Emprender desde la tradición

marzo 02 de 2020

Jóvenes como Lina Vargas deciden crear empresa desde lo local para mejorar su calidad de vida y preservar las tradiciones de sus pueblos. Los obstáculos que se pueden presentar al vivir en zonas rurales no son poco, pero las historias de éxito son múltiples.

Emprender desde la tradición

| Lina Vargas pensó su emprendimiento con el concepto: memoria a través de los dulces | Por: Alejandro Rivera


Por: Alejandro Rivera
@alejo_riveram

"Veamos si ya aprendieron… No, aún no está en el punto”. Estas son las palabras que llegan a la mente de Lina Vargas cuando recuerda el momento en el que su abuela los visitaba para asegurarse de que la tradición de hacer dulces de fruta se mantuviera viva. Esto, que parecía ser tan cotidiano, inspiró a Lina para crear ‘Dulces Sonrisas’, un proyecto por el que apostó cuando la situación se complicaba.

 

Luego de sacar uno de los mejores puntajes en las pruebas de Estado Icfes, tuvo la oportunidad de estudiar Ingeniería Ambiental en Quibdó. Cuando llegaban las vacaciones y ella volvía a Bahía Solano, el trabajo no se detenía. Mientras que sus primos bajaban al río, ella trabajaba junto a sus padres para sacar adelante las cosechas y poder pagar nuevamente su tiquete de regreso a la capital del departamento del Chocó.

 

Cuando obtuvo su diploma de grado, alistó sus maletas y viajó a Bogotá en búsqueda de nuevas oportunidades. Fue una experiencia en la que, como ella lo dice, tuvo que ajustar sus faldas. Pasó algunas hojas de vida, pero pedían años de experiencia que ella no tenía. Al ver que las puertas se cerraban, decidió volver a Bahía Solano. La energía que la caracteriza y el humor que le impide quedarse quieta la llevaron a pensar en ‘Dulces Sonrisas’.


‘La ingeniera vende-cocadas’. Así la llamaban algunos conocidos en forma de burla al ver que no iba a tener un trabajo de oficina.


 

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Los dulces están hechos a base de frutas cosechadas en la región. © Jorge Iván Ramírez González

‘La ingeniera vende-cocadas’. Así la llamaban algunos conocidos al escuchar que aquella estudiante, que duró seis años para graduarse como ingeniera ambiental, no iba a tener un trabajo de oficina —la imagen de éxito que concebían aquellos que estaban a su alrededor—. Pero ella, convencida de su historia, decidió trabajar para sacar adelante su emprendimiento.

 

Sus estudios le permitieron agregar teoría a la práctica. “Sí, soy una ingeniera que no consiguió trabajo en su momento. Pero ahorita tengo un emprendimiento estable que le genera ingresos a mi familia y nos da seguridad”, comenta, mientras explica que estos proyectos ayudan a cambiar la visión del territorio y a cerrar las brechas sociales.

 

Pero una empresa no surge de la noche a la mañana. Es un proceso que implica tocar una, dos y hasta tres puertas. Después de hacer un primer logo en Paint, llegó el momento de exponer su emprendimiento. Quería conseguir un lugar para vender los dulces y eso implicaba pedir permiso en la Alcaldía. Después de insistir por más de dos meses, le asignaron un espacio en el Aeropuerto José Celestino Mutis de Bahía Solano.

 

Este puesto le permitió llegar a personas de distintos lugares del país, pero también a organizaciones que le brindaron apoyo. Ese fue el caso de Frontepaz, un proyecto financiado por el Fondo Europeo para la Paz que brinda apoyo a iniciativas que en la costa norte de Chocó contribuyen al desarrollo productivo sostenible. Con el acompañamiento de la Unión Europea, crearon un logo profesional e implementaron envases en vidrio. Su puesto en el aeropuerto se convirtió en la ventana para exponer sus dulces y contar sus historias.

 

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El 53% de las jóvenes rurales migra a las zonas urbanas por razones educativas o laborales. © Alejandro Rivera

Así como Lina, miembros de comunidades indígenas, afro y grupos de mujeres han apostado por el emprendimiento. Jóvenes y adultos desarrollaron la red de productores locales de Bahía Solano, compuesta por empresarios que desde los saberes ancestrales ven la oportunidad de hacer empresa. Aceite de coco, artesanías en madera oquendo, pomadas, viche y fibras naturales son algunos de los productos que trabajan.


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"Nosotros funcionamos de forma diferente desde la ruralidad"


De acuerdo con cifras del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, se estima que 2,6 millones de jóvenes, entre los 14 y 28 años, viven en zonas rurales en Colombia. Algunas barreras dificultan su acceso a oportunidades, tanto para emprender, como para estudiar y acceder a otros servicios.

 

La primera barrera es la distancia, la falta de vías de comunicación y la poca presencia del Estado. “Me piden que sea legal, pero en Bahía Solano no hay Cámara de Comercio. Me toca pagar mínimo 140.000 pesos para adquirir un tiquete a Quibdó, sin contar el costo del hospedaje. Muchas veces nos exigen funcionar como si estuviéramos en una gran ciudad, sin brindarnos herramientas o capacitación”, cuenta Lina, para quien el Estado debe ser consciente de que en la ruralidad se funciona diferente.


El 65,4 por ciento de los habitantes del Chocó presentan necesidades básicas insatisfechas, según el DANE.


 


61% de las mujeres jóvenes en las zonas rurales de América Latina están desempleadas, de acuerdo con cifras de la ONU.


 

La segunda tiene que ver con un trabajo personal: entender que las caídas son oportunidades para aprender. Los más sabios de las comunidades, aquellos que por su edad son los más respetados, suelen decirles a los jóvenes que tienen que salir del campo para mejorar sus vidas. Pero para Lina, ellos se equivocan. “Las sensaciones que hemos tenido en la ruralidad no las han tenido muchos. Somos un pequeño mundo en el campo y desde aquí se puede hacer empresa”.

 

Hoy en día, Lina aspira a que su marca sea más reconocida. Los dulces de borojó, coco, piña, maíz y marañón preservan esta tradición que se hereda de generación en generación, y que logran emocionar a aquellos que al probar el primer bocado recuerdan el lugar de donde vienen: la misma tierra.

 

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Según Planeta Rural, más allá de la falta de oportunidades para jóvenes rurales, el problema radica en la falta de capacitación y acceso a la información. ©Alejandro Rivera.

 

¿A qué programas pueden acceder los jóvenes rurales en Colombia?

MINISTERIO DE AGRICULTURA

¿Qué es?

El programa ‘Campo Emprende’ ofrece capital semilla para la creación de empresa.

¿Cómo contactarlos?

Llamar a la línea gratuita 01-8000-510050 o en la página web www.minagricultura.gov.co

 

SENA

¿Qué es?

Ofrece formación titulada y complementaria. El programa del SENA ‘Emprende Rural’ brinda cursos certificados en emprendimiento y el Centro de Desarrollo Empresarial acompaña a los jóvenes en la formulación de proyectos.

¿Cómo contactarlos?

Visitar la sede del SENA más cercana, acceder a la página web www.sena.edu.co o preguntar en las alcaldías y entes locales.

PLANETA RURAL

¿Qué es?

Ofrece programas como la escuela de empoderamiento, que brinda formación en política pública, emprendimiento rural, producción audiovisual y asociatividad. Además, el programa ‘Agronautas’ capacita en tecnologías agrícolas.

¿Cómo contactarlos?

A través de WhatsApp al número 3146097637. Por esta red comparten boletines informativos.

 

INNPULSA

¿Qué es?

Agencia del Estado que promueve la creación de empresa y la innovación. El programa ‘Núcleo E’ ofrece capacitación, acompañamiento y financiación a emprendimientos desarrollados por población en condición de vulnerabilidad y víctimas del desplazamiento forzado.

¿Cómo contactarlos?

Escribir al correo info@ innpulsacolombia.com o llamar a la línea 01-8000-180098

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.