febrero 02 de 2018

De Humboldt y Bonpland a Van der Hammen y Correal

Por: Margarita Pacheco

Los imponentes abrigos rocosos se esconden entre bosques de niebla, rodeando el Salto de Tequendama. Mirando ese paisaje único, evoco los momentos del deslumbramiento de Alexander Von Humboldt y Aimé Bonpland, dos naturalistas europeos que observaron el mismo paisaje con asombro durante su viaje de estudio en un recorrido por tierras tropicales. Ante la vista de sitios sagrados de culturas ancestrales y tesoros arqueológicos, en el Tequendama urge el llamado a cuidar el patrimonio natural y cultural que analizaron estos científicos con una mirada eurocéntrica de inicios del siglo XIX.

Es el viaje “a las regiones equinoxiales”. Bonpland fue el primer francés que descubrió la riqueza patrimonial del Salto del Tequendama. El dúo naturalista observó cómo eran tratados los indígenas por los españoles invasores de sus tierras y cómo estos, con su visión politeísta, eran los guardianes de la naturaleza. Los viajeros intercambiaron conocimientos con José Celestino Mutis, quien dirigía la Expedición Botánica, con el sabio Caldas y otros hombres de ciencia. Más tarde, en París. en 1804, se juntaron con los independentistas americanos Simón Bolívar y Francisco Antonio Zea. (1). La ciencia y los movimientos sociales de independencia buscaron sinergia. Hoy esa sinergia vuelve a ser una exigencia política.

Desde hace más de 3.000 años, cuando tuvo lugar la crudeza de la conquista y las guerras de independencia, los abrigos rocosos del Tequendama o Aguazuque que deslumbraron a Bonpland y a Humboldt, y en el siglo XX a Van der Hammen y Correal, son testigos silenciosos de la evolución de la región.

Sociedades de cazadores-recolectores anteriores a los muiscas, sitios rituales, pinturas rupestres, viviendas en las rocas y exuberante biodiversidad tropical, caracterizaron este espacio de transición entre pisos térmicos. El Salto de Tequendama, a 2.400 mts sobre el nivel del mar, en el municipio de Soacha, sigue absorbiendo el gas carbónico y oxigenando las contaminadas aguas del rio Bogotá, que en épocas de dominio indígena eran aguas transparentes. Menudos servicios ambientales que poco se le reconocen hoy al Salto.

Con la colaboración de Van der Hammen, el arqueólogo Gonzalo Correal excavó a partir de 1969 los abrigos rocosos de la hacienda del Tequendama, y encontró señales inequívocas de ocupación humana en distintas épocas, siendo la más antigua la establecida hace unos 11.000 años. Los vestigios arqueológicos permitieron ha­cer una reconstrucción de las características de la ocupación, que es, arquitectónicamente hablando, la forma de vivienda más primitiva encontrada en territorio colombiano. (2). Este es un espacio de tránsito y conectividad entre las tierras cálidas de la cuenca del río Magdalena (2.400 mts sobre el nivel del mar) con las tierras frías y el páramo de Sumapaz (a 4.000 mts).

El Tequendama ha sido el escenario de aventuras y travesías de estudiosos, de luchas y evidencia del maltrato de españoles y curas contra indígenas muiscas y otros pueblos, de poetas y amorosos suicidas, de veraneantes que bajaban en tren a la estación de la Casona. A mediados del siglo XX, gobernantes sin visión de futuro, desaparecieron el tren de turismo y de carga para priorizar el uso de combustibles fósiles y la exclusividad de tortuosas vías pavimentadas. Así desapareció el encanto de la Casona como estación de tren en el Tequendama.

Desde hace más de 15 años, la Fundación Granja Ecológica El Porvenir lidera los avatares administrativos para mantener este ícono de la evolución de la historia regional y nacional. Con el apoyo del gobierno francés, la Casona, hoy Museo del Agua, ilustra y educa sobre la función ecológica del Salto, sobre los antiguos y presentes moradores y sobre los avances en la adecuación hidráulica que adelanta la CAR Cundinamarca en la cuenca del Rio Bogotá.

El paisaje actual del Tequendama evidencia la resiliencia del territorio ante la crisis de civilización que está provocando la metropolización de la Sabana de Bogotá. El crecimiento desordenado de los pueblos del sur y occidente de la Región-Capital ha venido carcomiendo este patrimonio ancestral de Cundinamarca, destruyendo el testimonio politeísta de pueblos del altiplano e imponiendo el modelo errático de urbanización. Este modelo sigue arrasando con los vestigios sagrados de la Provincia del Tequendama.

El agua espumosa y oscura que llega al Salto del Tequendama, y la que este vierte en la cascada rio abajo, es un ejemplo del divorcio entre el legado sagrado de culturas ancestrales y la indiferencia burocrática ante esta riqueza patrimonial. Es hora de hacer un llamado a los candidatos al Congreso por Bogotá y a la Presidencia para exigir resultados del Fallo del Consejo de Estado emitido el 28 de marzo del 2014. Este dio un plazo perentorio de máximo tres años para poner a rodar el plan de salvamento y sentar las bases para la descontaminación definitiva del rio Bogotá y ya se acabó el plazo.

¿Por qué se dilatan tanto las órdenes del fallo?  Estas cobijan a 19 entidades de la nación, 46 municipios en la cuenca y a una larga lista de empresas privadas a las que el máximo tribunal de lo contencioso administrativo declaró responsables, por acción o por omisión, de la catástrofe ambiental, ecológica, económica y social del río y sus afluentes. Es obligación del Ministerio de Ambiente de entregar cuentas claras.

Hoy debemos volver a poner en evidencia, gracias a Correal y Van der Hammen, que en el sur y el occidente de la Sabana de Bogotá se encuentran cientos de rocas signadas con pinturas rupestres de origen precolombino, diseminadas en una franja que hace las veces de límite natural entre el altiplano y la vertiente occidental de la cordillera oriental colombiana. Según estudios del Instituto Colombiano de Antropología e Historia ICAHN, existen afloramientos de rocas areniscas, a manera de bloques erráticos, que presentan en su mayoría pinturas en rojo ocre y en menor escala en naranja, amarillo, blanco y negro, que hacen presencia en los cerros que circundan la Sabana y que se agrupan en conjuntos más o menos diferenciados.

Entre estos sobresalen las Piedras de Tunja en Facatativá, el grupo de La Chaguya en Zipacón, las de Chivonegro en Bojacá, las Piedras de Usca en Mosquera, y los grupos de La Poma, Tequendama, Terreros y San Mateo en Soacha y las necrópolis en Ciudad Bolívar y Usme en el Distrito Capital de Bogotá. En la zona de rescate arqueológico se identificaron vestigios de sociedades que se asentaron en la región del Tequendama desde aproximadamente el año 900 antes de Cristo (a.C.), hasta la llegada de los españoles, es decir, hace casi 3.000 años. Los vestigios evidencian un pueblo prehispánico en la Laguna de la Herrera, que precisamente da el nombre a la cultura, la cual existió en la Sabana antes del desarrollo social y económico muisca.

¿Cómo blindar estas áreas patrimoniales de la urbanización errática de la Sabana y de pueblos de la Provincia del Tequendama?


1.Andrea Wulf, autora de la biografía de Von Humboldt, presentó detalles de esta relación con Bolívar en Festival Hay de Literatura de Cartagena 2017.

2.Investigaciones arqueológicas en los abrigos rocosos del Tequendama. Gonzalo Correal Urrego y Thomas Van der Hammen – Biblioteca Banco Po­pular. 1977.

 

MARGARITA PACHECO | @Margamiel
Asesora del Ministerio de Ambiente y de la Gobernación de Cundinamarca
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