El método educativo para que los bachilleres se animen a vivir del campo

marzo 01 de 2019

Desde 2002, más de 1.200 profesores y 35.000 estudiantes han incorporado a sus clases un método para combatir esa idea de que las oportunidades económicas y laborales solo se encuentran en las ciudades. .

El método educativo para que los bachilleres se animen a vivir del campo

| Sembrar Paz, un sistema educativo que les ofrece una alternativa en el campo a los jóvenes de las regiones pero también a los de las ciudades. | Por: Sembrar Paz / Uniagraria


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

Se calcula que tres de cada diez colombianos viven en zonas rurales. Por regla general, es esta población la que provee de alimentos, entre otras cosas, al otro 70 por ciento del país. En la colombia rural se estima que viven unos 13 millones de campesinos, pero ese número sigue disminuyendo con los años, pues hay múltiples factores que los tientan a buscar su vida en la ciudad.

El conflicto armado, la falta de presencia estatal, de infraestructura y de oportunidades de negocio han hecho que las labores ligadas al campo sean poco atractivas, en especial para los más jóvenes. Los colegios y escuelas rurales son algunos de los pocos espacios que mantienen a las nuevas generaciones en el campo frente a una migración muy acelerada, mayor que en décadas anteriores.

La movilidad hacia las urbes se sigue traduciendo en un problema bien conocido en el campo colombiano: no existe relevo generacional. Este vacío frena el desarrollo agrario, que en la próxima década será uno de los ejes principales para Colombia, entre otras cosas por ser uno de los puntos que se pactó en el acuerdo de paz con las Farc. De hecho, se sabe que hay al menos 18 resoluciones dedicadas a la educación y juventud en el Acuerdo.
 


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Al panorama que tenemos hoy, ya en el posconflicto, se anticipó La Fundación Universitaria Agraria de Colombia, que en el 2002 puso en marcha Sembrar Paz, un sistema educativo que les ofrece una alternativa en el campo a los jóvenes de las regiones pero también a los de las ciudades.

Según Jorge Gaitán Arciniegas, uno de los creadores del proyecto, era sorprendente encontrarse con instituciones educativas, 150 colegios en total de todo el país, en los que ningún alumno contemplara un proyecto de vida en el campo, o un emprendimiento de desarrollo rural. “Es tal el sesgo antirural en los colegios urbanos, e increíblemente y con más intensidad en los rurales, que la idea de salir bachilleres para trabajar la agricultura y conexas como un proyecto de vida loable y deseable estaba prácticamente borrada, y quienes se quedan en los surcos lo hacen a desgano”, explica.

 

© PROGRAMA SIEMBRA PAZ


Educación para que el campo sea una opción de vida


Para lograr el objetivo de una educación con enfoque diferenciado hay que empezar desde las bases, con los docentes. Muchos de ellos no son del todo conscientes de que pueden adaptar sus modelos educativos a un contexto rural. Junto a estudiantes de últimos semestres de la Uniagraria, los profesores reciben más herramientas para capacitar a sus estudiantes, para abrirles el abanico de oportunidades en sectores que necesitan capital humano. Así, los muchachos reciben conocimientos en agroalimentos o agroindustria, construcción de infraestructura, producción, saneamiento básico, principios presupuestales, contables y administrativos. Además, con miras a que ellos creen o manejen sus propios emprendimientos, se les capacita en constitución de  pequeñas empresas locales, bases jurídicas para la solución alternativa de conflictos, relaciones interpersonales, etc.
 


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Cada vez que nace un emprendedor en el campo, nace una oportunidad para construir paz. Bajo esa premisa, estudiantes de bachillerato alternan sus clases reglamentarias con las de Sembrar Paz, que estimulan la creatividad y los ayudan a visualizar proyectos productivos que se traduzcan en ingresos, pues la desocupación rural es uno de los motores de las bandas criminales, el pandillismo, el microtráfico y la drogadicción. La idea es combatir el imaginario de que las oportunidades solo se encuentran en la ciudad, al tiempo que se busca garantizar la seguridad alimentaria en un país que tiene cómo y con qué aprovechar sus recursos de manera sostenible.

Desde su creación, hace 17 años, se han capacitado a más de 1.200 profesores y 35.000 estudiantes en colegios regionales y urbanos de Colombia, con la ayuda de entidades como la Secretaría de Educación de Bogotá, la Gobernación de Casanare, la Gobernación de San Andrés y Providencia, la Gobernación de Cundinamarca, y otras organizaciones como la estadounidense Bhpbilliton de Global Communities. En total, 150 colegios del país han disfrutado del programa, muchos de ellos ya tienen la capacidad instalada.

 


Educación más pertinente

Julián Buitrago es Licenciado en Filología Clásica y fue uno de los docentes que ejecutó el programa en en el I.E.D. de La Florida, en el municipio de Anolaima, Cundinamarca. El profesor reconoce que la primera etapa del proyecto, desde septiembre a diciembre del año pasado, no es suficiente para lograr cambios a corto plazo, pero insiste en que hay mucho potencial en este tipo de programas porque “existen aprendizajes que ya tienen, y otros que pueden tener para proyectarse”.

La situación de los chicos en municipios como Anolaima demuestra la necesidad de que este tipo de iniciativas crezca. Los estudiantes de bachillerato, ilusionados con una carrera o con seguir estudiando, conforme se acercan a la graduación se van haciendo a la idea de la realidad que los espera afuera: pocas oportunidades de emprendimiento en el campo, instituciones educativas lejanas de sus casas o que no pueden costear, padres de familia para quienes es mejor que “se pongan producir”. Solo dos de cada diez niños logra llegar a la universidad, los demás tratan de buscarse trabajos poco calificados en otros municipios o en la ciudad.

 


«El que no consigue trabajo rápidamente se va. El campo se está quedando solo. Sin recursos no hay cómo fortalecer el proyecto»



 

© MARCELA MADRID 


Retomar saberes como el tursimo ecológico o la transformación de alimentos puede ser la salida. En el programa Sembrar Paz se les enseña a hacer dulces, mermeladas, verduras, encurtidos, etc. El objetivo no es obligar a los alumnos a quedarse en el campo, sino ayudarlos a construir proyectos con los que puedan aplicar conocimientos: saber montar una feria, saber comercializar un producto, saber crear una estrategia de ventas, llevar la contabilidad. Que aprendan a pensar en el entorno en que viven.

 


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Uno de los planes del Gobierno es homologar los esfuerzos de la educación urbana en la educación del campo. Podría ser un buen primer paso. Por ejemplo, se espera que resulte una versión rural del Programa de Alimentación Escolar (PAE), y que se pongan en marcha modelos pedagógicos flexibles, como el de Siembra Paz, por medio del Programa Especial de Educación Rural (PEER). Eso sí, nada de lo anterior tendrá éxito si no se hace una inversión en la infraestructura escolar, uno de los reclamos más comunes.

La Mesa Nacional de Educación Rural, que agrupa a los docentes del campo, está haciendo la tarea. Hace menos de un mes se reunieron para proponer "una política pública que garantice que la población rural tenga una educación oportuna, suficiente y de calidad".  Con más garantías,  programas como Sembra Paz, que llevan casi dos décadas en ese esfuerzo, podrían ser mucho más efectivos.

 

 

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