El peso de la sexta extinción en un país biodiverso como Colombia

octubre 14 de 2018

Somos la segunda nación con más especies animales y vegetales en el mundo. Eso nos pone en vulnerabilidad frente a la deforestación, la minería y otras acciones del hombre que alteran los ecosistemas. Hablamos con un experto sobre cómo podrían desaparecer 6.600 especies si no conservamos el medioambiente. .

El peso de la sexta extinción en un país biodiverso como Colombia

| Colombia podría ser de los países más perjudicados por esta nueva ola de extinción de especies animales y vegetales. | Por: León Darío Peláez


Por: José Puentes Ramos
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En la Tierra han ocurrido cinco etapas de extinción de especies en su historia. Según un artículo del palentólogo Niles Eldredge, publicado en Action Bioscience (un portal web de divulgación científica del American Institute of Biological Sciences), la primera extinción ocurrió hace 440 millones de años y se originó por el enfriamiento del planeta. Provocó cambios en la vida marina, debido a que en ese tiempo había poca vida terrestre.

Las cuatro extinciones siguientes se dieron de manera natural, como la primera. Cambios de clima, movimientos de las placas tectónicas -que posteriormente dieron con la formación de los continentes- y eventos astronómicos (se ha dicho que una de las causas de la desaparición de los dinosaurios fue la colisión de uno o varios cometas con la Tierra). Es decir, no ha intervenido la mano del hombre.

Pero desde que el humano empezó a dispersarse por el planeta, hace 100.000 millones de años, y desarrolló la agricultura, hace 10.000, se habla del surgimiento de una nueva extinción: la sexta. Se trata del hombre alterando los ecosistemas, gastando indiscriminadamente los recursos naturales y cazando otros animales para sobrevivir, pues Eldredge considera que la especie humana no logró adaptarse a los ecosistemas locales y por eso se movilizó para invadir y habitar otros.

Miles de millones de años después vemos que el hombre moderno continúa afectando el medioambiente para sobrevivir: por medio de la deforestación modifica bosques para imponer la agricultura y la ganadería, requiere en su día a día de combustibles fósiles que obtiene de la minería y seca ríos hasta desaparecerlos. Así acaba de manera acelerada con el hábitat de otras especies.

Colombia, el segundo país con más biodiversidad en especies del mundo, ya sufre los efectos de la sexta extinción. Tiene 6.600 especies animales y vegetales en riesgo de desaparecer debido a la deforestación. Hablamos con José Manuel Ochoa Quintero, investigador y coordinador de Evaluación y monitoreo de la Biodiversidad en el instituto Humboldt, sobre la vulnerabilidad de Colombia frente a la sexta extinción y cómo podría contrarrestarse.
 

 El puma hace parte de las especies al borde de la extinción.  © CORPOCALDAS

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¿Los efectos de la sexta extinción ya se sienten en el campo colombiano?

Habría que empezar por explicar que estamos en algo llamado el antropoceno. Es decir, todas las dinámicas ecológicas de la Tierra están dominadas por el hombre. Eso acarrea una inminente extinción de un gran número de especies, que, si lo comparamos con los otros procesos de extinción en la historia del planeta, ocurre de manera acelerada. Ahora, ¿cómo se ve esto en Colombia? Debido a la ubicación geográfica y a la diversidad ambiental, somos el segundo país del mundo con la mayor cantidad de especies botánicas y animales, solo detrás de Brasil. Por esa razón hay dos aspectos a revisar: el primero, las amenazas de la sexta extinción en Colombia afectarán a un mayor número de especies en comparación a otros países. Y el segundo, existe una responsabilidad de todos, Estado y comunidades rural, por conservar esa diversidad.

 

 

José Manuel Ochoa Quintero, investigador y coordinador de Evaluación y monitoreo de la Biodiversidad en el instituto Humboldt. © CÉSAR GARCÍA


¿Cuáles son esas amenazas?

Lo que hemos visto con la deforestación en los últimos años nos permitió detectar más especies en riesgo. También es clave referirse a la expansión sin control de las fronteras agrícolas y la ganadería mal llevada. Hablamos de 6.600 especies (entre animales y plantas) que estarían afectadas por la deforestación. Reitero que la responsabilidad de conservar es muy alta en Colombia, pues somos un país con muchas especies endémicas.

Colombia tiene regiones con amplia vocación agrícola. ¿Cómo estas aportan a la sexta extinción?

Ese es un punto clave. Hemos tenido una expansión del sector productivo en los últimos años. Y si hay una expansión sin control, tenemos un riesgo para la diversidad ambiental. Pero hemos estado trabajando desde el instituto Humboldt y otras entidades para encontrar equilibrio entre las áreas de producción y de conservación. Al mismo tiempo que se cultiva, hay que conservar. Es hora de pensar cómo los agricultores le pueden sacar provecho a los servicios ambientales, como es el caso de la polinización de los cultivos.

Y también pensar cómo los ecosistemas se puedan beneficiar de las actividades productivas. Un ejemplo claro es el avistamiento de aves y el turismo que se crea a su alrededor, donde es evidente la conservación. Esto demuestra que existen posibilidades para hacer la transición hacia lo sostenible.

 

¿Cuáles zonas en Colombia son las más vulnerables a la sexta extinción?

Hay varias zonas de mucha importancia. En el Humboldt creamos un sistema para detectar dónde se concentrará la deforestación en los próximos años. Esa información la cruzamos con los sitios donde está la mayor parte de biodiversidad en fauna y flora. Según eso, el piedemonte Andino-Amazónico (ubicado principalmente entre en Caquetá y Putumayo) podría resultar más afectado por la sexta extinción, debido a que tiene un mayor número de especies que el resto del país.

 


«Ecosistemas como los bosques Interandinos (el corredor de la cordillera Occidental y Ecuador), algunas áreas de las selvas chocoanas y el piedemonte de la Sierra Nevada de Santa Marta también resultarían afectados».




¿Y existen especies en el país que podrían desaparecer pronto?

En fauna, el paujil pico azul. Personalmente lo he estudiado. Es un ave endémica que ha perdido el 80 por ciento de su hábitat. Quedan poblaciones de esta especie en el Magdalena Medio y algunas zonas del Caribe. Su tamaño es similar al de una gallina y es consumida porque la gente así suple la proteína animal. Se demora mucho en reproducirse y una pareja requiere 350 hectáreas de bosque para sobrevivir y buscar el alimento.

Otra especie que nos preocupa altamente es el mono araña del Magdalena Medio. Se alimenta de árboles frutales y necesita de amplios bosques para moverse. Lo cazan porque algunos campesinos dicen que consumirlo ayuda a combatir el paludismo, algo que científicamente no se ha comprobado. Además, esta especie está en la lista de los 25 primates más amenazados en el mundo.

En cuando a flora, el que más se destaca es el canelo, que es una especie maderable. Es común encontrarlo en los bosques del piedemonte Andino-Amazónico y sirve de hábitat para aves nativas de esa zona. Por eso no solo se tiene que pensar en proteger a las especies, sino también en conservar el entorno.
 

El mono chururco y el oso de anteojos hacen parte de las especies en peligro en Colombia. © INSTITUTO HUMBOLDT Y DANIEL REINA ROMERO


 

Estudios científicos hablan de que en el mundo desaparecen dos especies vertebradas cada año. ¿En Colombia ya ha especies endémicas extintas?

Hay un ave propia que está extinta. Se llamaba el zambullidor andino y solo estaba en la sabana de Bogotá. Al desaparecer los humedales de esta región, el ave se quedó sin hábitat y desapareció. No sabemos si existen otras especies con el mismo destino en el país, porque reportar la extinción de una requiere que se busque en los sitios donde vivía, pero en muchas ocasiones ese hábitat ya está destruido.

¿Es complejo en el país hacer la transición hacia la conservación para contrarrestar los efectos de la sexta extinción?

Es complicado, pero estamos en un momento importante. Con el posconflicto hay varios actores que antes no tenían acceso a ciertos sitios y que están interesados en la ruralidad. ¿Qué pasa con esos sitios? Hay un dilema entre conservar y producir, pero antes toca ver cómo está la biodiversidad. Lo que estamos haciendo es una estrategia de monitoreo. Pero no solo desde los científicos, sino con la ayuda del conocimiento de las comunidades. Es lo que llaman en otros países ciencia participativa. En Colombia apenas arranca este tipo de iniciativas.
 


«Los científicos trabajamos con las comunidades y sus conocimientos para reconocer el territorio y decirle a la gente cuál es la mejor manera de desarrollo. Entender que conservación no solo es implementar un área de protección, sin campesinos. Se trata de cambiar la perspectiva: no desligar a la biología y los productores agrícolas, porque ambos se necesitan».


 

El titi cabeciblanco, el paujil piquiazul y el gavilán palomizo hacen parte de la lista de fauna amenazada.   © INSTITUTO HUMBOLDT


 

La caza de pumas y osos de anteojos o la tala indiscriminada de bosques en el Caguán son prácticas que aún no se han logrado erradicar. ¿Cómo hacerle caer en cuenta los campesinos que estas acciones provocarán la sexta extinción?

Yo creo que hay dos cosas por hacer: la primer es trabajar para ellos entiendan las consecuencias de sus acciones en el largo plazo, porque solo están pensando en un beneficio inmediato como ganar una porción de tierra para cultivar. Por ejemplo, que comprendan la variabilidad del clima (veranos o inviernos más extensos o cambios repentinos en los ciclos climáticos) como uno de los efectos de talar o tocar de manera irresponsable un ecosistema. Además, para el sostenimiento de sus cultivos necesitarán de agua y polinización, pero sin bosques no habrá ríos y especies que polinicen.

Y segundo, explicarles que los servicios ambientales les servirán en lo productivo. Se ha comprobado que plantaciones de café cercanas a bosques tienen mejor rendimiento. Hay que resaltar los beneficios que tienen los ecosistemas en lo agrícola.


 


Se buscan las mejores acciones para frenar la sexta extinción

El proyecto Transformacciones quiere destacar el trabajo de comunidades y organizaciones ambientales para contrarrestar los efectos de la sexta extinción en el campo colombiano. Por esa razón abrió una convocatoria para encontrar acciones que eviten la desaparición de especies en el segundo país más biodiverso del planeta.

“Se trata de un proyecto documental transmedia colaborativo que pretende resaltar acciones en cuidado del agua, uso del suelo, tecnologías alternativas y protección a la biodiversidad. Hacemos este esfuerzo para mostrar que sí es posible transformar nuestros hábitos de consumo y a la vez cuestionar nuestra responsabilidad con la Tierra”, comenta Alejandro Borraez, su director.
 

 

Si usted lidera o conoce alguna acción de conservación ambiental en su ciudad o municipio, puede postularla en la página web del proyecto (www.transformacciones.com) hasta el próximo 30 de octubre. Un grupo de expertos, conformado por universidades e institutos como el Humboldt, evaluará cada postulación y elegirá las más impactantes para que hagan parte de la primera serie audiovisual en Colombia sobre este tema.


POR: José Puentes Ramos - @josedapuentes

Editor regional Sur y Bogotá de SEMANA RURAL


 

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