistema y reducir en buena medida el impacto negativo.

El panorama es preocupante porque afecta el legado cultural pero también de manera muy grave el bolsillo de los hacedores.  Los artesanos están elaborando sus productos sin indicar el origen de la materia prima, justo porque no saben exactamente de dónde sacarla.


 "SI NO LO HACEN, LO HACEMOS" 

Los galaperos no piensan cruzarse de brazos ante el problema. Hay estudiantes y profesores del Colegio Francisco de Paula Santander trabajando para que las especies típicas de su municipio no se extingan. Liderados por la docente Celia Trillos, ellos cultivan plantas que ahora escasean en el Caribe, especialmente la ceiba roja y bejuco que necesitan los artesanos.

 

smiley | FOTO: Ignacio Acuña


 

Desde 2015, con la ayuda de la CRA y la empresa privada, construyeron el vivero José Celestino Mutis. Allí, estudiantes, profesores y padres de familia cuidan más de mil plantas nativas del bosque seco tropical como la ceiba roja, cuatro tipos de bejuco, bonga, carrito, entre otras.

Algunas de las plantas son cultivadas en macetas colgantes fabricadas en materiales reciclables. Otras especies más grandes, como la ceiba, deben tenerlas en bolsas negras con tierra abonada hasta que alcancen el tamaño apropiado para plantarlas en tierra firme.

En lo que concierne a las especies vegetales que necesitan los artesanos, la más fácil de reforestar es el bejuco porque no tarda tanto en crecer, así que las estrategías de repoblamiento son mas efectivas. En el caso de la ceiba, el proceso es más complejo, porque su crecimiento puede tardar décadas. 

 


«Aprovechando la extensión del colegio, hemos adecuado un sector para crear un bosque seco tropical.  Queremos cultivar –principalmente- ceiba roja y bejuco, para ayudar a los artesanos del municipio ».

- dice Celia Trillos.


smiley | FOTOS: Ignacio Acuña


Las obras en pro del medio ambiente no son recientes. Desde 2002, con el apoyo de la Universidad Nacional, el colegio creó el proyecto Escuela Entorno Vivo, un semillero de investigación donde inicialmente estudiaban los cuerpos de agua del municipio y trataban de recuperar zonas verdes. Ahora, el proyecto se expandió y se convirtió en un programa transversal a todo el colegio.

Aunque el proyecto es institucional, todos los que se vinculan lo hacen por voluntad propia. Los estudiantes, por ejemplo, cumplen tareas distintas según su grado académico. Algunos hacen germinar una semilla y cuidan la tierra, otros elaboran sustratos químicos con hojas secas y fabrican pinturas.
 


 

 


 

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Las pinturas fabricadas en el vivero sirven para teñir bejuco y pintar elementos tallados por los artesanos o los estudiantes que hacen carrera técnica en artes. 

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smiley | FOTOS: Ignacio Acuña


 

La institución Francisco de Paula Santander fue nombrada en 2016 como Colegio Verde del Atlántico por esta iniciativa de concienciación y preservación medioambiental.  Han ganado otros premios como GEMA, (Gestión de Educación Ambiental) y han participado en conversatorios con la CRA, la empresa privada y los artesanos para alertar y proponer soluciones a la problemática.
 



 

El propósito del proyecto es que la escuela esté de puertas abiertas a servirle a la comunidad, sobre todo a los artesanos que hoy no saben dónde conseguir su materia prima, y que ellos puedan sembrar también las especies que necesitan.

 

 

 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.