mayo 12 de 2018

En defensa del territorio Wayúu

Por: Margarita Pacheco

Es hora de llamar la atención del gobierno nacional sobre el territorio ancestral Wayúu, donde conviven la minería y el turismo. La Guajira, con fronteras marinas y pesqueras con República Dominicana, Haití, Jamaica, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y las islas caribeñas de Bajo Alicia, Bajo Nuevo y Serranílla, tiene una posición estratégica en el continente. La Baja, Media y Alta Guajira se distinguen por climas distintos —que pasan del desierto hasta los bosques secos— y por tener las serranías de la Macuira y del Perijá, donde existe una frontera invisible con el pueblo Wayúu de Venezuela. Al sur comparte territorios con koguis, wiwas y arhuacos, padres de la herencia indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta.

La península Wayúu —al igual que el Amazonas y el litoral Pacífico— es un ecosistema único en el mundo. Rico en biodiversidad, en yacimientos y en cultura. Precisamente por ser tan especial, el próximo presidente debería respetar los Acuerdos Comunitarios de Tolerancia y Convivencia, apoyar en materia energética el uso masivo de paneles solares y estimular el turismo para que los expedicionarios alijunas (gente no wayúu) hagan sus visitas respetando los lugares sagrados, ecológicos y culturales del territorio.  

El impulso al turismo en la región Wayúu implica una política que incentive la captación y el manejo del agua lluvia en los pocos meses de ‘invierno’, aumente los jagueyes o reservorios de agua dulce y diseñe una política de residuos sólidos adaptada al clima y a las condiciones bilingües de la comunidad. Allí sí que se aplicaría la prohibición de bolsas plásticas y de envases reciclados para el comercio ilegal de gasolina venezolana. Hoy pululan las bolsas en las ramas de los trupillos, al borde de vías y trochas. 

El respeto al ecosistema que protegen las castas wayúu debe aplicar también para las industrias extractivas, explotación de carbón, de gas y energía eólica que obtienen grandes ganancias por la riqueza del suelo, subsuelo, de la radiación solar de la península, de los vientos del nordeste y del capital social de bajo costo contratado por las empresas. Las rancherías aún no perciben el bienestar esperado producto de las regalías y la retribución de las multinacionales en materia de acceso al agua potable, de una educación bilingüe de calidad, de energías limpias en sus viviendas y, mucho menos, de un sistema de movilidad y de comunicaciones que facilite la conectividad.

Preocupan las construcciones en arquitectura foránea que han seguido después de la llegada de los testigos de Jehová, evangélicos y otras creencias que modifican la cosmología Wayúu y su relación con la espiritualidad del territorio. Es distinta la concentración de comerciantes musulmanes del Medio Oriente que se asentaron en Maicao hace más de cuatro generaciones y que mantienen su práctica religiosa en la Mezquita del municipio. Este lugar funciona para mantener la cohesión cultural de emigrantes del Líbano, Siria, Turquía y Armenia, sin permear ni transformar la cultura Wayúu.

Con la reciente ratificación del Consejo de Estado de poder decidir sobre los usos del suelo y el tipo de desarrollo económico, la competencia constitucional de los municipios faculta a las autoridades locales para restringir la actividad minera y de hidrocarburos en su territorio y adelantar consultas populares, con carácter vinculante. Esta ratificación, que levanta ampollas en ciertos sectores, es una gran oportunidad para que los wayúu fortalezcan su negociación con las empresas transnacionales en beneficio de la región. Uribia, capital indígena de Colombia, podrá ser el lugar para renegociar posibles beneficios sociales y ambientales con las compañías radicadas en su territorio.

Por ejemplo, sorprende que el tren que va de la mina del Cerrejón, en Albania, hasta Puerto Bolívar no tenga un vagón para llevar pasajeros. La riqueza carbonífera extraída del territorio Wayúu debería justificar el eslogan de ‘minería responsable’ de las compañías BHP Billiton, Glencore y Anglo American, que dominan el mercado mundial de carbón. ¿Será un imposible que estas empresas ofrezcan transporte gratuito de pasajeros en el tren como compensación a los años que los wayúu han pasado sin acceder a la línea férrea que atraviesa casi la mitad del territorio?  

Basado en la ratificación del Consejo de Estado, se podrían adelantar acuerdos de convivencia con las empresas. Por ejemplo, en el territorio sagrado de Jepira - Cabo de la Vela y en el parque eólico Jepírachi, (nombre en wayuunaiki, que significa vientos provenientes del nordeste), las distintas castas venden mochilas tejidas a los turistas. Ellas informan que nunca han tenido acceso a la energía eólica para tejer de noche. Mientras tanto, hay 16 molinos de viento de EPM en el paisaje costero que producen energía limpia para la mina del Cerrejón. Generoso sería que EPM concediera un poco de esa energía limpia extraída del territorio Wayúu a las rancherías que viven del turismo en esa región.

El mismo principio aplicaría con la producción de gas natural de Ecopetrol y Chevron. La distribución de gas natural para cocinar evitaría la deforestación del bosque seco y aliviaría el cansancio de mujeres y niñas que cargan leña para sus fogones, al tiempo que arrean cabras y crías, necesarias para la alimentación y la dote tradicional.  

En una región donde prima el paisaje de arena, cactus, dividivis y trupillos, los jóvenes pasan del buro a la bicicleta y a la moto para poder movilizarse. Allí, a falta de transporte público, camiones privados con placa venezolana pasan recogiendo gente, niños, agua, gaseosas y enseres domésticos. En temporada alta, caravanas de turistas de todo el país transitan en medio del desierto. Mujeres y niños, bajo un sol inclemente, imponen pacíficos retenes para aprovechar el movimiento de turistas y vender sus finas artesanías sin intermediación.

El Estado debería capacitar guías locales trilingües (wayuunaiki — español e inglés) y a conductores diestros en el manejo de trochas de estación seca y de época de lluvias para realizar los trayectos por el desierto.

El Acuerdo Comunitario de Hospedajes y Restaurantes de Jepira - Cabo de la Vela prohíbe el 'turismo de olla', que afecta la economía local y deja muchos residuos. Pero de cualquier forma este existe. Los dueños de hospedajes quisieran tener personal más capacitado para controlar la capacidad de carga de los sitios sagrados más visitados en temporada alta y evitar que se asienten extranjeros en el territorio.

Este es un llamado para que el próximo gobierno y las empresas que extraen la riqueza de esta tierra tengan en cuenta la dinámica actual del turismo Wayúu. Son ellos quienes deberían apoyarlo e incentivar a las comunidades a mejorarlo, respetando la autonomía y el carácter cultural que lo hace único en el mundo.

ANAYAWAHS - Gracias en wayuunaiki.

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POR MARGARITA PACHECO | @margamiel

Columnista y consultora en comunicación ambiental 

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