Maloca de conocimiento del bosque, el sueño del último chamán matapí

septiembre 18 de 2019

Uldarico Matapí quiere mostrarles a las otras culturas del país la forma de ver, entender e interpretar el bosque amazónico que tiene su etnia, enseñanzas que le inculcó su padre desde que era pequeño. Pretende construir una maloca cerca a Bogotá, un sitio ancestral para que los ciudadanos aprendan cómo pueden vivir sin depredar la naturaleza.

Maloca de conocimiento del bosque, el sueño del último chamán matapí

| Uldarico Matapí trabaja en un proyecto para salvar la tradición ancestral de su tribu y enseñarle a otras culturas a vivir del bosque. | Por: Pilar Mejía / Semana


Por: SEMANA RURAL
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Hace 60 años, cuando apenas estaba formándose en el vientre de su madre, Uldarico Matapí Yucuna fue seleccionado para heredar todo el conocimiento sobre el cuidado y aprovechamiento del bosque de la etnia matapí o upichia, un grupo indígena que tiene su hogar en el resguardo Villazul, ubicado en el corregimiento de Puerto Santander, en medio de las selvas del departamento del Amazonas. 

Carlos Matapí Yucuna, su papá, uno de los chamanes o conocedores ancestrales más respetados en la zona, fue quien vio capacidades especiales en su hijo a pesar de no haber nacido, un don que no logró identificar en los otros tres retoños que tuvo. Sabía que Uldarico iba a guardar en su memoria todas las lecciones y enseñanzas que le inculcara, y que posiblemente se las heredaría a alguno de sus descendientes.

“Los grandes conocedores ven esas capacidades desde que la mujer empieza a gestar un nuevo ser en su vientre. En la medida que va evolucionando y creciendo, el niño va cambiando su imagen y su comportamiento. En ese momento se sabe si el muchacho viene con el don del chamán. Mi papá lo vio en mí, así que decidió que mi crianza sería especial y diferente a la de mis otros hermanos”, comenta Uldarico, el último chamán de la etnia matapí que queda vivo.
 

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Desde muy pequeño, Uldarico Matapí inició su aprendizaje sobre el bosque amazónico. Duraba hasta seis meses expedicionando zonas selváticas junto con su padre. ©FCDS


«El ideal era que yo comprendiera las relaciones de la naturaleza y la sabiduría del conocimiento ancestral. Mi padre me enseñó a diferenciar los tipos de árboles por medio de la forma de las hojas, los olores de los troncos y las formas de las cortezas»

Uldarico Matapí, el último chamán de la etnia matapí

 

La preparación para convertirse en un chamán matapí inició a los tres años. Según Uldarico, lo primero fue una dieta rigurosa y diferente a la de sus otros dos hermanos. “Entre las restricciones estaban los fritos, la carne y ciertos pescados. Luego, como a los siete años, iniciaron largos ayunos y aislamientos en la maloca de la etnia, que podían durar hasta 15 días. Es un proceso duro, una purificación del cuerpo para escuchar otros sonidos y comprenderlos, y una preparación para que en el futuro no nos impacten ciertos peligros”.

Terminado el proceso de purificación del cuerpo y alma, padre e hijo iniciaron una aventura por los bosques amazónicos, actividad en donde Uldarico puso a prueba su memoria. “Nos íbamos como seis meses a la selva. El ideal era que yo comprendiera las relaciones de la naturaleza y la sabiduría del conocimiento ancestral. Me enseñó a diferenciar los tipos de árboles por medio de la forma de las hojas, los olores de los troncos y las formas de las cortezas. Aprendí cuáles servían para remedios, las aves que los visitaban y los animales que dependían de sus frutos. Poco a poco memoricé el nombre de los árboles en nuestra lengua, con sus funciones, bondades y beneficios. Yo tenía que guardar toda esa información en la cabeza”.

Una de las grandes enseñanzas de su progenitor fue la íntima relación entre los indígenas y la selva, incluidos los permisos sagrados para poder hacer alguna intervención. “Siempre le pedimos permiso a la naturaleza para hacer nuestras chagras de cultivos como yuca, plátano y maíz. Si sentimos corrientazos es que tenemos autorización, de lo contrario no hacemos nada. También aprendí a manejar el calendario ecológico, es decir las épocas para las chagras y los tiempos donde el bosque debe permanecer quieto. Por ejemplo, entre marzo y agosto, brota todos lo relacionado con los frutales del monte, lo silvestre”.
 

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El conocimiento del bosque es algo que Uldarico ha tratado de conservar en su familia. Waydairon, uno de sus cuatro hijos, es su pupilo, aunque no puede heredar su trono de chamán. ©Pilar Mejía / Semana

En medio del bosque, guiado únicamente por la voz de su papá, Uldarico aprendió a viajar por todo el territorio matapí sin necesidad de moverse, una zona que va desde la desembocadura del río Apaporis hasta la del río Cananarí. “Aprendí a ubicar con el pensamiento el territorio y a respetar ciertas zonas por su importancia. Por ejemplo, los chamanes somos los únicos que podemos ir a Chiribiquete, pero solo con el pensamiento. Es un lugar de conocimiento y sabiduría ancestral que guarda el origen de la vida”.

Cuando ya estuvo preparado, a mediados de su adolescencia, Uldarico fue presentado oficialmente ante los otros conocedores del resguardo como el heredero del conocimiento ancestral de la etnia matapí, un título que lo llena de orgullo pero a su vez lo angustia.

“Soy el único conocedor o chamán que le queda a la etnia matapí o upichia. Waydairon, uno de mis cuatros hijos, ha recibido parte de ese conocimiento ancestral, pero no hizo todo el proceso para ser chamán. Toda la sabiduría de mi etnia podría desaparecer cuando yo deje este mundo, por lo cual me propuse hacer algo para evitar que todo se esfume”.
 

«Toda la sabiduría de mi etnia podría desaparecer cuando yo deje este mundo, por lo cual me propuse hacer algo para evitar que todo se esfume»

Uldarico Matapí
 

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Uldarico nunca ha pisado la Serranía de Chiribiquete. Sin embargo, la conoce a la perfección por medio de viajes de pensamiento, técnica que le enseñó su padre para convertirse en chamán. ©FCDS

Su más grande sueño

Carlos Matapí Yucuna falleció en 2003, a los 103 años de vida. Pero toda su sabiduría quedó grabada en la memoria de Uldarico, quien actualmente escribe las lecciones, enseñanzas, aprendizajes, aventuras y conocimientos sobre el bosque que le heredó su papá, información que pretende difundir con las demás culturas colombianas.

Pero no quiere conformarse con la publicación de un libro en honor a su progenitor. Su propósito es construir una maloca en Bogotá, una réplica de la infraestructura indígena que tiene en su resguardo Villazul, en donde pueda mostrar cómo la etnia matapí conoce, maneja y respeta los bosques.

“Mi ideal es montar una maloca de conocimiento del bosque, en donde otras culturas conozcan y aprendan nuestra propia forma de ver, entender e interpretar el sentido del bosque que nos rodea. Además, este sitio nos permitirá crear planes de desarrollo preventivo, y así comenzar a cuidar lo poco que nos queda”.

Según Uldarico, su sueño actual es una propuesta pedagógica en contra de la deforestación y la hecatombe ambiental de los recursos naturales, en especial en la Amazonia. “El conocimiento y el bosque se están acabando y nadie ha tratado de evitar los peligros que enfrentan. En sí, acabar con el bosque es acabar con el mundo del conocimiento. Mi proyecto es trabajar unidos por la sostenibilidad y el fortalecimiento del patrimonio cultural colombiano”. 
 

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Uldarico quiere construir una maloca indígena en algún sitio cercano a Bogotá. El ideal es que allí otras culturas conozcan el manejo del bosque. ©Juan Arredondo - Alianza ACT-PNN


Según Uldarico, National Geographic le ayudará con dinero para hacer realidad su sueño de construir una maloca cerca a Bogotá, a cambio de poder documentar todo el proceso.
 

El último de los chamanes matapí ha tocado varias puertas para consolidar su proyecto, algunas de las cuales ya dieron resultados certeros. “Ya tenemos el sitio para la maloca: un terreno en La Calera, en la vereda Santiamén, que para mí es un barrio de Bogotá. Una conocida me va a arrendar el terreno. Con Parques Nacionales Naturales voy a hablar para la licencia de construcción y los diseños. También para que me ayuden con información y grabaciones de sitios como Chiribiquete”.

Los recursos para construir la maloca en medio de la jungla de cemento al parecer ya están asegurados. Según Uldarico, National Geographic le ayudará con dinero para hacer realidad su sueño, a cambio de poder documentar la construcción y las primeras charlas con estudiantes, profesores, investigadores y demás personas interesadas. “Esperamos iniciar el año entrante. Entidades y organizaciones como Tropenbos Internacional Colombia y las universidades Nacional, Andes y Externado, me van a ayudar a aterrizar la información. Yo tengo muchos escritos en nuestra lengua, que necesitan traducirse al español”.

La maloca de conocimiento del bosque upichia, que llevará el nombre del padre de Uldarico, será una iniciativa pedagógica para conocer el bosque, “una nueva estrategia que buscará de diversas formas entender y comprender la importancia, valor cultural y natural de estos ecosistemas. Tenemos mucho que enseñarles a las diferentes culturas de nuestro país y del mundo: mostrar para proteger el bosque y entre todos conservarlo y devolverle la tranquilidad que en la actualidad ya no la tiene”.  
 

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Al interior de la maloca que quiere construir en Bogotá, Uldarico le enseñará a las demás culturas todo el conocimiento ancestral del bosque que aprendió de su padre. ©Juan Arredondo - Alianza ACT-PNN

Uldarico ve su proyecto como un tipo de maloca teatro o museo, en donde él mismo pueda explicar el sentido y la cosmovisión de su etnia y todos los sentidos del bosque, la fauna y la riqueza de la biodiversidad.

“Cuando hablamos de territorio hablamos de la vida. El manejo que hacemos los indígenas del bosque no genera mayores impactos. Por ejemplo, las chagras las hacemos en épocas exactas y en bosques secundarios. Es una combinación de diferentes ambientes que no genera impacto”. 

Para que su sueño coja mayor fuerza, el chamán de los matapí le hace un llamado a todas las entidades, organizaciones o asociaciones para que hagan parte del proyecto. “Necesitamos muchas manos amigas para consolidar la maloca, tener diversidad de información y escribir lo más claro posible los documentos. Todos son bienvenidos a participar. Si no conocemos nuestros bosques, es difícil mantener el conocimiento”.
 

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Uldarico está radicado en Bogotá mientras concreta su proyecto de maloca del conocimiento. Sin embargo, admite que su verdadero hogar está en la selva. ©Pilar Mejía / Semana

«Mi papá decía que todo el conocimiento no podía quedarse en la memoria y que necesitábamos escribirlo en papel para no perderlo en el futuro. Aprendió a escribir algo en nuestra lengua, material que trato de traducir al español»

El último chamán de la etnia matapí

En nombre del padre

Los indígenas no están acostumbrados a plasmar su conocimiento por medio de la escritura. La transferencia de saberes siempre ha sido una tradición oral, casi siempre inyectada de padres a hijos, algo que en la actualidad ha disminuido drásticamente. Por eso hay poca documentación sobre la sabiduría de los chamanes.

“Lamentablemente, nuestros ancestros no dejaron testimonios por escrito, porque la escritura no correspondió a la cultura upichia. Mi papá decía reiteradamente que todo el conocimiento no podía quedarse en la memoria y que necesitábamos escribirlo en papel para no perderlo en el futuro. Aprendió a escribir algo en nuestra lengua, un material que trato de traducir al español. Yo tenía como 10 años cuando me dijo que todo el linaje de los matapí debía escribirse. En los años 80 hicimos algunos escritos juntos, gracias a que Carlos Rodríguez, hoy director de Tropenbos, nos recalcó que no debíamos dejar todo en la cabeza”. 

Con su proyecto de maloca del conocimiento, Uldarico quiere revivir la presencia de su papá, un chamán muy destacado que le enseñó el manejo del bosque. “Él me inspiró a darle forma al proyecto, primero con su mensaje de escribir todo lo que tenemos en la cabeza sobre el bosque y luego con hacer algo para que el linaje de los matapí no se perdiera. La maloca es una posibilidad para rescatar nuestra propia historia y que las demás culturas conozcan la tradición”.
 

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Los indígenas de la Amazonia siempre le piden permiso a la naturaleza para hacer alguna intervención. Sus chagras, donde cultivan, tienen el permiso de la selva. ©Juan Arrendondo - Alianza ACT-PNN

Para este indígena, padre de cuatro hijos, el propósito de esta lucha es buscar una alternativa de recuperación de manera escrita, algo que fue autorizado por el mayor conocedor de la tribu, su papá. “Como no tenemos casi nada por escrito, necesitamos realizar actividades de acuerdo con la costumbre actual, que es un conocimiento más práctico y de fácil cumplimiento”.

Cuando la maloca ya esté lista, cualquier persona interesada en aprender sobre el manejo ancestral del bosque, podrá ingresar. “Pero no quiero que sea un espacio solo sobre mi etnia. Será una maloca sobre el conocimiento de todos los indígenas en el que podrán participar las diferentes entidades y organizaciones que trabajan por las comunidades, donde las otras culturas entenderán nuestro sentido de pertenencia indígena hacia los bosques. También servirá para el que Estado tenga en cuenta nuestros saberes en sus diferentes políticas públicas”.
 

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Uldarico también trabaja en un libro sobre el significado de las pictografías de la Amazonia, en especial en La Lindosa y Chiribiquete. ©Jhon Barros

«Mi papá siempre quiso dejar plasmado en escritos parte de su sabiduría, en especial la del manejo de la naturaleza. Por eso la maloca y la información que allí revelaremos, serán un homenaje a él»

Uldarico Matapí
 

Ya no quedan chamanes matapí, ni jóvenes que hereden el conocimiento de la etnia. Esa es la urgencia de Uldarico para poner a andar su proyecto lo antes posible. “Mi papá siempre quiso dejar plasmado en escritos parte de su sabiduría, en especial la del manejo de la naturaleza. Por eso la maloca y la información que allí revelaremos, serán un homenaje a él. Aclaro que no todo lo de nuestra cultura se puede traducir, como cosas del chamanismo y algunos cantos rituales”.

En los próximos días, Uldarico visitará varias comunidades indígenas del departamento de Boyacá, territorio que fue gobernado por los muiscas. “Será una preparación para mi maloca. Les hablaré sobre cómo los matapí defendemos y vivimos de los bosques, cómo respetamos las fechas para hacer chagras y les contaré la historia de mi papá. Ellos también quieren que su tradición trascienda y sea conocida por todos los colombianos”. 
 

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