mayo 06 de 2019

Energización Rural: Una oportunidad de desarrollo sostenible

Por: Rutty Paola Ortiz Jara

Tener luz después del atardecer, cocinar sin leña, y contar con iluminación para actividades sencillas como leer, compartir con los hijos, son aún lujos que millones de colombianos no se pueden dar. Hay rincones del país donde la oscuridad es una barrera para el desarrollo.

La Colombia rural tiene tres retos principales en materia de energización: aumentar la cobertura, mejorar la calidad del servicio y sustituir fuentes costosas y contaminantes.

Hoy, el 97% de los colombianos cuenta con servicio eléctrico pero aún quedan más de 430.000 hogares sin este servicio. A esto se suma que cerca del 50% de las Zonas No Interconectadas (ZNI), cuentan con menos de 12 horas diarias de servicio.

La baja calidad del servicio se debe al estado de la infraestructura de generación y a que lo producen principalmente con diésel, lo que resulta costoso y extremadamente contaminante. Entre 2013 y 2017, las emisiones de gases efecto invernadero en las ZNI han aumentado cerca del 20% superando las 345.000 toneladas de CO2 en ese último año.

Con este panorama, el Gobierno Nacional se ha propuesto como meta atender a 100.000 nuevos usuarios con servicio de energía eléctrica para el fin de su período, en el año 2022. Como complemento, el minero energético fue el primer sector en adoptar su Plan Integral de Gestión del Cambio Climático, en el que se impone la meta de reducir 11,2 millones de toneladas de CO2 para 2030 y una de sus líneas de acción es el aumento de cobertura con fuentes limpias, así como, la sustitución del diésel como energético principal en las ZNI.

La energía ha demostrado su poder transformador, lleva bienestar y progreso a las regiones. Cuando la energía llega, con ella llega el calor a los hogares, las oportunidades de estudiar gracias a la luz en casa y en la escuela, la conexión con el mundo gracias a televisores y celulares. Llegan nuevos medios de subsistencia, ventas de helados, peluquerías, y también procesos industriales para aprovechar los recursos del territorio.

Pero hay que hacer énfasis en que su máximo poder transformador se logra cuando los proyectos de energización se construyen desde adentro, desde lo local, recogiendo los saberes de los pobladores, conociendo las fuentes energéticas en la zona, reconociendo las costumbres, necesidades, y potencialidades del consumo de energía de cada localidad.

Si, como está previsto, el Plan Nacional de Energización Rural y los Planes de Energización Rural Sostenible, se elaboran reconociendo las particularidades locales y si además se comprometen con la estrategia sectorial de generar con fuentes limpias aprovechando la gran riqueza natural de nuestro país, hay esperanza en que se logre llevar el progreso a esos colombianos que están esperando que se “haga la luz”.

 

 

Rutty Paola Ortiz, economista y abogada con Especialización en Gestión Pública e Instituciones Administrativas.


Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.

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