febrero 23 de 2018

Entre la muerte y la resistencia

Por: Leonard Rentería

Buenaventura, el principal puerto sobre el Pacífico, tiene, detrás de su reconocida historia portuaria, tristeza, desolación y muerte. Esa ola de muerte que se desata de la nada en lugares determinados llegó, por ejemplo, al Barrio Cristo Rey –primer barrio de Buenaventura en donde luego se ubicó la Sociedad Portuaria del Pacífico–.

Con el paso de los años, la violencia fue aumentando y cerca del año 2000 tocó con fuerza el barrio La Inmaculada. Todos sabemos que ahí existió un cementerio clandestino. Además, se conoce que las técnicas de muerte eran de gran crueldad y que quienes entraban muchas veces no volvían a salir. Pero como cosa rara, una vez más, después de una ola de violencia, llegó al sector una nueva empresa: el Terminal de Contenedores de Buenaventura.

No nos atrevemos a asegurar que las empresas hayan pagado para asesinar, pero lo que sí está claro es que las muertes ocurrieron en los barrios justo antes de que llegaran estas corporaciones para desarrollar sus actividades, como un acto casual.

Pero no sólo estos barrios se han vestido de muerte o más bien, han sido vestidos de muerte. El fenómeno también se extiende a terrenos donde se pretende desarrollar algún tipo de proyecto. Este es el caso del corredor entre el barrio San Antonio, en el centro, y El Lleras. La gente, según las proyecciones del Estado, deberá salir de este sitio para dar paso al malecón. Ya se dio inicio a la primera fase de este proyecto en el centro que deberá continuar hasta llegar a las alturas del Puente del Piñal. Además, toda la zona céntrica está incluida en el proceso para “desarrollo de infraestructura”, dentro del proyecto de nuevas ciudades que reconfigurará el territorio.

Hablar de la tierra es para nosotros –y especialmente para nuestras mujeres– hablar de la vida, porque el territorio es la vida y la vida no es posible sin el territorio. Por ese territorio nos han matado y seguramente lo seguirán haciendo, pues estamos parados encima de un pedazo de tierra por la que se interesan un pequeño número de personas. Algunas de ellas dicen pensar en nuestro desarrollo, pero en ese ejercicio no quieren asumir lo justo y lo legal, que sería llevar a cabo una consulta previa. Por lo contrario, sacan a como dé lugar a los verdaderos dueños de la tierra.

Por esa tierra asesinaron a don Temístocles
, porque don Temis, como le decíamos de cariño, era dueño de un territorio codiciado por muchos. Por allí pasa la vía alterna- interna, por donde transitan las tractomulas que entran y salen de la Sociedad Portuaria y del Terminal de Contenedores. Por ese espacio territorial es por donde se mueve la riqueza. En ese sector inundado de patios de contenedores y parqueaderos, que están en manos de personas adineradas, estaba el terreno de don Temis. Tierra heredada, tierra por la cual había recibido amenazas. Pero él se había negado a venderlo y de esa forma le había quitado la posibilidad a quienes tienen poder y control de tener un espacio más de tierra donde fácilmente podría funcionar un patio de contenedores, de esos que al mes pueden representar un aproximado de 500 millones de ganancias.

Quizás en algún momento capturen a quien le quitó la vida a don Temis, aunque seguramente es un negro pagado para matar a su propio hermano. Quizás a quien nunca veremos pagar por lo que hizo será a quien dio la orden para sacar del medio a don Temis para acceder más fácilmente su tierra. A los que intimidan a sus familiares para lograr que vendan la vida y la resistencia entregada en esa tierra por sus ancestros.

Ojalá esta historia no se siga repitiendo. Sabemos que en este corredor de la vía alterna-interna hay muchas otras personas amenazadas por no ceder sus tierras. Muchos más están en peligro sólo por negarse a vender lo que es de ellos. Ojalá el Estado logre actuar; ojalá lo vivido deje su enseñanza; ojalá el hecho de que los poderosos sigan teniendo riqueza no sea la razón de la muerte de los propietarios de la tierra; ojalá la familia de don Temis no sea intimidada, amenazada ni asesinada por defender aquello que hace parte de un legado ancestral.

Mientras avanzan las investigaciones seguiremos viendo cómo crecen los patios de contenedores en esta zona. Patios que, como ya dije antes, son de personas que no son del territorio y que no quieren que los negros sean dueños de esa tierra. Ante la mirada del que se siente poderoso, el negro seguirá siendo visto como un simple esclavo, que debe trabajar para ayudar a acrecentar la riqueza de su amo.

 

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POR LEONARD RENTERÍA

Líder social y defensor de los derechos humanos. Este estudiante de sicología, fundó una organización sin ánimo de lucro llamada Rostros Urbanos, con la que ha ayudado a cientos de jóvenes a ver el arte como un agente de transformación social. Durante el paro cívico de Buenaventura fue uno de los líderes jóvenes más activos y en las elecciones de Congreso, aspiró a una curul por la comunidad afro.


Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL. 

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