septiembre 11 de 2020

El lugar de la cultura en lo local

Por: Maria Claudia Parias

Los expertos en desarrollo sostienen que los aspectos de lo cultural de mayor relevancia en lo rural son su capacidad para generar cohesión social y la memoria colectiva territorial. En las conclusiones del Foro Cultura y Medio Rural de 2017, el Ministerio de Cultura de España señala, por ejemplo, que la cultura en lo local debe ser capaz de poner en valor y actualizar acervos locales específicos y contribuir a reforzar el vínculo individual y social -la confianza- con el lugar y el territorio. A estos aspectos deben sumarse, también, las transformaciones sociales y la propiedad de lo cultural para transgredir las fronteras.  

 

Así, en el territorio -y solo en él-,  se suscitan, de forma paralela, proyectos culturales que surgen en el tejido comunitario de la geografía social con otros, consolidados a partir de la promoción de políticas públicas y otros más, desarrollados por agentes culturales interesados en la implementación de iniciativas -innovadoras, en la mayoría de los casos-, que ponen en valor y diálogo las tradiciones y los saberes localizados con prácticas contemporáneas de creación, circulación y apropiación de las artes.

 

Las prácticas y los proyectos culturales tienen origen en lo local y, por lo tanto, están completamente imbrincadas en la diversidad geográfica, social y cultural del país. No es de extrañar, entonces, que, según lo consignado en el Informe de Gestión del Ministerio de Cultura, durante el periodo comprendido entre enero y diciembre de 2019, esta cartera haya apoyado 2.300 proyectos y actividades culturales en alrededor de 530 municipios. Además, durante la pandemia, creó el fondo de emergencia denominado Comparte lo que somos, cuyos recursos se entregaron a 18.000 gestores culturales de todo el país y a más de 1.000 personas jurídicas en el marco del Programa Nacional de Concertación. 

 

En la vida de antes la COVID-19, además de las fiestas y los festivales -que suman más de 3.000 por año y son espacios para el encuentro social y la puesta en escena de tradiciones musicales, dancísticas, teatrales y circences- se suman otras muchas experiencias culturales comunitarias. La Red de Cantadoras del Pacífico Sur, definida por una periodista de este medio como “una red de mujeres que durante once años ha tejido un muro de contención social (con música y danza) en los municipios de Timbiquí, Iscuandé, El Charco, Olaya Herrera, Mosquera, Francisco Pizarro y Tumaco del Cauca y de Nariño”, es una entre miles.

 

En el Caquetá existe la Escuela Audiovisual Infantil de Belén de los Andaquíes centrada en la producción audiovisual de niños y niñas, que busca, como lo señala Alirio González, su creador, propiciar “una forma de estar en contacto con el mundo de la creatividad desde el cine, la animación, la elaboración de juguetes, la siembra de alimentos, los viajes o los paseos por el río”. Y en Quibdó están los Jóvenes Creadores del Chocó, organización social de jóvenes para jóvenes, que promueve el baile y el teatro como escenarios para la generación de mayores y mejores oportunidades a la población vulnerable. Estos ejemplos se destacan por su evidente valor en términos de la cohesión social y la memoria que promueven en el entorno comunitario.   

 

En cuanto a los proyectos que se cimentan en políticas públicas estables y exitosas, cabe resaltar, entre otros, el trabajo de Batuta, una organización aliada del Estado desde hace 30 años y creada con el propósito de ofrecer formación musical de calidad a niños, niñas, adolescentes y jóvenes -especialmente los más vulnerables de la sociedad-, desde una óptica de inclusión social. Batuta implementa, en conjunto con el Ministerio de Cultura, el proyecto Música para la reconciliación diseñado inicialmente como una estrategia de la Red de Solidaridad Social (hoy, Prosperidad Social) para la construcción de una alternativa de atención integral a través de la música, orientada a la población infantil y juvenil afectada por el conflicto interno colombiano.

 

Música para la reconciliación, un proyecto que atiende un promedio anual de 18.000 niños, niñas adolescentes y jóvenes al año, en 131 Centros musicales Batuta ubicados en los 32 departamentos del país, ha demostrado que contribuye al mejoramiento de la calidad de vida, a la promoción de los derechos culturales y a la recuperación social y emocional de los participantes. Esto, porque se enfoca en el desarrollo de competencias musicales y sociales, enriquece la vida cultural de los niños y sus familias, y representa una opción para que un porcentaje estimado en el 5% de participantes al año, pueda elegir la música como un camino de vida.    

 

Por otra parte, están las Escuelas Taller, espacios para la capacitación de jóvenes entre 15 y 30 años de edad en oficios tradicionales vinculados con el patrimonio cultural. Al final de su ciclo formativo, asegura MinCultura, los egresados de las Escuelas Taller se convierten en individuos emprendedores que entienden el patrimonio cultural como una fuente de desarrollo local y se llevan las bases de una formación integral ya que durante su formación abren una caja de herramientas que les permite ser mejores ciudadanos”. Las Escuelas Taller están ubicadas en Barichara, Bogotá, Tunja, Buenaventura, Cali, Cartagena, Quibdó, Mompox, Popayán y Tumaco.

 

Tanto Música para la reconciliación como las Escuelas Taller, -así como la Red de bibliotecas públicas y las Escuales de música- son ejemplos de la concreción, en el nivel territorial, de políticas públicas enfocadas hacia la promoción de vidas más dignas para la población vulnerable y a la garantía de los derechos culturales.

 

Hay otro conjunto de intervenciones de artistas, curadores, agentes culturales que buscan reconocer en los territorios y su vasta riqueza cultural una oportunidad de conexión con lenguajes contemporáneos de las artes o con nuevas formas para circular este cúmulo patrimonial de saberes de la tradición. El trabajo de Más arte más Acción, que se define a sí misma como “una organización sin ánimo de lucro que trabaja desde el 2011 con el fin de generar una plataforma de proyectos artísticos interdisciplinarios, que a menudo involucra procesos con comunidades de la región Pacífico, estimula el intercambio cultural y el diálogo para aportar a la consolidación de la práctica artística y el pensamiento crítico en Colombia”. Entre sus líneas de trabajo están el arte y la pedagogía a partir del territorio; el activismo ambiental; la investigación y el pensamiento crítico; la comunicación alternativa y producción de contenidos culturales y las nuevatopías. Como socios de Arts Collaboratory, una red cultural translocal conformada por más de 32 organizaciones de todo el mundo, Más arte más Acción ha organizado residencias artísticas, proyectos de intercambio Sur/Sur, debates y laboratorios de exploración creativa desde y con el Chocó. 

 

También están los proyectos de Nova et Vetera, agencia colombiana de promoción de la música contemporánea, que diseñó una estrategia de interconexión entre los músicos de las tradiciones populares -que habitan las selvas, los desiertos, las costas húmedas- a quienes se envían cabezas de grabación binaural (maniquíes receptores de sonido) para que cuando los sabedores quieran compartir sus formas de hacer música, lo hagan en compañía de esta especie de autómatas, gracias a lo cual, cualquier persona del mundo, mediante una plataforma virtual, puede acceder a los contenidos creativos y poéticos de la diversidad musical colombiana.   

 

Así, desde la práctica de las artes y las expresiones culturales por parte de las comunidades, las políticas públicas localizadas y las intervenciones que reinterpretan los espacios para resuscitar los lugares, la cultura es local y solamente local. Pero está en conexión con el todo, porque lo rural y lo urbano, lo local y lo mundial, “son caras de una misma moneda y deben pensarse a partir de la interdependencia y la hibridación. El mundo rural no es hoy el centro ni la periferia sino ambas cosas a la vez”.         


María Claudia Parias Durán es la Presidenta Ejecutiva de la Fundación Nacional Batuta 


 


Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.


 

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