En Icononzo, la cerveza y la moda construyen la paz

julio 23 de 2020

Hoy aún en medio de la pandemia, los proyectos productivos de los excombatientes siguen activos gracias al trabajo comunitario .

En Icononzo, la cerveza y la moda construyen la paz

| El ETCR de La Fila, en Icononzo hace parte de los 24 Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación donde hoy hay 2.800 reincorporados | Por: ©Cedida por Camila Alejandra Martínez


Por: Mateo Medina Abad
@teomedinabad

úLos proyectos productivos de los excombatientes tienen siempre una palabra en común, un concepto que hila todo: cooperación. Esa lucha es asociativa, comunitaria, constituida por el trabajo grupal. La mayoría de estos proyectos, que surgen del acuerdo de paz, son construidos por los reincorporados con sus propios recursos, aún en tierras que no les pertenecen, pero que sienten como propias, que han convertido en sus hogares y donde han formado familias.

 

Hoy 12.773 personas, según cifras de la ARN (Agencia de Reincorporación Nacional), están en proceso de reincorporación tras la firma del acuerdo de paz, y 2.800 han encontrado su casa en los antiguos ETCR (Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación).

 

Vivir en tierras ajenas implica serias dificultades.  La promesa del Gobierno de comprar los terrenos no se ha cumplido, tan solo un predio se ha formalizado, el ETCR de Colinas, en San José del Guaviare. Las otras 23 zonas aún esperan formalizar su situación, según el último informe de la ARN. 

 

Pasar de ser nómadas a establecerse en un lugar genera la necesidad de tener arraigo, sentirse parte del lugar donde están construyendo sus casas, sus proyectos, el lugar donde están formando familias, dice Karen Cortés, parte del equipo de proyectos productivos del Consejo Nacional de Reincorporación (CNR) en el componente Farc. 

 

Del total de 292 proyectos productivos, 180 son autogestionados; es decir, son apalancados con recursos propios del colectivo en proceso de reincorporación. Esto corresponde al 62 por ciento de los proyectos productivos. Hoy solo 57 iniciativas tienen apoyo del gobierno, el 20 por ciento, según cifras del CNR.

 

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© Según cifras del CNR 

 

“Todo lo que hemos hecho ha sido fruto de la cooperativas, con nuestra autogestión y trabajo. Lo producido por estos proyectos ha sido posible gracias a nosotros, a nuestra búsqueda por apoyar la paz, pues entendemos el rol que juegan las economías colaborativas en nuestros proceso”, dice Giancarlo, uno de los líderes del ECTR de Icononzo.

 

Los proyectos independientes dan clara muestra de la voluntad de paz de los excombatientes, como se ha visto en Icononzo (Tolima). Allí, en la vereda La Fila, los reincorporados han encontrado en la cerveza y en la moda, una forma de sentirse parte del municipio, del país y de impulsar a su comunidad.

 

La cerveza La Roja, una de las iniciativas de más renombre, fue la gran apuesta de Carlos Grajales y sus compañeros, que crearon un proyecto productivo distinto que les ha permitido vivir de la comercialización de esta bebida.

 

Fermentada en un principio en contenedores de plástico, la cerveza encontró su camino gracias a la ayuda de un profesor que le enseñó a Grajales y a los demás excombatientes todo el proceso de producción. Cada uno tuvo que poner 40.000 pesos de su sostenimiento mensual para elaborar la primera producción. A partir de ahí, con dedicación y berraquera, encontraron el sabor, la etiqueta y el nombre que querían.

 

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En Incononzo se ven historias de paz en los muros de las casas

© Cedida por Camila Alejandra Martínez

 

Icononzo ha estado hilando el conflicto. En esta región, Juan de la Cruz Varela organizó las primeras autodefensas campesinas, con apoyo del partido Partido Agrario Nacional y el Partido Comunista en 1940. El departamento es histórico, a tan solo 243 km del municipio se erige Marquetalia, vereda donde nació la guerrilla de las Farc en 1964. Esa relación con el Tolima y con esa historia se ve en la cerveza. La Roja representa para Carlos Grajales años de lucha, su nombre apela a lo que ha vivido, pero habla de una idea distinta. 

 

“Somos trabajadores, emprendedores, eso rompe cualquier imaginario. La Roja es la prueba de que nosotros tenemos una voluntad de paz, que queremos sacar las cosas adelante, nos la estamos jugando por el país, sin ayuda, trabajando mano a mano entre nosotros”, cuenta Grajales. El proyecto, conformado por la cooperativa Asoroja, fue pensado a partir de una búsqueda comunitaria. No hay ganancias hay excedentes que son reinvertidos directamente en la producción de más cerveza, en los sueldos de cada integrante de la cooperativa.

 

Así están construidos casi la totalidad de los proyectos productivos de los reincorporados, buscan que cualquier remuneración que se genere a partir de las ventas se refleje en el territorio, en sus comunidades. A través de cada proyecto, se busca impulsar otras iniciativas, pues La Roja es un apoyo más de las otras cooperativas en Icononzo y de la población excombatiente. 

 

Pero mantenerse a pesar de los problemas de los ETCR ha sido quizá el reto más grande. Como las tierras no les pertenecen, conseguir alguien que invierta en un terreno arrendado ha frenado en muchos momentos su acceso a préstamos. Así mismo, el uso del suelo en la zona solo está autorizado para actividades pastoriles, lo que imposibilita la creación de una fábrica más grande en La Fila.

 

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Unos trabajadores de La Roja revisan los fermentadores

©Cedida por Asoroja

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“Nosotros necesitamos el permiso Invima para poder estar en ciertos negocios, en cadenas de grandes superficies, por eso, lamentablemente nos tocó venir a abrir la nueva fábrica a Bogotá, sin querer. Pero nosotros somos de Icononzo, queremos trabajar por La Fila, tenemos un arraigo a la tierra, no nos concebimos fuera de los territorios, dice Grajales.

 

Esa misma intención, esa unión al territorio la tiene Gonzalo Beltrán, que en 2017 llegó a Icononzo y encontró en la confección y en la moda su forma de reincorporarse y, más que eso, su vocación. “La ropa es una forma de expresarse y de hacer política, no sólo al vestirse sino por los mensajes que se pueden dar, la historias que cuenta sobre nosotros”, afirma. Así nació la cooperativa Tejiendo Paz (TejPaz). 

 

Sin saber nada de confección encontró una nueva forma de entenderse a sí mismo y sus propias historias. Con cada prenda que confecciona, Gonzalo crea nuevas posibilidades para las personas en la cooperativa y en Icononzo. Esa búsqueda no habría sido posible sin Ángela Herrera, politóloga de la Universidad Nacional, quien llegó a TejPaz por casualidad. Luego de dictar una clase sobre marketing digital, en el ETCR de Mesetas (Meta), conoció el taller en Icononzo. Allí nació la unión de su marca, Manifiesta: hecho en Colombia, con TejPaz.

 

Desde 2018 han trabajado mano a mano haciendo ropa con tejidos de paz. La inversión inicial fue de 320.000 pesos, que aportaron por igual TejPaz y Manifiesta, con los que hicieron sus primeros kimonos. Curiosamente, ni los reincorporados, ni Ángela y su equipo sabían de diseño, pero con mucho esfuerzo se propusieron encontrar la forma, y así han construido una marca que más que ser pensada como una empresa, es una asociación.

 

“El verdadero valor del proyecto es generarle ingresos a la población en reincorporación, pero sobre todo apoyar al fortalecimiento de la cooperativa. Lo más importante son las personas que hacen la ropa, las historias que cargan”, dice Ángela. Esa búsqueda se mantiene en cada prenda, cuyas etiquetas hablan de los esfuerzos detrás del proyecto.

 

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“Esta prenda fue hecha por excombatientes en Icononzo, Tolima y es un acto de paz”, dice la etiqueta de las prendas de Manifiesta: hecho en Colombia

©Cedida por Manifiesta

 

Esfuerzos que después de dos años de trabajo serán financiados por el gobierno. “Nuestras ganas de trabajar y de mostrarle al país que no vinimos a quedarnos sentados de brazo, sino que tenemos iniciativas de trabajo que buscan vincular a las población aledaña al ETCR, hizo que el gobierno nos prestara atención y que podamos obtener más incentivos para seguir trabajando”, dice Beltrán.

 

Esos incentivos no solo serán clave para el desarrollo del taller, son fundamentales para las familias que han nacido después del acuerdo. Gonzalo trabaja constantemente por el futuro de los suyos y de las familias que se han formado en el taller. Entraron a Icononzo en armas y sin hijos. Hoy la mayoría tiene bebés pequeños, fruto de su llegada a la zona, de la confección.

 

“Ellos están convencidos de que quieren ofrecerles un futuro distinto, una vida digna. Conocer sus historias de vida, entender que habían sido víctimas de abandono estatal, miseria, pobreza, eso transforma vidas. Estos proyectos autogestionados son una manera de mantener esa voluntad de paz”, dice Ángela.

 

A pesar de la pandemia por la covid-19, la voluntad sigue firme. Pero el panorama no es sencillo. “Se estima que tendrán pérdidas hasta del 59% frente a lo que esperaban, a causa de la cuarentena”, menciona Karen Cortés del CNR. La crisis ha afectado a casi todos los proyectos productivos de los excombatientes.

Para el CNR el año había empezado bien, venían aprobando dos proyectos mensuales en promedio, que ya iban a implementación, y trabajaban de la mano con los que todavía estaban en etapa de planeación. La pandemia frenó todo. Los obligó a adaptarse y a pensar estrategias diferenciales, reconociendo que el 93% de los proyectos de formulación ya tienen afectaciones en los cronogramas iniciales.

 

A pesar de esto desde el CNR han desarrollado una estrategia para que a través de canales virtuales se pueda seguir acompañando los procesos. Así mismo están trabajando de la mano con la Mesa Nacional de Comercialización para encontrar la forma en la que los proyectos puedan vender sus productos. Entre estas se cuenta trabajar más dentro de las comunidades donde están ubicados los ETCR y las Nuevas Áreas de Reincorporación (NAR).

 

En ese sentido, en el CNR identifican que se deben generar cadenas más cortas de comercialización para que se pueda vender los productos en zonas aledañas a los ETCR y las NAR, y que a través de estas iniciativas se pueda incentivar aún más la cooperación entre las comunidades y los excombatientes, lo que impulsará los procesos de reintegración.

 

“Hemos entendido que la reincorporación y la reintegración son temas comunitarios, la necesidad de que exista una reincorporación a todas las dinámicas sociales, participativas e institucionales de varias comunidades que han sido en muchos casos apartadas y olvidadas”, dice Cortés.

 

A pesar de estas iniciativas y del acompañamiento institucional, en el CNR reconocen que los proyectos autogestionados tienen una clara desventaja frente a aquellos que hoy reciben apoyo estatal y de las cooperativas internacionales. Esa adaptabilidad no ha sido ajena a La Roja y Tejiendo Paz .

 

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Los trabajadores de la zona confeccionan kimonos, capas, blusas, vestidos y ahora tapa bocas

©Cedida por Manifiesta

 

“Fue muy duro, nosotros vendíamos 25 cajas semanales de 24 botellas. Pero con la pandemia estuvimos casi 30 días sin vender una cerveza. Después con un tiempo la gente empezó a notar que estábamos muy mal y la solidaridad ha sido abrumadora”, reconoce Carlos Grajales. Hoy La Roja sobrevive con esas ventas, pero es gracias a ese apoyo que en medio de un panorama bastante gris, persisten en su lucha, le pagan a sus asociados, sus deudas y trabajan por su fábrica. 

 

Así mismo Tejiendo Paz encontró una salida en los tapabocas que empezaron a fabricar en el momento que identificaron la escasez de estos productos. Con internet como aliado aprendieron a cocerlos y a diseñarlos. Donaron alrededor de 20.000 tapabocas a comunidades vulnerables de todo el país. A partir de ese gesto humanitario lograron conseguir una asesoría que les permitió adquirir el registro Invima, ahora están avalados y venden los tapabocas, además de las prendas que normalmente fabrican. 

 

“Somos una familia que camina en las buenas y en las malas. Luchamos a través de nuestras ideas, de nuestra ideología. Así hemos ganado los espacios, con todas las dificultades, las peleas, ahí estamos y no nos vamos a ir, seguimos firmes, trabajando por la gente, dice Giancarlo, frente a cómo ha trabajado la comunidad.

 

Estas experiencias autogestionadas demuestran que el alcance de la paz no se reduce a las instituciones y a su apoyo, en muchas ocasiones insuficiente. Hoy en medio de la pandemia, los reincorporados demuestran que la solidaridad, el trabajo colectivo y su vocación por crear comunidad, les han permitido a sus proyectos productivos sobrevivir.

 

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La cerveza La Roja rodeada del paisaje de Incononzo

©Cedida por Asoroja/ Mauricio Casilimas


 

 

Si le interesa apoyar a alguna de estas iniciativas puede hacerlo a través de sus redes sociales.

La Roja: Twitter, Instagram y Facebook o al celular 3134189386

ManifiestaTwitter, Instagram y Facebook  o al celular  3133552691

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