El vichero que espanta al coronavirus en Nuquí

septiembre 15 de 2020

La práctica artesanal para hacer viche, criticada y hasta prohibida en el país, es hoy usada por Diego Gonzáles para fabricar alcohol antiséptico en Chocó. .

El vichero que espanta al coronavirus en Nuquí

| Diego González ha hecho viche con su familia desde que tiene 10 años. Hoy, lo ayuda a proteger a su comunidad contra el coronavirus | Por: ©Fundación Acua


Por: María del Mar Vanín
@FundacionACUA

La coyuntura por la covid-19 trajo distintas respuestas de las comunidades en los territorios rurales del país. Los sabedores y productores de viche, un licor tradicional del Pacífico colombiano destilado de la caña de azúcar, por ejemplo, han utilizado su conocimiento ancestral y han reorientado la producción de esa bebida tradicional en alambiques para enfrentar la enfermedad que paralizó al mundo. 

 

Es la historia de Diego González, vichero tradicional y vecino de la vereda Guachalito, en Nuquí (Chocó). Él, usando el saber de sus ancestros, decidió sumarle a la producción de viche la de alcohol antiséptico, un arma poderosa que escasea en su territorio y que es definitiva en la batalla contra la covid-19. 

 

Él lo sabe y por eso se considera algo así como un guerrero de su comunidad.  Con la humildad de siempre y poniendo por delante el amor que le inculcaron sus papás por la caña y el viche, solo atina a decir: “soy nativo de acá, de la vereda Guachalito. Todo lo que sé lo aprendí de mis ancestros”. 

 


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Desde los tiempos de la colonia, las prácticas de destilación para hacer viche fueron perseguidas y castigadas por considerarlas antihigiénicas. Entonces, cientos de afros, en grandes haciendas, fueron obligados en la clandestinidad a producir aguardiente.   

 

Abolida la esclavitud, las comunidades continuaron con lo que ya era una tradición. Ocuparon los bosques tropicales en el litoral Pacífico colombiano y continuaron sembrando caña y produciendo alcohol. Como la actividad continuó siendo mal vista, incluso perseguida hasta los años setenta, las comunidades destilaban en las veredas más alejadas o en los picos de las montañas y en medio de la noche. 

 

No era, sin embargo, un arte para todos. De sus 10 hermanos, Diego fue el único que aprendió a hacer viche. Desde pequeño se enamoró del proceso. Cada mañana se levantaba entusiasta a conocer más sobre la labor de sus padres. “Crecí aprendiendo a hacer viche, desde los 12 años. Iba con mis padres, ellos hacían la molienda y a mí me tocaba ir al río, porque en ese entonces conseguíamos el agua para el viche quebrada arriba, y a uno le tocaba hacerlo sin preguntar”, cuenta Diego. 

 

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El método para hacer el viche le ha permitido a Diego producir alcohol antiséptico 

©Fundación Acua 

 

La verdad es que han pasado muchos años de lucha y esfuerzo para que el viche del Pacífico sea reconocido y respetado como un producto tradicional, parte de una identidad cultural. En municipios como Nuquí, es naturaleza, vida y muerte.  Acompaña momentos de alegría como fiestas y agasajos; pero también de solemnidad y tristeza como actos religiosos y fúnebres. Al mezclarlo con plantas, raíces y otros ingredientes del territorio, da origen a una gran variedad de bebidas que se usan para todo tipo de objetivos. Con la botella curada, la tomaseca o el pipilongo, se tratan desde diversas enfermedades hasta el desgano sexual o la  mordida de una serpiente.

 

Miles de familias en el departamento tienen ingresos gracias a su producción. Con la venta de viche, los padres de Diego lograron alimentar y formar a 10 hijos. Y uno de ellos, Diego, espera con esa misma fórmula alejar a la muerte de  su comunidad. Con la capacitación que le dio La Fundación Activos Culturales Afro (Acua), este nuquiseño ya ha producido varios litros de alcohol que obsequia a familias vecinas y personas que vienen por su botella. 

 


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“Yo aprendí a hacer el alambique porque mis padres lo hacían y vi a mi abuelo hacerlo también”, cuenta Diego. Él, además, lidera la iniciativa ecoturística ‘Son de caña’, en la que no solo les cuenta a turistas la historia del viche, sino que también se encarga de mantener vigentes otras tradiciones de la cultura chocoana. 

 

Pero con la llegada de la pandemia, todo frenó. Dejaron de llegar turistas y Diego perdió parte de sus fuentes de ingreso. La comunidad se vio muy golpeada, una gran parte de la economía de Nuquí depende del turismo y las condiciones de precariedad empezaron a ser más notorias. 

 

Sin embargo, Diego se muestra optimista. Cada vez que produce una botella de alcohol antiséptico sabe que está luchando no solo por la vida de sus vecinos, sino por la de la memoria de sus ancestros. 

 

*La Fundación Activos Culturales Afro - ACUA apoya y visibiliza iniciativas como la que Diego ha emprendido, ya que fortalecen las prácticas tradicionales de las comunidades y son al mismo tiempo, una solución a corto y mediano plazo para hacerle frente a esta emergencia sanitaria en los territorios.

 


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