febrero 24 de 2019

Parásitos y lombrices: problemas olvidados en la Colombia rural

Por: Daniel Peñaranda

Se estima que alrededor de 1.000 millones de personas en el Mundo padecen infecciones por helmintos (parásitos gastrointestinales), siendo los niños de comunidades pobres y rurales los que más sufren. La encuesta nacional de desparasitación del 2014, liderada por la Universidad de Antioquia, encontró que las zonas con mayor prevalencia de estas enfermedades en niños de 7 a 10 años fueron la Amazonia (81,6 por ciento), la Sierra Nevada de Santa Marta (74,05 por ciento) y el Cinturón Árido Pericaribeño (56,85 por ciento).

Fuera de Colombia consideran a estas patologías como raras o exóticas. Tanto así que aparecieron en un capítulo de la serie de televisión Dr. House. Pero en algunos sitios del Caribe colombiano son tan comunes y ubicuas en la vida diaria que hasta se habla de la ‘lombriz del año’. Como si fuera natural expulsar lombrices durante la niñez. En Cien años de soledad, Úrsula decide purgar a Aureliano y José Arcadio Buendía con un menjurje de paico machado. Y los dos niños efectivamente expulsan parásitos rosados.

Las helmintiasis se consideran enfermedades olvidadas. De hecho, son nombradas como las grandes patologías olvidadas del trópico, principalmente porque son más comunes en zonas del Caribe y la Amazonia económicamente desfavorecidas. Con frecuencia causan desnutrición crónica, anemia y complicaciones en el cuerpo que pueden ser mortales. Pero en realidad no son enfermedades olvidadas, porque todos conocemos su existencia. Son, más bien, infecciones en pueblos olvidados.

A los parásitos gastrointestinales se le consideran enfermedades olvidadas porque son comunes en comunidades desfavorecidas del Caribe y la Amazonia. Pero en realidad son infecciones en pueblos olvidados. 

Estas enfermedades son causadas, principalmente, por las lombrices Ascaris lumbricoides y Trichuris trichuria, que emplean sus huevos como manera de transmisión. Los parásitos se instalan en los intestinos de los infectados y producen millares de huevos al día que son liberados con las heces. De ese modo se pueden infectar a otros individuos que tengan contacto con elementos contaminados. Otra manera de infección son las larvas que habitan en la tierra: pueden penetrar la piel de los niños y llegar hasta los intestinos.

Así, por su modo de transmisión, la buena higiene y el acceso a servicios básicos de alcantarillado y agua potable son esenciales para su control y erradicación, como ya ha sucedido en las sociedades económica y socialmente desarrolladas.

Pero más allá de síntomas en el cuerpo, estas enfermedades también afectan el desempeño escolar de los niños. Por ejemplo, en un colegio recién catalogado como el peor colegio de Colombia, ubicado en una comunidad pobre de la isla de Barú y sin acceso a agua potable, es posible que uno de los factores que influya en el pobre desempeño escolar sea la infección por parásitos.

Por esta razón es importante conocer la frecuencia y severidad de la infección por helmintos en el país. Y atacar este problema a través de programas de desarrollo social y de infraestructura sanitaria, además de la desparasitación comunitarios. En los últimos años, el grupo de Investigaciones Inmunológicas de la Universidad de Cartagena, liderado por Luis Caraballo, ha investigado el impacto de estas enfermedades en zonas rurales, específicamente en el municipio de Santa Catalina, localizado a 44 kilómetros de Cartagena. Este municipio, con alrededor de 12.500 habitantes y sin servicio alcantarillado y acueducto, es el escenario es ideales para las parasitosis intestinales.

La investigación determinó que la prevalencia de algún tipo de helminto fue de 71 por ciento. Es decir, cerca de 2 de cada 3 residentes de ese municipio padecen de infección activa por parásitos gastrointestinales. Lo más dramático es que en 2004 se determinó una prevalencia de parasitosis del 92 por ciento en el corregimiento de Lomarena, en Santa Catalina. Han pasado más de 10 años y la situación de salubridad es la misma.

Asimismo, el grupo de Caraballo se ha enfocado en el efecto de estos parásitos en las enfermedades alérgicas, unas de las epidemias del siglo XXI. Determinaron que las parasitosis pueden aumentar significativamente las crisis de asma y su severidad. Dentro de los 82 pacientes asmáticos encuestados para esta investigación, se encontró una morbilidad preocupante: el 64 por ciento reportó haber acudido a un servicio de urgencias y el 21 por ciento fue hospitalizado en los últimos 12 meses debido a crisis asmáticas.

¿Qué estrategias se deben implementar para disminuir las cargas parasitarias? En primer lugar, es fundamental el mejoramiento de las condiciones de sanidad de los municipios. Esto se hace con la implementación de acueductos y alcantarillados, acompañados de mejores escuelas que garanticen el conocimiento de las normas generales de higiene y manejo de excretas. Aunque el uso de antiparasitarios es necesario, desafortunadamente se ha tomado como la única solución.

El médico y antropólogo Paul Farmer, con su ONG Partners in Health, ha sido uno de los líderes que aboga por la salud como un derecho humano fundamental, sin importar el contexto o costo-efectividad de las intervenciones. Sus programas en países con grandes deficiencias en acceso a servicios de sanidad como Haití y Rwanda, con enfermedades como VIH o tuberculosis, comprueban ser una de las maneras más efectivas en remover las barreras estructurales para el acceso a la salud. El modelo es simple: el tratamiento gratuito con acompañamiento constante y educación por trabajadores comunitarios.

En estos momentos de consolidación del posconflicto, el gobierno colombiano debe enfocarse en disminuir todo tipo de violencias estructurales, incluyendo aquellas barreras sociales y económicas. Los niños con cargas altas y crónicas de parásitos siguen siendo resultado de la negligencia y abandono estatal, como parte de una de las múltiples caras de la violencia de nuestro país.
 


Daniel Peñaranda es investigador y miembro del Instituto de Investigaciones Inmunológicas de la Universidad de Cartagena.


Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.
 

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